..................................................................
Pau sabía lo que quería, aunque podría no ser lo mejor para ella. El corazón no siempre elegía sabiamente, pensó. Aun así, entró en la casa para buscar a Pedro, sabiendo que había tomado la decisión más acertada.
Sus hermanos se habían ido y lo encontró solo en la habitación en la que lo había dejado, mirando por la ventana. Tenía la camisa arrugada y sombras alrededor de los ojos… no parecía haber dormido mucho en los últimos días.
-Pau: Pedro.
Él se dio la vuelta, sorprendido.
-Pedro: ¿Estás bien, Pau? Siento si mis hermanos te han disgustado…
-Pau: Me casaré contigo —lo interrumpió ella.
-Pedro: ¿Qué?
-Pau: Quiero una ceremonia pequeña, tan sencilla como sea posible.
-Pedro: Lo que tú digas —sonrió.
-Pau: Y quiero…
-Pedro: ¿Qué es lo que quieres? No hay nada que yo no hiciera por ti. Sólo tenes que pedírmelo.
-Pau: No quiero quedarme aquí, quiero que volvamos a la isla.
Pedro asintió, apretando su mano.
-Pedro: Nos iremos en cuanto estemos casados.
-Pau: ¿Lo dices en serio? ¿No te importa?
-Pedro: Tu felicidad es lo único importante para mí. Y me pides algo tan sencillo… la isla será nuestra casa a partir de ahora si eso es lo que quieres.
-Pau: Sí, eso es lo que quiero.
-Pedro: Entonces, empezaré a organizarlo todo ahora mismo.
Pedro no perdió el tiempo organizando la boda. Él mismo hizo los cambios pertinentes en su agenda y encargó todo lo que Pau pudiera necesitar en la isla.
Ahora que había recuperado la memoria, estuvo varias horas en la comisaría dando todos los detalles que recordaba. Los secuestradores no le habían hecho daño y habían mostrado cierta consideración hacia su embarazo. Llevaban varios días vigilándola, sabiendo que vivía con Pedro Alfonso, y habían aprovechado la primera oportunidad que se les presentó. Habían pedido una cantidad discreta como rescate, pero al no recibir respuesta a sus demandas decidieron abandonarla y llamar de manera anónima a la policía para indicarles su paradero.
Creer que Pedrono iba a hacer nada por ella fue lo que la empujó al abismo. Fue entonces cuando bloqueó su pasado, tan desolada estaba por esa traición. Pau lo pasó mal mientras estaba recordándolo y Pedro sufrió la agonía de verse enfrentado con todo lo que había sufrido por su culpa.
El detective encargado del caso les dijo que se pondría en contacto con ellos si, con un poco de suerte, detenían a los culpables y Pau se veía obligada a testificar.
Dos días después se casaron. Nan y Fede fueron los testigos y, después de la boda, Nan le ofreció una discreta bienvenida a la familia mientras la de Fede fue más abierta, más entusiasta.
-Fede: Me has hecho muy feliz, cuñada —murmuró, abrazándola.
Pau sonrió, pero sabía que no estaba engañándolo con esa sonrisa. Aún había mucho dolor en su corazón. Mientras Pedro quería esperar un par de días para volver a la isla, Pau insistía en irse de inmediato. Quería volver al sitio donde había sido feliz… aunque sólo fuera durante unas semanas. Nueva York tenía para ella tantos malos recuerdos…
Era tarde cuando, por fin, el helicóptero aterrizó en la isla, pero para Pau fue un alivio estar de nuevo en casa.
Una vez en la cama, Pedro la abrazó como si tuviera miedo de tocarla y Pau alargó una mano para encender la lamparita de la mesilla.
-Pedro: ¿Qué ocurre? ¿No te encuentras bien?
Pau vio las líneas de preocupación alrededor de su boca, el brillo de incertidumbre en sus ojos… y en ese momento lo entendió: tenía miedo.
-Pau: Quiero hacer el amor —le dijo.
-Pedro: Tenes que estar segura del todo, mi amor. No quiero presionarte para que hagas algo que no quieres hacer.
-Pau: Estoy segura.
Dejando escapar un suspiro, Pedro se colocó encima. Cada beso, cada roce, era exquisitamente tierno. La acariciaba con infinito cuidado.
-Pedro: Te amo —murmuraba, con una voz tan ronca, tan cargada de emoción, que los ojos de Pau se llenaron de lágrimas.
-Pau: Te necesito, Pedro…
Sollozos de placer y de deseo escapaban de su garganta y, por una vez, el dolor se convirtió en un lejano recuerdo. Sólo tenía aquel momento y a aquel hombre que la amaba. Subió por una empinada pendiente y luego cayó en picado, pero Peter estaba allí para sujetarla mientras murmuraba palabras de amor sobre su boca.
-Pau: No me sueltes —musitó.
-Pedro: Nunca —le prometió él, acariciando su pelo, su espalda y su abultado abdomen mientras se quedaba dormida.
--
Pau saltó de la cama y se puso la bata para cubrir su desnudez. Pedro estaba dormido, con un brazo donde un segundo antes había estado ella.
Habían hecho el amor durante toda la noche y, por fin, se quedaron dormidos al amanecer. Ya no había más dudas en su corazón y pronto, muy pronto, sus miedos también habrían desaparecido, estaba segura.
Bajó a la cocina para tomar un zumo de naranja y luego salió al jardín para mirar el mar. Fue allí donde la encontró Pedro, tomándola por la cintura mientras le daba un beso en el cuello.
-Pedro: Te has levantado muy temprano.
-Pau: Estaba pensando —murmuró.
Él la miró también, cabizbajo.
-Pedro: ¿Existe alguna posibilidad de que vuelvas a amarme, Pau? ¿O he destrozado esa posibilidad para siempre?
-Pau: Ya te amo, Pedro. Siempre te he amado. Desde el primer día no ha habido ningún otro hombre para mí. Y no lo habrá nunca.
-Pedro: ¿Me amas?
-Pau: No podía decírtelo en Nueva York. Quería que volviéramos aquí, donde hemos sido felices. Quería que nuestra vida empezase aquí otra vez.
Pedro la apretó contra su pecho. Su voz temblaba de emoción mientras murmuraba palabras en italiano y en su idioma, diciendo cuánto la amaba y cuánto lamentaba el dolor que le había causado. Después la tomó en brazos para llevarla de vuelta a la cama y volvió a hacerle el amor, ahora con más ternura que nunca. Después, con la cabeza de Pau apoyada sobre su pecho, acarició su pelo suavemente.
-Pedro: Te amo tanto. No merezco tu amor, pero te lo agradezco con todo mi corazón. Durante el resto de mi vida te daré las gracias por ello.
-Pau: Yo también te amo. Y seremos muy felices juntos, yo te haré feliz.
Y así fue.
--
Paz: Papi papi- gritando por toda la casa hasta llegar con su padre-
Pedro: que paso princesa?
Paz: mi hermanita, mi hermanita, mami dice que ya quiere nacer
Una vez más con las manos entrelazadas recibiendo a otra hija mas después de 4 años de que todo haya pasado, Pedro besaba la frente de su esposa dándole fuerza y demostrándole cuanto la amaba
Pedro: siempre a tu lado.
Y llego a su fin espero que haya cumplido con sus expectativas y desde ya muchisimas gracias a todas las que siguieron la nove y principalmente a las que se tomaban el tiempo en comentar. MUCHAS GRACIAS les aviso que desde el fin de semana empiezo "Aprendiendo a Amar" no se si voy a poder subir dos noves al mismo tiempo porque llego a casa muy tarde pero si dispongo de tiempo voy a subir tambien "Lazos de amor" porque las dos me la pidieron mucho, por ahi subo un capitulo de las dos pero dia de por medio cada una. Comenten que les parecio el final por favor y nuevamente GRACIAS
martes, 30 de julio de 2013
lunes, 29 de julio de 2013
Capitulo 27- Siempre a tu lado
..................................................................
Pau estaba en su habitación, mirando por la ventana pero sin ver el jardín. Nada de lo que Pedro hiciera debería sorprenderla o dolerle ya y, sin embargo…
-Pedro: Pau.
Cuando se volvió, él estaba en la puerta. Parecía cansado, sus ojos llenos de angustia. Y había algo más en su expresión… ¿tristeza, miedo?
-Pedro: Tenemos que hablar.
Pau asintió con la cabeza, pero se dio la vuelta para seguir mirando el jardín. Sí, tenían que hablar y terminar con aquello de una vez por todas.
-Pedro: No me apartes la mirada, mi amor. No quiero verte tan triste.
-Pau: Dime lo que tengas que decir y acaba con ello de una vez.
-Pedro: Ven, sientate —dijo él, tomándola suavemente por la muñeca.
Pau lo apartó, pero se sentaron uno al lado del otro sobre la cama, sin tocarse.
-Pau: Me mentiste. Todo lo que me dijiste en el hospital, en la isla… todo era mentira. Yo no te importo nada. Cuando nos acostábamos juntos me mentías… ¿qué clase de persona haría una cosa así? —temblando, Pau se tapó la cara con las manos.
-Pedro: Te equivocas —empezó a explicar él— Me importas mucho y cuando hacíamos el amor no estaba mintiéndote. Sí, te mentí sobre los detalles. Me advirtieron que no debía contarte nada, que recuperarías la memoria poco a poco. Te mentí sobre pequeñas cosas…
-Pau: Como que estábamos prometidos, por ejemplo.
-Pedro: Tuve que hacerlo o no me habrían dejado cuidar de ti —suspiró él— Me he portado muy mal contigo, pero hay cosas que debes saber.
Yo nunca recibí las demandas de rescate… yo habría movido cielo y tierra para rescatarte, Pau. Ninguna cantidad hubiera sido demasiado alta.
Yo no sabía siquiera que te hubieran secuestrado.
-Pau: ¿Cómo que no?
-Pedro: Julieta destruyó las notas en las que pedían el rescate. Fue ella quien robó los planos… quien estaba vendiéndonos a la competencia.
-Pau: Julieta…
-Pedro: Quería librarse de ti y por eso decidió esconder lo del secuestro. Yo no supe nada hasta el día que te encontró la policía, te lo juro. Y fui un imbécil por acusarte esa noche… ni siquiera te escuché. Ahora no sé cómo pude creer que tú habías robado los planos. No lo entiendo… me porté como un canalla. Pero aquella noche, cuando me preguntaste por nuestra relación… la verdad es que me asusté. Pensé que no eras feliz conmigo, que querías más de lo que yo podía darte —Pedro apretó su mano— Por eso te dije que eras mi amante, pero no era verdad. No sos eso, no lo has sido nunca.
-Pau: ¿Qué estás diciendo?
-Pedro: Que te amo.
Pau ni siquiera podía responder, tan perpleja estaba.
-Pedro: Aunque entonces no lo sabía, sí sabía que no quería que te fueras de mi lado. Pero cuando vi esos papeles en tu bolso me puse furioso. No podía creer que tú nos hubieras estado robando.
-Pau: Pero lo creíste —le recordó ella.
-Pedro: Mis hermanos y yo hemos trabajado mucho para conseguir lo que tenemos… y pensé que me habías utilizado, por eso te dije que te fueras.
Pau cerró los ojos para no recordar el miedo y la desesperación que había sentido durante esos meses. Aunque había recuperado la memoria, esa parte, afortunadamente, era un borrón. Y, con un poco de suerte, no la recordaría nunca.
-Pau: ¿Me amas?
Pedro la tomó entre sus brazos, con la misma delicadeza que si fuera un objeto de cristal.
-Pedro: No he sabido demostrártelo, pero te amo. Y quiero que te cases conmigo, Pau. Si tu quieres.
Ella sacudió la cabeza, desconcertada.
-Pau: ¿Sigues queriendo casarte conmigo?
-Pedro: No espero que me contestes ahora mismo, pero dame una oportunidad. No lo lamentarás, te lo prometo. Haré que vuelvas a quererme.
Había perdido la cabeza, pensó Pau. Pedro estaba abrazándola, diciendo que la quería, que quería casarse con ella…
De verdad esta vez, sin mentiras.
-Pedro: Pensalo, mi amor. Esperaré el tiempo que haga falta hasta que me des una respuesta.
Después se levantó, como si intuyera su deseo de estar sola, y Pau se quedó inmóvil, mirando la puerta por la que había desaparecido. ¿La quería?
¿Julieta era la persona que robó los planos? ¿Julieta quien ocultó que la habían secuestrado?
Pedro había dicho que la quería y que deseaba casarse con ella, pero no podía perdonarlo y olvidarlo todo sin más. Ni siquiera había podido devolverle esa declaración de amor.
Suspirando, se tumbó en la cama. Estaba tan cansada física y emocionalmente. Pasándose una mano por el abultado abdomen, sonrió cuando su hija le dio una patadita.
-Pau: ¿Qué debo hacer? —susurró. Tenía tanto miedo de volver a confiar en el amor de Pedro. Cerró los ojos un momento. No podía tomar una decisión así en unos minutos porque había demasiado en juego, sobre todo, el futuro de su hija.
--
Durante los días siguientes, Pedro la atendió a todas horas. La mimaba, estaba pendiente de ella y a menudo le decía que la quería… aunque intentaba mantener cierta distancia entre ellos. Dos días después, sus hermanos fueron a visitarlo y Pau se dirigió a su habitación porque no se sentía cómoda con los Alfonso después de todo lo que había pasado. Pero era con ella con quien querían hablar.
-Nan: Nos hemos portado de manera vergonzosa contigo —fue el primero en disculparse.
Fede asintió.
-Fede: Entenderíamos que no nos perdonases porque no hay defensa posible para nuestro comportamiento, especialmente estando embarazada de nuestra sobrina.
Parecían sinceros, pero ella no sabía qué decir. Y cuando miró a Pedro, le pareció que había perdido peso, su rostro más delgado que antes.
Parecía tan infeliz…
No porque se sintiera culpable, aunque había mucho de eso flotando en el ambiente, sino como si hubiera perdido lo que más quería.
¿A ella?
Después de murmurar una disculpa, Pau salió de la habitación, casi corriendo en su prisa por estar sola.
Abrió la puerta del jardín y respiró profundamente el aire fresco de la noche. No podía dejar de darle vueltas a todo lo que le había pasado durante aquellos días…
Pedro parecía tan dolido como ella. Si la odiase de verdad, ¿por qué habría montado esa farsa cuando perdió la memoria? ¿Sólo por su hija?
Sí, era posible, desde luego. ¿Pero entonces por qué no hizo lo que Nan había sugerido, instalarla en un apartamento e intentar llegar a un acuerdo económico con ella? ¿Por qué la había llevado a la isla, por qué le había hecho el amor, por qué había actuado como si le importase?
¿La amaría de verdad? Tal declaración no podía haber sido fácil para él ya que Pedro no era un hombre dado a compartir sus sentimientos.
Durante el tiempo que estuvieran juntos nunca le había dicho lo que sentía por ella… aunque Pau le había mostrado cientos de veces cuánto le importaba.
¿Podía confiar en él otra vez? Esa idea la asustaba y, al mismo tiempo, le ofrecía cierta medida de paz. La elección era suya.
--
Solo queda uno, mañana el final @patty_lovepyp voy a extrañar mucho esta novela y leer todos sus comentarios, pero espero que me sigan acompañando en la siguiente, la verdad es que no se cual subir me gustan todas y como son ustedes son quienes me van a leer, lo dejo en sus manos para que decidan comenten con el numero de la nove que mas les gusta :)
1 -Lazos de Amor
Había llegado el momento de luchar por lo que era legítimamente suyo…
Paula Chaves era la mujer a la que Pedro Alfonso siempre había amado, pero no había podido tener.
Se había repetido una y mil veces que había hecho lo correcto al quitarse de en medio para que su hermano se casara con ella. Y después había accedido a donar su esperma para que pudieran tener la familia que tanto deseaban y que su hermano no podía crear. Pero ahora que su hermano había muerto y Pau estaba sola para criar a sus dos niñas, Pedro ya no podía seguir luchando contra sus sentimientos...
-------------------------
2- Aprendiendo a Amar
Él la deseaba… Ella lo deseaba… Pero… ¿y el bebé?
Durante el baile de máscaras de su empresa, Pedro Alfonso se quedó prendado de la misteriosa belleza junto a la que había compartido unas horas de pasión desenfrenada. ¿Pero quién sería aquella mujer?
Paula Chaves no podía creer que hubiera tenido tan ardiente encuentro con su guapísimo jefe. Ella lo había reconocido inmediatamente, pues llevaba semanas invadiendo sus sueños. Pero Paula había decidido mantener su identidad en secreto… Hasta que descubrió que se había quedado embarazada.
-------------------------
3- Amor en Juego
Cuando el príncipe heredero Alfonso apareció en la vida de Paula, se quedó asombrada de lo arrogante que era.
Pedro pretendía llevarse a su pequeño sobrino Benjamin a su hogar en Arabia. Paula no consintió en separarse del niño, al que había criado y al que adoraba. Y sabía lo que tenía que hacer...
Pau estaba en su habitación, mirando por la ventana pero sin ver el jardín. Nada de lo que Pedro hiciera debería sorprenderla o dolerle ya y, sin embargo…
-Pedro: Pau.
Cuando se volvió, él estaba en la puerta. Parecía cansado, sus ojos llenos de angustia. Y había algo más en su expresión… ¿tristeza, miedo?
-Pedro: Tenemos que hablar.
Pau asintió con la cabeza, pero se dio la vuelta para seguir mirando el jardín. Sí, tenían que hablar y terminar con aquello de una vez por todas.
-Pedro: No me apartes la mirada, mi amor. No quiero verte tan triste.
-Pau: Dime lo que tengas que decir y acaba con ello de una vez.
-Pedro: Ven, sientate —dijo él, tomándola suavemente por la muñeca.
Pau lo apartó, pero se sentaron uno al lado del otro sobre la cama, sin tocarse.
-Pau: Me mentiste. Todo lo que me dijiste en el hospital, en la isla… todo era mentira. Yo no te importo nada. Cuando nos acostábamos juntos me mentías… ¿qué clase de persona haría una cosa así? —temblando, Pau se tapó la cara con las manos.
-Pedro: Te equivocas —empezó a explicar él— Me importas mucho y cuando hacíamos el amor no estaba mintiéndote. Sí, te mentí sobre los detalles. Me advirtieron que no debía contarte nada, que recuperarías la memoria poco a poco. Te mentí sobre pequeñas cosas…
-Pau: Como que estábamos prometidos, por ejemplo.
-Pedro: Tuve que hacerlo o no me habrían dejado cuidar de ti —suspiró él— Me he portado muy mal contigo, pero hay cosas que debes saber.
Yo nunca recibí las demandas de rescate… yo habría movido cielo y tierra para rescatarte, Pau. Ninguna cantidad hubiera sido demasiado alta.
Yo no sabía siquiera que te hubieran secuestrado.
-Pau: ¿Cómo que no?
-Pedro: Julieta destruyó las notas en las que pedían el rescate. Fue ella quien robó los planos… quien estaba vendiéndonos a la competencia.
-Pau: Julieta…
-Pedro: Quería librarse de ti y por eso decidió esconder lo del secuestro. Yo no supe nada hasta el día que te encontró la policía, te lo juro. Y fui un imbécil por acusarte esa noche… ni siquiera te escuché. Ahora no sé cómo pude creer que tú habías robado los planos. No lo entiendo… me porté como un canalla. Pero aquella noche, cuando me preguntaste por nuestra relación… la verdad es que me asusté. Pensé que no eras feliz conmigo, que querías más de lo que yo podía darte —Pedro apretó su mano— Por eso te dije que eras mi amante, pero no era verdad. No sos eso, no lo has sido nunca.
-Pau: ¿Qué estás diciendo?
-Pedro: Que te amo.
Pau ni siquiera podía responder, tan perpleja estaba.
-Pedro: Aunque entonces no lo sabía, sí sabía que no quería que te fueras de mi lado. Pero cuando vi esos papeles en tu bolso me puse furioso. No podía creer que tú nos hubieras estado robando.
-Pau: Pero lo creíste —le recordó ella.
-Pedro: Mis hermanos y yo hemos trabajado mucho para conseguir lo que tenemos… y pensé que me habías utilizado, por eso te dije que te fueras.
Pau cerró los ojos para no recordar el miedo y la desesperación que había sentido durante esos meses. Aunque había recuperado la memoria, esa parte, afortunadamente, era un borrón. Y, con un poco de suerte, no la recordaría nunca.
-Pau: ¿Me amas?
Pedro la tomó entre sus brazos, con la misma delicadeza que si fuera un objeto de cristal.
-Pedro: No he sabido demostrártelo, pero te amo. Y quiero que te cases conmigo, Pau. Si tu quieres.
Ella sacudió la cabeza, desconcertada.
-Pau: ¿Sigues queriendo casarte conmigo?
-Pedro: No espero que me contestes ahora mismo, pero dame una oportunidad. No lo lamentarás, te lo prometo. Haré que vuelvas a quererme.
Había perdido la cabeza, pensó Pau. Pedro estaba abrazándola, diciendo que la quería, que quería casarse con ella…
De verdad esta vez, sin mentiras.
-Pedro: Pensalo, mi amor. Esperaré el tiempo que haga falta hasta que me des una respuesta.
Después se levantó, como si intuyera su deseo de estar sola, y Pau se quedó inmóvil, mirando la puerta por la que había desaparecido. ¿La quería?
¿Julieta era la persona que robó los planos? ¿Julieta quien ocultó que la habían secuestrado?
Pedro había dicho que la quería y que deseaba casarse con ella, pero no podía perdonarlo y olvidarlo todo sin más. Ni siquiera había podido devolverle esa declaración de amor.
Suspirando, se tumbó en la cama. Estaba tan cansada física y emocionalmente. Pasándose una mano por el abultado abdomen, sonrió cuando su hija le dio una patadita.
-Pau: ¿Qué debo hacer? —susurró. Tenía tanto miedo de volver a confiar en el amor de Pedro. Cerró los ojos un momento. No podía tomar una decisión así en unos minutos porque había demasiado en juego, sobre todo, el futuro de su hija.
--
Durante los días siguientes, Pedro la atendió a todas horas. La mimaba, estaba pendiente de ella y a menudo le decía que la quería… aunque intentaba mantener cierta distancia entre ellos. Dos días después, sus hermanos fueron a visitarlo y Pau se dirigió a su habitación porque no se sentía cómoda con los Alfonso después de todo lo que había pasado. Pero era con ella con quien querían hablar.
-Nan: Nos hemos portado de manera vergonzosa contigo —fue el primero en disculparse.
Fede asintió.
-Fede: Entenderíamos que no nos perdonases porque no hay defensa posible para nuestro comportamiento, especialmente estando embarazada de nuestra sobrina.
Parecían sinceros, pero ella no sabía qué decir. Y cuando miró a Pedro, le pareció que había perdido peso, su rostro más delgado que antes.
Parecía tan infeliz…
No porque se sintiera culpable, aunque había mucho de eso flotando en el ambiente, sino como si hubiera perdido lo que más quería.
¿A ella?
Después de murmurar una disculpa, Pau salió de la habitación, casi corriendo en su prisa por estar sola.
Abrió la puerta del jardín y respiró profundamente el aire fresco de la noche. No podía dejar de darle vueltas a todo lo que le había pasado durante aquellos días…
Pedro parecía tan dolido como ella. Si la odiase de verdad, ¿por qué habría montado esa farsa cuando perdió la memoria? ¿Sólo por su hija?
Sí, era posible, desde luego. ¿Pero entonces por qué no hizo lo que Nan había sugerido, instalarla en un apartamento e intentar llegar a un acuerdo económico con ella? ¿Por qué la había llevado a la isla, por qué le había hecho el amor, por qué había actuado como si le importase?
¿La amaría de verdad? Tal declaración no podía haber sido fácil para él ya que Pedro no era un hombre dado a compartir sus sentimientos.
Durante el tiempo que estuvieran juntos nunca le había dicho lo que sentía por ella… aunque Pau le había mostrado cientos de veces cuánto le importaba.
¿Podía confiar en él otra vez? Esa idea la asustaba y, al mismo tiempo, le ofrecía cierta medida de paz. La elección era suya.
--
Solo queda uno, mañana el final @patty_lovepyp voy a extrañar mucho esta novela y leer todos sus comentarios, pero espero que me sigan acompañando en la siguiente, la verdad es que no se cual subir me gustan todas y como son ustedes son quienes me van a leer, lo dejo en sus manos para que decidan comenten con el numero de la nove que mas les gusta :)
1 -Lazos de Amor
Había llegado el momento de luchar por lo que era legítimamente suyo…
Paula Chaves era la mujer a la que Pedro Alfonso siempre había amado, pero no había podido tener.
Se había repetido una y mil veces que había hecho lo correcto al quitarse de en medio para que su hermano se casara con ella. Y después había accedido a donar su esperma para que pudieran tener la familia que tanto deseaban y que su hermano no podía crear. Pero ahora que su hermano había muerto y Pau estaba sola para criar a sus dos niñas, Pedro ya no podía seguir luchando contra sus sentimientos...
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2- Aprendiendo a Amar
Él la deseaba… Ella lo deseaba… Pero… ¿y el bebé?
Durante el baile de máscaras de su empresa, Pedro Alfonso se quedó prendado de la misteriosa belleza junto a la que había compartido unas horas de pasión desenfrenada. ¿Pero quién sería aquella mujer?
Paula Chaves no podía creer que hubiera tenido tan ardiente encuentro con su guapísimo jefe. Ella lo había reconocido inmediatamente, pues llevaba semanas invadiendo sus sueños. Pero Paula había decidido mantener su identidad en secreto… Hasta que descubrió que se había quedado embarazada.
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3- Amor en Juego
Cuando el príncipe heredero Alfonso apareció en la vida de Paula, se quedó asombrada de lo arrogante que era.
Pedro pretendía llevarse a su pequeño sobrino Benjamin a su hogar en Arabia. Paula no consintió en separarse del niño, al que había criado y al que adoraba. Y sabía lo que tenía que hacer...
domingo, 28 de julio de 2013
Capitulo 26- Siempre a tu lado
..................................................................
Pau se dio cuenta de que alguien la llevaba en brazos. Pero no era Pedro.
-Nan: Tranquila, cuñada. Estás a salvo.
-Pau: ¿Dónde me llevas?
-Nan: A un sitio seguro, tranquila. Pedro no dejaría que te pasara nada.
Pau iba a protestar que Pedro no haría nada por ella, pero no tenía energía para hacerlo. No tenía energía para respirar siquiera.
Cuando despertó de nuevo, había una frescura en su cerebro que había estado ausente desde el día que recuperó la memoria. La confusión había desaparecido, pero con esa nueva claridad llegó un dolor insoportable.
Se sentía alerta, como si hubiera dormido durante una semana. Y tal vez había sido así. No sabía cuánto tiempo había transcurrido y, aunque el pasado ya no era un misterio, los eventos de los últimos días estaban como envueltos en niebla para ella.
Suspirando, se incorporó en la cama… y cuando miró alrededor se dio cuenta de que no sabía dónde estaba. Era una habitación espaciosa y alegre, con varias ventanas que dejaban entrar la luz del sol. Pero cuando iba a entrar en el cuarto de baño vio a Pedro en la puerta y, sorprendida, se llevó una mano al corazón.
-Pedro: No era mi intención asustarte. Pero me preocupé al ver que no estabas en la cama.
-Pau: Sólo quería darme un baño.
-Pedro: Llámame si necesitas algo…
-Pau: Deja de mentir. Ya no tienes que fingir que te preocupa lo que me pase.
-Pedro: Me importas mucho, mi amor.
Antes de que Pau pudiera responder Pedro había desaparecido y, un minuto después, Emi entraba para ayudarla a bañarse.
-Pau: ¿Dónde estamos? ¿Y qué haces tú aquí? Pensé que estabas en Italia con el doctor Mariano.
-Emi: El señor Alfonso envió su avión a buscarme. Estaba desesperado… la idea de volver al apartamento te alteraba de tal modo que te trajo aquí.
-Pau: ¿Y dónde estoy?
-Emi: En su casa, a una hora de la ciudad. Aquí se está más tranquilo y pensó que tú lo preferirías.
Los ojos de Pau se llenaron de lágrimas. Y ella pensando que no le quedaban más…
-Emi: Está muy preocupado por ti. Todos estábamos preocupados.
Pau no se molestó en contarle la verdad: que Pedro la odiaba. Que no la había querido nunca.
-Pau: ¿Qué voy a hacer? —susurró. Había sido una estúpida por dejar su apartamento, su trabajo, todo por estar con él. Había estado cegada por su amor y convencida de que había un futuro para ellos.
Emi la ayudó a secarse y vestirse después del baño, pero cuando salió de la habitación Pedro estaba esperando en el pasillo.
-Pedro: ¿Quieres comer algo? El desayuno está servido abajo.
Sin decir nada, Pau bajó la escalera. Y no dejó que la tocase. Se sentaron a una mesa desde la que podía ver un hermoso jardín. La luz del sol entraba por las puertas de cristal, calentándola un poco…
-Pedro: Tenemos que hablar, Pau —empezó a decir él— Tenemos muchas cosas que decirnos. Pero antes debes comer para recuperar las fuerzas. Tu salud y la de nuestra hija es lo primero.
Ella comió, sin mirarlo, sin decir una palabra. Pero cuando estaba terminando su zumo de naranja oyó el ruido de una puerta a lo lejos y luego unos pasos que se acercaban. Nan entró en el comedor poco después.
-Pedro: Sea lo que sea, seguro que puede esperar hasta que Pau termine de desayunar.
Nan parecía preocupado, pero asintió con la cabeza. Y a Pau se le hizo un nudo en la garganta. Fuera lo que fuera de lo que querían hablar, evidentemente no querían hacerlo delante de ella.
-Pau: Podés hablar ahora mismo. Ya he terminado —dijo, levantándose.
-Pedro: Espera, no te vayas…
Pero sin hacerle caso, Pau siguió adelante. Pedro masculló una palabrota. Se sentía angustiado, deshecho. ¿Cómo iba a solucionar aquello?
¿Cómo iba a convencerla de que él no la había abandonado? ¿Y cómo iba a pedirle perdón? Pau lo odiaba y tenía todo el derecho a hacerlo.
Nan sacó un periódico del bolsillo.
-Nan: Mira esto.
En la primera página había una fotografía de Nan llevando a Pau en brazos el día que salió huyendo del apartamento. Debajo, había fotografías de él y de Julieta… que por lo visto había dado una entrevista hablando de su relación con Pau.
-Nan: Supongo que habrá pensado que no tiene nada que perder y todo que ganar contando su versión de la historia —suspiró su hermano.
Angustiado, Pedro se dejó caer sobre un sillón.
-Pedro: Maldigo el día que contraté a esa mujer. Pau podría haber muerto por su culpa.
-Nan: La amas.
No era una pregunta sino una afirmación. Sí, la amaba con todo su corazón. Pero había logrado matar el amor de Pau no una vez sino dos veces.
-Pedro: La entendería perfectamente si no quisiera perdonarme. ¿Cómo va hacerlo si yo no puedo perdonarme a mí mismo?
-Nan: Ve con ella. Intenta arreglar la situación.
Pedro se levantó. Sí, había llegado el momento de hablar con Pau. Si ella estaba dispuesta a hablar.
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Uno menos quedan dos :) casi se quedan sin capitulo por culpa de mi internet pero volvio enseguida por suerte :) comenten mucho y subo otro mañana @patty_lovepyp que tengan un lindo inicio de semana
Pau se dio cuenta de que alguien la llevaba en brazos. Pero no era Pedro.
-Nan: Tranquila, cuñada. Estás a salvo.
-Pau: ¿Dónde me llevas?
-Nan: A un sitio seguro, tranquila. Pedro no dejaría que te pasara nada.
Pau iba a protestar que Pedro no haría nada por ella, pero no tenía energía para hacerlo. No tenía energía para respirar siquiera.
Cuando despertó de nuevo, había una frescura en su cerebro que había estado ausente desde el día que recuperó la memoria. La confusión había desaparecido, pero con esa nueva claridad llegó un dolor insoportable.
Se sentía alerta, como si hubiera dormido durante una semana. Y tal vez había sido así. No sabía cuánto tiempo había transcurrido y, aunque el pasado ya no era un misterio, los eventos de los últimos días estaban como envueltos en niebla para ella.
Suspirando, se incorporó en la cama… y cuando miró alrededor se dio cuenta de que no sabía dónde estaba. Era una habitación espaciosa y alegre, con varias ventanas que dejaban entrar la luz del sol. Pero cuando iba a entrar en el cuarto de baño vio a Pedro en la puerta y, sorprendida, se llevó una mano al corazón.
-Pedro: No era mi intención asustarte. Pero me preocupé al ver que no estabas en la cama.
-Pau: Sólo quería darme un baño.
-Pedro: Llámame si necesitas algo…
-Pau: Deja de mentir. Ya no tienes que fingir que te preocupa lo que me pase.
-Pedro: Me importas mucho, mi amor.
Antes de que Pau pudiera responder Pedro había desaparecido y, un minuto después, Emi entraba para ayudarla a bañarse.
-Pau: ¿Dónde estamos? ¿Y qué haces tú aquí? Pensé que estabas en Italia con el doctor Mariano.
-Emi: El señor Alfonso envió su avión a buscarme. Estaba desesperado… la idea de volver al apartamento te alteraba de tal modo que te trajo aquí.
-Pau: ¿Y dónde estoy?
-Emi: En su casa, a una hora de la ciudad. Aquí se está más tranquilo y pensó que tú lo preferirías.
Los ojos de Pau se llenaron de lágrimas. Y ella pensando que no le quedaban más…
-Emi: Está muy preocupado por ti. Todos estábamos preocupados.
Pau no se molestó en contarle la verdad: que Pedro la odiaba. Que no la había querido nunca.
-Pau: ¿Qué voy a hacer? —susurró. Había sido una estúpida por dejar su apartamento, su trabajo, todo por estar con él. Había estado cegada por su amor y convencida de que había un futuro para ellos.
Emi la ayudó a secarse y vestirse después del baño, pero cuando salió de la habitación Pedro estaba esperando en el pasillo.
-Pedro: ¿Quieres comer algo? El desayuno está servido abajo.
Sin decir nada, Pau bajó la escalera. Y no dejó que la tocase. Se sentaron a una mesa desde la que podía ver un hermoso jardín. La luz del sol entraba por las puertas de cristal, calentándola un poco…
-Pedro: Tenemos que hablar, Pau —empezó a decir él— Tenemos muchas cosas que decirnos. Pero antes debes comer para recuperar las fuerzas. Tu salud y la de nuestra hija es lo primero.
Ella comió, sin mirarlo, sin decir una palabra. Pero cuando estaba terminando su zumo de naranja oyó el ruido de una puerta a lo lejos y luego unos pasos que se acercaban. Nan entró en el comedor poco después.
-Pedro: Sea lo que sea, seguro que puede esperar hasta que Pau termine de desayunar.
Nan parecía preocupado, pero asintió con la cabeza. Y a Pau se le hizo un nudo en la garganta. Fuera lo que fuera de lo que querían hablar, evidentemente no querían hacerlo delante de ella.
-Pau: Podés hablar ahora mismo. Ya he terminado —dijo, levantándose.
-Pedro: Espera, no te vayas…
Pero sin hacerle caso, Pau siguió adelante. Pedro masculló una palabrota. Se sentía angustiado, deshecho. ¿Cómo iba a solucionar aquello?
¿Cómo iba a convencerla de que él no la había abandonado? ¿Y cómo iba a pedirle perdón? Pau lo odiaba y tenía todo el derecho a hacerlo.
Nan sacó un periódico del bolsillo.
-Nan: Mira esto.
En la primera página había una fotografía de Nan llevando a Pau en brazos el día que salió huyendo del apartamento. Debajo, había fotografías de él y de Julieta… que por lo visto había dado una entrevista hablando de su relación con Pau.
-Nan: Supongo que habrá pensado que no tiene nada que perder y todo que ganar contando su versión de la historia —suspiró su hermano.
Angustiado, Pedro se dejó caer sobre un sillón.
-Pedro: Maldigo el día que contraté a esa mujer. Pau podría haber muerto por su culpa.
-Nan: La amas.
No era una pregunta sino una afirmación. Sí, la amaba con todo su corazón. Pero había logrado matar el amor de Pau no una vez sino dos veces.
-Pedro: La entendería perfectamente si no quisiera perdonarme. ¿Cómo va hacerlo si yo no puedo perdonarme a mí mismo?
-Nan: Ve con ella. Intenta arreglar la situación.
Pedro se levantó. Sí, había llegado el momento de hablar con Pau. Si ella estaba dispuesta a hablar.
--
Uno menos quedan dos :) casi se quedan sin capitulo por culpa de mi internet pero volvio enseguida por suerte :) comenten mucho y subo otro mañana @patty_lovepyp que tengan un lindo inicio de semana
sábado, 27 de julio de 2013
Capitulo 25- Siempre a tu lado
..................................................................
Unos minutos después, la psicóloga salía de la habitación y cerraba la puerta.
—Le he inyectado un sedante porque está muy nerviosa. Necesita descansar sobre todo. Su realidad es muy dolorosa, así que prefiere esconderse, es natural. Ese mismo instinto de supervivencia es lo que provocó la amnesia. Ahora que la falta de recuerdos ya no puede protegerla, está intentando lidiar con esto como puede —la mujer lo miró y en sus ojos Pedro pudo ver muchas preguntas— Llámeme si me necesita otra vez. Vendré enseguida.
-Pedro: Gracias —dijo él.
Cuando se marchó, Pedro se dejó caer en el sofá.
-Nan: Oí algo —murmuró su hermano.
-Pedro: Ella no robó nada… y yo nunca recibí una petición de rescate. Pau cree… cree que la dejé a merced de esos canallas, que no me importaba lo suficiente como para pagar ese dinero…
Nan puso una mano en su hombro.
-Nan: Tenemos que investigar lo que ha pasado.
Pedro asintió con la cabeza.
-Pedro: Julieta
-Nan: ¿Qué?
-Pedro: Julieta estuvo en el apartamento esa noche. Ella debió meter los papeles en el bolso de Pau.
Entonces se le ocurrió otra cosa, algo que lo puso enfermo. Cualquier demanda de rescate hubiera pasado por su oficina ya que nadie tenía el teléfono del ático… y la única persona que podía haberlas interceptado era Julieta.
-Pedro: Quédate aquí con Pau —dijo, levantándose— Por favor, encárgate de que no vaya a ningún sitio. Voy a llamar a un médico para que venga a examinarla.
-Nan: ¿Dónde vas?
-Pedro: Voy a averiguar si estoy en lo cierto sobre lo que pasó.
-Nan: Pedro, espera —dijo— Deberías llamar a la policía. Aunque la hicieras confesar, no serviría de nada, sólo lo sabrías tú.
Pedro apretó los puños, frustrado, pero sabía que su hermano tenía razón. Él quería que se hiciera justicia y ésa era la única manera de conseguirlo.
--
Pedro paseaba por su oficina mientras esperaba la llegada de Julieta. No quería estar allí, quería estar con Pau… aunque ella no permitía que se acercase siquiera. Cuando despertaba se mostraba distante, remota, como si no pudiera concentrarse en nada. Estaba allí, pero no estaba allí. Era como si hubiera ido a un sitio donde ya nada podía hacerle daño. Cerrando los ojos, Pedro intentó concentrarse en la tarea que lo esperaba. Cuando oyó entrar a Julieta en el despacho se puso tenso, pero hizo un esfuerzo para sonreír, para actuar como si no pasara nada, como si no la odiase a muerte.
-Julieta: ¿Quería verme, señor Alfonso?
-Pedro: Sí, sí —murmuró él, sonriente— Yo siempre quiero verte, Julieta.
-Julieta: Ah, gracias —sonrió su ayudante
-Pedro: Supongo que sabrás lo que pasó anoche y… en fin, estuve pensando… a veces los hombres no nos enteramos de nada, ¿verdad?
-Julieta: No sé a qué se refiere.
-Pedro: ¿Por qué no me habías dicho que me querías, Julieta? En lugar de estar contigo he mantenido una relación que no me interesaba… aunque agradezco tus esfuerzos para librarme de Pau. Siento no haberme dado cuenta antes, claro.
Una fría sonrisa iluminó el rostro de su ayudante. Era extraño, pero Pedro no se había dado cuenta hasta aquel momento de que no era una mujer bella sino todo lo contrario.
-Julieta: ¿Cómo lo hiciste?
Y entonces escuchó, horrorizado, cómo Julieta le contaba lo que había hecho para que Pau pareciese culpable de los robos. El secuestro no había tenido nada que ver con ella, pero cuando recibió las demandas de rescate en la oficina lo vio como una oportunidad de librarse de Paula Chaves para siempre. Tan ansiosa estaba por demostrarle su devoción que no se dio cuenta de que estaba admitiendo haber vendido ella misma los planos a la competencia.
-Pedro: De modo que tú robaste los planos y se los vendiste a la competencia —dijo con voz helada.
Julieta se puso pálida al darse cuenta de lo que había confesado.
-Julieta: No, yo…
-Pedro: Entonces hiciste parecer culpable a Pau, pensando no sólo en el dinero que recibirías por los planos sino que con que Pau fuera de mi vida, tú podrías ocupar su sitio.
-Julieta: Yo no he dicho eso…
-Pedro: Y cuando llegaron las demandas de rescate, tú las destruiste sin decirme nada. ¿Qué esperabas, Julieta, que la matasen?
Lo único que Pedro podía ver era a Pau sola, asustada. Embarazada de su hija. Pensando no sólo que la odiaba sino que la había abandonado a su suerte. Le daban ganas de llorar.
Julieta pareció recuperar la compostura entonces y lo miró con desdén.
-Julieta: Nunca podrás demostrarlo.
-Pedro: No tengo que hacerlo —dijo él, pulsando el botón del intercomunicador— Pueden pasar, detective.
Su ayudante estuvo a punto de desmayarse cuando tres policías entraron en el despacho.
-Julieta: ¡No puedes hacerme esto! —gritó— Yo te quiero, Pedro. Habría hecho cualquier cosa por ti.
Él sacudió la cabeza, sin mirarla siquiera mientras los policías se la llevaban. No tenía la menor intención de escucharla, solo quería volver con Pau.
Y llego el momento tan esperado, la pelotuda de Julieta ya no va a fastidiar mas? tres capitulos y se termina @patty_lovepyp que tengan un lindo dia. Comenten plis :)
Unos minutos después, la psicóloga salía de la habitación y cerraba la puerta.
—Le he inyectado un sedante porque está muy nerviosa. Necesita descansar sobre todo. Su realidad es muy dolorosa, así que prefiere esconderse, es natural. Ese mismo instinto de supervivencia es lo que provocó la amnesia. Ahora que la falta de recuerdos ya no puede protegerla, está intentando lidiar con esto como puede —la mujer lo miró y en sus ojos Pedro pudo ver muchas preguntas— Llámeme si me necesita otra vez. Vendré enseguida.
-Pedro: Gracias —dijo él.
Cuando se marchó, Pedro se dejó caer en el sofá.
-Nan: Oí algo —murmuró su hermano.
-Pedro: Ella no robó nada… y yo nunca recibí una petición de rescate. Pau cree… cree que la dejé a merced de esos canallas, que no me importaba lo suficiente como para pagar ese dinero…
Nan puso una mano en su hombro.
-Nan: Tenemos que investigar lo que ha pasado.
Pedro asintió con la cabeza.
-Pedro: Julieta
-Nan: ¿Qué?
-Pedro: Julieta estuvo en el apartamento esa noche. Ella debió meter los papeles en el bolso de Pau.
Entonces se le ocurrió otra cosa, algo que lo puso enfermo. Cualquier demanda de rescate hubiera pasado por su oficina ya que nadie tenía el teléfono del ático… y la única persona que podía haberlas interceptado era Julieta.
-Pedro: Quédate aquí con Pau —dijo, levantándose— Por favor, encárgate de que no vaya a ningún sitio. Voy a llamar a un médico para que venga a examinarla.
-Nan: ¿Dónde vas?
-Pedro: Voy a averiguar si estoy en lo cierto sobre lo que pasó.
-Nan: Pedro, espera —dijo— Deberías llamar a la policía. Aunque la hicieras confesar, no serviría de nada, sólo lo sabrías tú.
Pedro apretó los puños, frustrado, pero sabía que su hermano tenía razón. Él quería que se hiciera justicia y ésa era la única manera de conseguirlo.
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Pedro paseaba por su oficina mientras esperaba la llegada de Julieta. No quería estar allí, quería estar con Pau… aunque ella no permitía que se acercase siquiera. Cuando despertaba se mostraba distante, remota, como si no pudiera concentrarse en nada. Estaba allí, pero no estaba allí. Era como si hubiera ido a un sitio donde ya nada podía hacerle daño. Cerrando los ojos, Pedro intentó concentrarse en la tarea que lo esperaba. Cuando oyó entrar a Julieta en el despacho se puso tenso, pero hizo un esfuerzo para sonreír, para actuar como si no pasara nada, como si no la odiase a muerte.
-Julieta: ¿Quería verme, señor Alfonso?
-Pedro: Sí, sí —murmuró él, sonriente— Yo siempre quiero verte, Julieta.
-Julieta: Ah, gracias —sonrió su ayudante
-Pedro: Supongo que sabrás lo que pasó anoche y… en fin, estuve pensando… a veces los hombres no nos enteramos de nada, ¿verdad?
-Julieta: No sé a qué se refiere.
-Pedro: ¿Por qué no me habías dicho que me querías, Julieta? En lugar de estar contigo he mantenido una relación que no me interesaba… aunque agradezco tus esfuerzos para librarme de Pau. Siento no haberme dado cuenta antes, claro.
Una fría sonrisa iluminó el rostro de su ayudante. Era extraño, pero Pedro no se había dado cuenta hasta aquel momento de que no era una mujer bella sino todo lo contrario.
-Julieta: ¿Cómo lo hiciste?
Y entonces escuchó, horrorizado, cómo Julieta le contaba lo que había hecho para que Pau pareciese culpable de los robos. El secuestro no había tenido nada que ver con ella, pero cuando recibió las demandas de rescate en la oficina lo vio como una oportunidad de librarse de Paula Chaves para siempre. Tan ansiosa estaba por demostrarle su devoción que no se dio cuenta de que estaba admitiendo haber vendido ella misma los planos a la competencia.
-Pedro: De modo que tú robaste los planos y se los vendiste a la competencia —dijo con voz helada.
Julieta se puso pálida al darse cuenta de lo que había confesado.
-Julieta: No, yo…
-Pedro: Entonces hiciste parecer culpable a Pau, pensando no sólo en el dinero que recibirías por los planos sino que con que Pau fuera de mi vida, tú podrías ocupar su sitio.
-Julieta: Yo no he dicho eso…
-Pedro: Y cuando llegaron las demandas de rescate, tú las destruiste sin decirme nada. ¿Qué esperabas, Julieta, que la matasen?
Lo único que Pedro podía ver era a Pau sola, asustada. Embarazada de su hija. Pensando no sólo que la odiaba sino que la había abandonado a su suerte. Le daban ganas de llorar.
Julieta pareció recuperar la compostura entonces y lo miró con desdén.
-Julieta: Nunca podrás demostrarlo.
-Pedro: No tengo que hacerlo —dijo él, pulsando el botón del intercomunicador— Pueden pasar, detective.
Su ayudante estuvo a punto de desmayarse cuando tres policías entraron en el despacho.
-Julieta: ¡No puedes hacerme esto! —gritó— Yo te quiero, Pedro. Habría hecho cualquier cosa por ti.
Él sacudió la cabeza, sin mirarla siquiera mientras los policías se la llevaban. No tenía la menor intención de escucharla, solo quería volver con Pau.
Y llego el momento tan esperado, la pelotuda de Julieta ya no va a fastidiar mas? tres capitulos y se termina @patty_lovepyp que tengan un lindo dia. Comenten plis :)
viernes, 26 de julio de 2013
Capitulo 24- Siempre a tu lado
..................................................................
Pedro entró en el hotel Imperial Park, apartando de mala manera a los empleados que se acercaban a saludarlo. Alguien estaba sujetando las puertas del ascensor y, a toda prisa, subió y pulsó el botón de la última planta.
Unos segundos después, entraba en la suite reservada normalmente para los VIPS, donde lo esperaba su hermano.
-Pedro: ¿Por qué no la has llevado al apartamento?
-Nan: Estaba muy alterada y no quería ir allí de ninguna manera. Dile a esa psicóloga que venga aquí. A lo mejor ella puede ayudarla.
-Pedro: Pareces preocupado por Pau.
-Nan: Bueno, al fin y al cabo va a ser la madre de mi sobrino —se encogió de hombros— Pero tenías razón, actúa como si fuera a ella a quien se ha hecho daño. Al verla en el parque así… quise ayudarla.
-Pedro: ¿Dónde está ahora?
-Nan: Dormida. Se quedó dormida mientras la traía en brazos.
Pedro se dirigió al dormitorio, decidido a comprobar por sí mismo que Pau estaba a salvo. Pero incluso con la luz apagada pudo ver su expresión de dolor.
Alargando una mano tocó su cara, apartando un mechón de su frente. Ella no se movió. Estaba pálida y tenía los párpados enrojecidos de tanto llorar. Y se le encogió el corazón al verla así. Mientras volvía al salón, sacó el móvil del bolsillo para pedirle a la psicóloga que fuera al hotel.
Cuando terminó, cerró el teléfono y miró a su hermano.
-Pedro: ¿Dónde la has encontrado?
-Nan: Sentada en un banco del parque. Iba descalza y estaba helada.
-Pedro: Yo… no sé qué hacer.
-Nan: ¿Seguis pensando que es culpable?
-Pedro: No lo sé —admitió— A veces pienso que eso ya no importa.
-Nan: Cuando la vi en el banco, tampoco me importó a mí.
La psicóloga llegó unos minutos después y Pedro le explicó la situación. A pesar de que le resultaba muy desagradable contarle detalles tan íntimos de su vida a una extraña, quería que lo supiera todo para que pudiese ayudar a Pau. Afortunadamente, la psicóloga no hizo ningún comentario. Sencillamente, aceptó la información y pidió ver a la paciente.
-Pedro: Ahora está descansando, pero puede esperar en la habitación hasta que despierte. No quiero que vuelva a marcharse.
—Muy bien.
Pedro la acompañó a la habitación y, al abrir la puerta, Pau se movió, pero cuando iba a dar un paso adelante, la psicóloga se lo impidió.
—Deje que hable yo con ella.
-Pedro: De acuerdo.
Se quedó en el pasillo, con el corazón encogido. Hubo un largo periodo de silencio y luego oyó un murmullo de voces. Era la psicóloga quien hablaba sobre todo, pero después oyó la temblorosa voz de Pau y aguzó el oído para tratar de entender algo.
-Pau: Fui al ginecólogo el día que Pedro volvía de viaje y cuando descubrí que estaba embarazada me quedé sorprendida. Me preocupaba la reacción de Pedro. Quería que hablásemos de nuestra relación, de lo que sentía por mí…
—Sigue —la animó la psicóloga.
Las preguntas de Pau aquella noche de repente tenían sentido para él…
-Pau: Me dijo que no teníamos una relación. Que yo era su amante, una mujer a la que pagaba por acostarse con ella.
Pedro quiso protestar, entrar en la habitación y decir que jamás la había considerado eso.
-Pau: Y luego me acusó de… —bajó la voz y Pedro no pudo oír lo que decía.
—Tranquila, tranquila.
-Pau: Me dijo que le había robado, que me había llevado unos planos de su oficina. Y luego me dijo que me fuera.
—¿Tú habías robado los planos?
-Pau: Es usted la primera persona que se molesta en preguntarme.
Pedro hizo una mueca. Era verdad, no se había molestado en preguntarle, ni siquiera la había dejado hablar.
-Pau: Me quedé tan sorprendida que salí del apartamento sin decir nada más. Pensaba volver al día siguiente para hablar con él, cuando estuviera más calmado.
—¿Y qué pasó?
-Pau: Un hombre me agarró por la calle y me puso algo en la cabeza. Luego me metieron en un coche y me llevaron a algún sitio, no sé dónde.
Me dijeron que me habían secuestrado para pedir un rescate… y yo estaba tan asustada por mi hijo.
Pedro apretó los puños.
-Pau: Enviaron dos demandas de rescate —siguió— pero Pedro se negó a pagar. Me dejó con esos hombres… ni siquiera valía medio millón de dólares para él.
Cuando empezó a llorar, Pedro se quedó mirando hacia delante, perplejo. Él no había recibido ninguna demanda de rescate… ¿Pau había creído que no quería salvarla, que la había dejado a propósito en manos de esos canallas? Atónito, sintió que una lágrima rodaba por su rostro.
Yo se que me aman porque hoy subo temprano :) disfrutenlo y comenten que falta poco @patty_lovepyp que tengan un lindo dia.
Pedro entró en el hotel Imperial Park, apartando de mala manera a los empleados que se acercaban a saludarlo. Alguien estaba sujetando las puertas del ascensor y, a toda prisa, subió y pulsó el botón de la última planta.
Unos segundos después, entraba en la suite reservada normalmente para los VIPS, donde lo esperaba su hermano.
-Pedro: ¿Por qué no la has llevado al apartamento?
-Nan: Estaba muy alterada y no quería ir allí de ninguna manera. Dile a esa psicóloga que venga aquí. A lo mejor ella puede ayudarla.
-Pedro: Pareces preocupado por Pau.
-Nan: Bueno, al fin y al cabo va a ser la madre de mi sobrino —se encogió de hombros— Pero tenías razón, actúa como si fuera a ella a quien se ha hecho daño. Al verla en el parque así… quise ayudarla.
-Pedro: ¿Dónde está ahora?
-Nan: Dormida. Se quedó dormida mientras la traía en brazos.
Pedro se dirigió al dormitorio, decidido a comprobar por sí mismo que Pau estaba a salvo. Pero incluso con la luz apagada pudo ver su expresión de dolor.
Alargando una mano tocó su cara, apartando un mechón de su frente. Ella no se movió. Estaba pálida y tenía los párpados enrojecidos de tanto llorar. Y se le encogió el corazón al verla así. Mientras volvía al salón, sacó el móvil del bolsillo para pedirle a la psicóloga que fuera al hotel.
Cuando terminó, cerró el teléfono y miró a su hermano.
-Pedro: ¿Dónde la has encontrado?
-Nan: Sentada en un banco del parque. Iba descalza y estaba helada.
-Pedro: Yo… no sé qué hacer.
-Nan: ¿Seguis pensando que es culpable?
-Pedro: No lo sé —admitió— A veces pienso que eso ya no importa.
-Nan: Cuando la vi en el banco, tampoco me importó a mí.
La psicóloga llegó unos minutos después y Pedro le explicó la situación. A pesar de que le resultaba muy desagradable contarle detalles tan íntimos de su vida a una extraña, quería que lo supiera todo para que pudiese ayudar a Pau. Afortunadamente, la psicóloga no hizo ningún comentario. Sencillamente, aceptó la información y pidió ver a la paciente.
-Pedro: Ahora está descansando, pero puede esperar en la habitación hasta que despierte. No quiero que vuelva a marcharse.
—Muy bien.
Pedro la acompañó a la habitación y, al abrir la puerta, Pau se movió, pero cuando iba a dar un paso adelante, la psicóloga se lo impidió.
—Deje que hable yo con ella.
-Pedro: De acuerdo.
Se quedó en el pasillo, con el corazón encogido. Hubo un largo periodo de silencio y luego oyó un murmullo de voces. Era la psicóloga quien hablaba sobre todo, pero después oyó la temblorosa voz de Pau y aguzó el oído para tratar de entender algo.
-Pau: Fui al ginecólogo el día que Pedro volvía de viaje y cuando descubrí que estaba embarazada me quedé sorprendida. Me preocupaba la reacción de Pedro. Quería que hablásemos de nuestra relación, de lo que sentía por mí…
—Sigue —la animó la psicóloga.
Las preguntas de Pau aquella noche de repente tenían sentido para él…
-Pau: Me dijo que no teníamos una relación. Que yo era su amante, una mujer a la que pagaba por acostarse con ella.
Pedro quiso protestar, entrar en la habitación y decir que jamás la había considerado eso.
-Pau: Y luego me acusó de… —bajó la voz y Pedro no pudo oír lo que decía.
—Tranquila, tranquila.
-Pau: Me dijo que le había robado, que me había llevado unos planos de su oficina. Y luego me dijo que me fuera.
—¿Tú habías robado los planos?
-Pau: Es usted la primera persona que se molesta en preguntarme.
Pedro hizo una mueca. Era verdad, no se había molestado en preguntarle, ni siquiera la había dejado hablar.
-Pau: Me quedé tan sorprendida que salí del apartamento sin decir nada más. Pensaba volver al día siguiente para hablar con él, cuando estuviera más calmado.
—¿Y qué pasó?
-Pau: Un hombre me agarró por la calle y me puso algo en la cabeza. Luego me metieron en un coche y me llevaron a algún sitio, no sé dónde.
Me dijeron que me habían secuestrado para pedir un rescate… y yo estaba tan asustada por mi hijo.
Pedro apretó los puños.
-Pau: Enviaron dos demandas de rescate —siguió— pero Pedro se negó a pagar. Me dejó con esos hombres… ni siquiera valía medio millón de dólares para él.
Cuando empezó a llorar, Pedro se quedó mirando hacia delante, perplejo. Él no había recibido ninguna demanda de rescate… ¿Pau había creído que no quería salvarla, que la había dejado a propósito en manos de esos canallas? Atónito, sintió que una lágrima rodaba por su rostro.
Yo se que me aman porque hoy subo temprano :) disfrutenlo y comenten que falta poco @patty_lovepyp que tengan un lindo dia.
jueves, 25 de julio de 2013
Capitulo 23- Siempre a tu lado
..................................................................
Pedro despertó con un monstruoso dolor de cuello. Había querido pasar la noche con Pau entre sus brazos, pero cada vez que intentaba tocarla ella se alteraba de tal modo que tenía que soltarla. Siguiendo el consejo del médico había vuelto a llevarla al apartamento y, en cuanto llegaron allí, llamó a una psicóloga que le recomendaron. Esperaba que Pau quisiera hablar con ella.
Entonces miró hacia la cama… y al ver que estaba vacía se levantó de un salto. Iba a salir del dormitorio cuando un brillo en la mesilla llamó su atención.
El anillo de compromiso.
Pedro corrió de habitación en habitación y, al no encontrarla, empezó a sentir pánico. No estaba por ninguna parte.
Mientras bajaba en el ascensor sacó el móvil del bolsillo y en cuanto las puertas se abrieron chocó con Nico.
-Pedro: ¿Dónde está?
-Nico: No la he visto, señor Lanzani. Creí que estaba con usted.
-Pedro: ¡Se ha ido! Llama a tus hombres. Quiero que la encuentren inmediatamente.
El conserje tampoco la había visto y parecía tan sorprendido como su jefe de seguridad. ¿Dónde podía haber ido? En su estado, no debería salir a la calle. Y los canallas que la habían secuestrado seguían libres…
Angustiado, iba a salir a la calle cuando su hermano Nan entró en el edificio.
-Nan: Pedro, venía a verte. ¿Cómo está Pau?
-Pedro: Se ha ido.
-Nan: ¿Qué? ¿Pero cómo…?
-Pedro: No tengo ni idea —contestó él, sin saber qué hacer— Ha desaparecido y tengo que encontrarla.
-Nan: La encontraremos, no te preocupes.
-Pedro: Hay algo raro en esta situación… algo que no entiendo. Ha recuperado la memoria, pero no parecía sentirse culpable por lo que pasó… lo único que vi en su cara fue desolación, como si fuera ella la traicionada. Estaba tan alterada que el médico tuvo que inyectarle un sedante… y no me dejaba tocarla.
-Nan: Cálmate, Pedro.
-Pedro: No es ella misma, Nan… y no sé dónde puede haber ido.
-Nan: Yo te ayudaré —le prometió su hermano— No te preocupes, la encontraremos.
--
Pau estaba temblando mientras se dejaba caer sobre el banco de piedra. Ahora sabía por qué se había sentido atraída por aquel sitio. Horas antes de esa última noche se había sentado allí, preguntándose qué diría Pedro de su embarazo, de su relación. Y era lógico que tuviese miedo. Pedro no la quería, no confiaba en ella. Y la había dejado a merced de unos secuestradores.
Pero se negaba a seguir pensando porque los recuerdos dolían demasiado. Al menos ahora entendía por qué había elegido olvidar. Todas esas semanas de terror con los secuestradores palidecían al lado de la traición de Pedro.
¿Cómo podía ser tan frío? ¿Cómo había sido capaz de no pagar esa cantidad… aunque hubiera sido por una extraña? Él, que se gastaba alegremente millones en diamantes… Pau no sabía que fuera tan cruel, pero la tonta había sido ella por enamorarse… no una, si no dos veces.
Un gemido escapó de su garganta y tuvo que cerrar los ojos. Nunca se había sentido tan herida, tan sola.
¿Y por qué Pedro había pasado semanas fingiendo que la quería? ¿Era una forma de castigarla? No, no podía ser. Lo había hecho por la niña… ah, claro, su hija. Era por eso. Ella no le importaba nada.
Se quedó allí, abrazándose a sí misma para evitar el frío, con los ojos cerrados, sin saber qué hacer.
—¿Pau?
Ella levantó la mirada, asustada, pero no era Pedro sino Nan quien estaba a su lado.
-Pau: ¡Vete de aquí!
-Nan: Tengo que llevarte al apartamento —dijo él, poniéndose en cuclillas frente al banco— No te encuentras bien… no deberías estar en la calle. Deja que te lleve a casa.
-Pau: ¡No! —exclamó— No pienso volver nunca.
-Nan: Piensa en tu hija. Deja que te lleve… estás helada.
-Pau: ¡He dicho que no! ¡Vete ahora mismo!
-Nan: Si prometo no llevarte al apartamento, ¿vendrás conmigo? No puedo dejarte aquí con este frío…
Pau intentó levantarse, pero se le doblaron las rodillas y Nan aprovechó para tomarla en brazos.
-Pau: Déjame en paz… suéltame.
-Nan: No puedo hacer eso, cuñada.
Pau cerró los ojos, agotada. Quería salir corriendo, alejarse, pero no tenía fuerzas para hacerlo. No tenía fuerzas para nada. Y maldijo haber recuperado la memoria porque recuperarla la había destruido para siempre.
Uno menos :) disfrutenlo y comenten que falta poco @patty_lovepyp que tengan una linda noche
Pedro despertó con un monstruoso dolor de cuello. Había querido pasar la noche con Pau entre sus brazos, pero cada vez que intentaba tocarla ella se alteraba de tal modo que tenía que soltarla. Siguiendo el consejo del médico había vuelto a llevarla al apartamento y, en cuanto llegaron allí, llamó a una psicóloga que le recomendaron. Esperaba que Pau quisiera hablar con ella.
Entonces miró hacia la cama… y al ver que estaba vacía se levantó de un salto. Iba a salir del dormitorio cuando un brillo en la mesilla llamó su atención.
El anillo de compromiso.
Pedro corrió de habitación en habitación y, al no encontrarla, empezó a sentir pánico. No estaba por ninguna parte.
Mientras bajaba en el ascensor sacó el móvil del bolsillo y en cuanto las puertas se abrieron chocó con Nico.
-Pedro: ¿Dónde está?
-Nico: No la he visto, señor Lanzani. Creí que estaba con usted.
-Pedro: ¡Se ha ido! Llama a tus hombres. Quiero que la encuentren inmediatamente.
El conserje tampoco la había visto y parecía tan sorprendido como su jefe de seguridad. ¿Dónde podía haber ido? En su estado, no debería salir a la calle. Y los canallas que la habían secuestrado seguían libres…
Angustiado, iba a salir a la calle cuando su hermano Nan entró en el edificio.
-Nan: Pedro, venía a verte. ¿Cómo está Pau?
-Pedro: Se ha ido.
-Nan: ¿Qué? ¿Pero cómo…?
-Pedro: No tengo ni idea —contestó él, sin saber qué hacer— Ha desaparecido y tengo que encontrarla.
-Nan: La encontraremos, no te preocupes.
-Pedro: Hay algo raro en esta situación… algo que no entiendo. Ha recuperado la memoria, pero no parecía sentirse culpable por lo que pasó… lo único que vi en su cara fue desolación, como si fuera ella la traicionada. Estaba tan alterada que el médico tuvo que inyectarle un sedante… y no me dejaba tocarla.
-Nan: Cálmate, Pedro.
-Pedro: No es ella misma, Nan… y no sé dónde puede haber ido.
-Nan: Yo te ayudaré —le prometió su hermano— No te preocupes, la encontraremos.
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Pau estaba temblando mientras se dejaba caer sobre el banco de piedra. Ahora sabía por qué se había sentido atraída por aquel sitio. Horas antes de esa última noche se había sentado allí, preguntándose qué diría Pedro de su embarazo, de su relación. Y era lógico que tuviese miedo. Pedro no la quería, no confiaba en ella. Y la había dejado a merced de unos secuestradores.
Pero se negaba a seguir pensando porque los recuerdos dolían demasiado. Al menos ahora entendía por qué había elegido olvidar. Todas esas semanas de terror con los secuestradores palidecían al lado de la traición de Pedro.
¿Cómo podía ser tan frío? ¿Cómo había sido capaz de no pagar esa cantidad… aunque hubiera sido por una extraña? Él, que se gastaba alegremente millones en diamantes… Pau no sabía que fuera tan cruel, pero la tonta había sido ella por enamorarse… no una, si no dos veces.
Un gemido escapó de su garganta y tuvo que cerrar los ojos. Nunca se había sentido tan herida, tan sola.
¿Y por qué Pedro había pasado semanas fingiendo que la quería? ¿Era una forma de castigarla? No, no podía ser. Lo había hecho por la niña… ah, claro, su hija. Era por eso. Ella no le importaba nada.
Se quedó allí, abrazándose a sí misma para evitar el frío, con los ojos cerrados, sin saber qué hacer.
—¿Pau?
Ella levantó la mirada, asustada, pero no era Pedro sino Nan quien estaba a su lado.
-Pau: ¡Vete de aquí!
-Nan: Tengo que llevarte al apartamento —dijo él, poniéndose en cuclillas frente al banco— No te encuentras bien… no deberías estar en la calle. Deja que te lleve a casa.
-Pau: ¡No! —exclamó— No pienso volver nunca.
-Nan: Piensa en tu hija. Deja que te lleve… estás helada.
-Pau: ¡He dicho que no! ¡Vete ahora mismo!
-Nan: Si prometo no llevarte al apartamento, ¿vendrás conmigo? No puedo dejarte aquí con este frío…
Pau intentó levantarse, pero se le doblaron las rodillas y Nan aprovechó para tomarla en brazos.
-Pau: Déjame en paz… suéltame.
-Nan: No puedo hacer eso, cuñada.
Pau cerró los ojos, agotada. Quería salir corriendo, alejarse, pero no tenía fuerzas para hacerlo. No tenía fuerzas para nada. Y maldijo haber recuperado la memoria porque recuperarla la había destruido para siempre.
Uno menos :) disfrutenlo y comenten que falta poco @patty_lovepyp que tengan una linda noche
miércoles, 24 de julio de 2013
Capitulo 22- Siempre a tu lado
..................................................................
Pau corrió hacia el vestíbulo. Pedro la llamó, pero ella no se detuvo. Corría sin saber dónde iba, sin destino. Estaba a punto de salir del hotel cuando se encontró con una montaña: Nico. Furiosa, lo empujó, intentando apartarlo de su camino. Su único pensamiento era salir de allí, alejarse, marcharse tan lejos como pudiera.
Intentó rodear al guardaespaldas, pero tropezó y cayó al suelo. Nico corrió a su lado para ver si estaba bien y, un segundo después, Pedro lo apartó.
-Pedro: Pau…
Ella no podía decir nada. Sollozaba de tal modo que apenas podía respirar. Pedro la tomó en brazos, ladrando órdenes para que llamasen a un médico y, poco después, entraban en una habitación. En cuanto la dejó sobre la cama, Pau se hizo una bola y se dio la vuelta para no tener que mirarlo.
-Pedro: Tienes que dejar de llorar, vas a ponerte enferma.
Ya estaba enferma, pensó ella. Enferma del corazón. Cerró los ojos, pero las lágrimas no dejaban de rodar por su rostro.
-Pedro: No llores, Pau…
Ella quería escapar, marcharse a cualquier sitio, alejarse de él todo lo que fuera posible. A través de la niebla que se había instalado en su cerebro oyó a Pedro hablando con un médico y, un momento después, sintió un pinchazo en el brazo. Y entonces empezó a flotar en el vacío, en un sitio donde no había penas ni angustia. Pau se abrazó a ese vacío, a aquel sitio donde no había dolor ni traiciones.
--
Pedro paseaba de un lado a otro de la habitación mientras el médico del hotel le administraba un sedante a Pau. Estaba disgustado, asqueado con sus hermanos y con Julieta… y consigo mismo.
-Pedro: ¿Se encuentra bien?
El médico lo llevó aparte.
-Doctor: Sus lesiones no son físicas, señor Alfonso. Si, como dice, ha recuperado la memoria de repente, eso es lo que le causa dolor.
Pedro se movió, impaciente.
-Pedro: ¿Qué puedo hacer yo? No puedo dejarla así… no soporto verla sufrir.
-Doctor: Debe volver a casa, a un sitio que le resulte más familiar. Necesita un médico, pero no de medicina general sino un psicólogo. Un
trauma como ése… tiene que darle tiempo. Ahora mismo es extremadamente frágil y recordar eventos traumáticos podría provocar un ataque de nervios o algo peor.
-Pedro: Dios mío…
El médico apretó su hombro.
-Doctor: Es bueno que haya recuperado la memoria, aunque ahora lo esté pasando mal.
Pedro no estaba tan seguro. De hecho, sabía que no iba a ser así. Al recuperar la memoria, Pau sabría que la había echado de su casa… básicamente poniéndola en manos de sus secuestradores. Y recordaría también lo cruel que había sido con ella. Y también recordaría su propio papel en todo aquel lío.
Nervioso, se pasó una mano por el pelo. Una parte de él deseaba que no hubiese recuperado la memoria. Habían empezado otra vez, sin engaños ni traiciones…
Pero Pau no había parecido avergonzada por lo que hizo. No, parecía rota de dolor, un dolor tan profundo como el sonido de su llanto, que era como un cuchillo en el corazón para él. Pedro tragó saliva, inquieto. No podía dejar de pensar que había cosas enterradas en la memoria de Pau que a él no iban a gustarle nada.
--
Pau apenas se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Oía la voz de Pedro, que parecía preocupado, pero no quería saber nada de él y apretó los ojos para no salir de aquella especie de sueño reparador.
Cuando despertó de nuevo reconoció la habitación del ático y la angustia y el dolor la dejaron sin aliento.
Pero ni siquiera Pedro podía ser tan cruel. Ni siquiera él la llevaría de vuelta al sitio que habían compartido y del que la había echado. Alargó una
mano para secar sus lágrimas, pero curiosamente no estaba llorando. Y sentía una extraña distancia, un vacío, unido al deseo de marcharse de allí.
Enseguida vio a Pedro dormido en un sillón, al lado de la ventana. Estaba inclinado hacia un lado, con la ropa arrugada y sombra de barba.
Esperó sentir una ola de rabia, de odio contra él. Pero no sentía nada más que el deseo de escapar.
De modo que se levantó de la cama sin hacer ruido. Se le ocurrió que podría cambiarse, pero no quería despertar a Pedro. No, tenía que irse de allí. No podía mirarlo a los ojos sabiendo que la había acusado de cosas tan horribles para dejarla luego a merced de unos secuestradores.
Después de dejar el anillo de compromiso sobre la mesilla salió de la habitación sin hacer ruido. Descalza, pulsó el botón del ascensor… y recordó entonces la noche que Pedro la había echado de allí, cuando el mundo se había derrumbado a su alrededor. ¿Cómo podía haberla acusado de tales cosas?
Cuando llegó abajo se dio cuenta de que su gente de seguridad estaría en la puerta y, aunque no podrían evitar que se fuera, con toda certeza llamarían a Pedro para avisarlo. De modo que salió por la puerta de atrás. Desafortunadamente, otro de los guardaespaldas estaba allí, apoyado en un coche. Pau buscó la salida de servicio, entre la lavandería y la sala de mantenimiento del edificio. Y, desde allí, salió a la calle.
Cada vez falta menos, no pude subir antes perdon, comenten mucho y mañana les subo otro @patty_lovepyp :)
Pau corrió hacia el vestíbulo. Pedro la llamó, pero ella no se detuvo. Corría sin saber dónde iba, sin destino. Estaba a punto de salir del hotel cuando se encontró con una montaña: Nico. Furiosa, lo empujó, intentando apartarlo de su camino. Su único pensamiento era salir de allí, alejarse, marcharse tan lejos como pudiera.
Intentó rodear al guardaespaldas, pero tropezó y cayó al suelo. Nico corrió a su lado para ver si estaba bien y, un segundo después, Pedro lo apartó.
-Pedro: Pau…
Ella no podía decir nada. Sollozaba de tal modo que apenas podía respirar. Pedro la tomó en brazos, ladrando órdenes para que llamasen a un médico y, poco después, entraban en una habitación. En cuanto la dejó sobre la cama, Pau se hizo una bola y se dio la vuelta para no tener que mirarlo.
-Pedro: Tienes que dejar de llorar, vas a ponerte enferma.
Ya estaba enferma, pensó ella. Enferma del corazón. Cerró los ojos, pero las lágrimas no dejaban de rodar por su rostro.
-Pedro: No llores, Pau…
Ella quería escapar, marcharse a cualquier sitio, alejarse de él todo lo que fuera posible. A través de la niebla que se había instalado en su cerebro oyó a Pedro hablando con un médico y, un momento después, sintió un pinchazo en el brazo. Y entonces empezó a flotar en el vacío, en un sitio donde no había penas ni angustia. Pau se abrazó a ese vacío, a aquel sitio donde no había dolor ni traiciones.
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Pedro paseaba de un lado a otro de la habitación mientras el médico del hotel le administraba un sedante a Pau. Estaba disgustado, asqueado con sus hermanos y con Julieta… y consigo mismo.
-Pedro: ¿Se encuentra bien?
El médico lo llevó aparte.
-Doctor: Sus lesiones no son físicas, señor Alfonso. Si, como dice, ha recuperado la memoria de repente, eso es lo que le causa dolor.
Pedro se movió, impaciente.
-Pedro: ¿Qué puedo hacer yo? No puedo dejarla así… no soporto verla sufrir.
-Doctor: Debe volver a casa, a un sitio que le resulte más familiar. Necesita un médico, pero no de medicina general sino un psicólogo. Un
trauma como ése… tiene que darle tiempo. Ahora mismo es extremadamente frágil y recordar eventos traumáticos podría provocar un ataque de nervios o algo peor.
-Pedro: Dios mío…
El médico apretó su hombro.
-Doctor: Es bueno que haya recuperado la memoria, aunque ahora lo esté pasando mal.
Pedro no estaba tan seguro. De hecho, sabía que no iba a ser así. Al recuperar la memoria, Pau sabría que la había echado de su casa… básicamente poniéndola en manos de sus secuestradores. Y recordaría también lo cruel que había sido con ella. Y también recordaría su propio papel en todo aquel lío.
Nervioso, se pasó una mano por el pelo. Una parte de él deseaba que no hubiese recuperado la memoria. Habían empezado otra vez, sin engaños ni traiciones…
Pero Pau no había parecido avergonzada por lo que hizo. No, parecía rota de dolor, un dolor tan profundo como el sonido de su llanto, que era como un cuchillo en el corazón para él. Pedro tragó saliva, inquieto. No podía dejar de pensar que había cosas enterradas en la memoria de Pau que a él no iban a gustarle nada.
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Pau apenas se daba cuenta de lo que ocurría a su alrededor. Oía la voz de Pedro, que parecía preocupado, pero no quería saber nada de él y apretó los ojos para no salir de aquella especie de sueño reparador.
Cuando despertó de nuevo reconoció la habitación del ático y la angustia y el dolor la dejaron sin aliento.
Pero ni siquiera Pedro podía ser tan cruel. Ni siquiera él la llevaría de vuelta al sitio que habían compartido y del que la había echado. Alargó una
mano para secar sus lágrimas, pero curiosamente no estaba llorando. Y sentía una extraña distancia, un vacío, unido al deseo de marcharse de allí.
Enseguida vio a Pedro dormido en un sillón, al lado de la ventana. Estaba inclinado hacia un lado, con la ropa arrugada y sombra de barba.
Esperó sentir una ola de rabia, de odio contra él. Pero no sentía nada más que el deseo de escapar.
De modo que se levantó de la cama sin hacer ruido. Se le ocurrió que podría cambiarse, pero no quería despertar a Pedro. No, tenía que irse de allí. No podía mirarlo a los ojos sabiendo que la había acusado de cosas tan horribles para dejarla luego a merced de unos secuestradores.
Después de dejar el anillo de compromiso sobre la mesilla salió de la habitación sin hacer ruido. Descalza, pulsó el botón del ascensor… y recordó entonces la noche que Pedro la había echado de allí, cuando el mundo se había derrumbado a su alrededor. ¿Cómo podía haberla acusado de tales cosas?
Cuando llegó abajo se dio cuenta de que su gente de seguridad estaría en la puerta y, aunque no podrían evitar que se fuera, con toda certeza llamarían a Pedro para avisarlo. De modo que salió por la puerta de atrás. Desafortunadamente, otro de los guardaespaldas estaba allí, apoyado en un coche. Pau buscó la salida de servicio, entre la lavandería y la sala de mantenimiento del edificio. Y, desde allí, salió a la calle.
Cada vez falta menos, no pude subir antes perdon, comenten mucho y mañana les subo otro @patty_lovepyp :)
martes, 23 de julio de 2013
Capitulo 21- Siempre a tu lado
..................................................................
Pau tiraba de su vestido, nerviosa, mientras se miraba al espejo, moviendo la cabeza de un lado a otro para que los zafiros que llevaba en las orejas y en el cuello reflejasen la luz.
-Pedro: Estás preciosa.
Al darse la vuelta se quedó asombrada. Con el esmoquin llamando la atención sobre sus anchos hombros, francamente estaba para comérselo.
-Pau: Tú también.
-Pedro: ¿Estoy precioso? —rió.
-Pau: Guapísimo, tremendo, para comerte —rió— Me dan ganas de quitarte ese traje y…
-Pedro: Ah, me gusta tu manera de pensar.
-Pau: Era una broma, tonto.
-Pedro: ¿Estás lista? El coche está esperando.
Respirando profundamente, Pau asintió con la cabeza.
-Pau: Sí, estoy lista.
-Pedro: No te preocupes, yo estaré contigo todo el tiempo —dijo tomando su mano.
Cuando llegaron a la entrada del hotel, atascada por limusinas y coches de lujo, tragó saliva al ver tanta gente elegante. Sentía mariposas en el estómago cuando entraron en el salón de baile. Una banda de jazz tocaba en el escenario y los camareros circulaban con bandejas de champán mientras otros ofrecían una selección de canapés.
Pau hizo una mueca al ver a Fede y Nan… y luego a Julieta. Aunque sabía que iban a acudir, había esperado evitarlos en lo posible. Pero eso no iba a pasar, pensó al ver que Fede se acercaba. Su primera reacción fue decir que tenía que ir al lavabo, pero Pedro apretó su mano como si supiera que pensaba salir corriendo.
-Fede: Hola —dijo saludando a Pau con la cabeza.
Bueno, al menos no se había mostrado tan antipático como en el aeropuerto, pensó. El hermano de Pedro señaló a Nan, que se acercaba con un hombre alto de aspecto distinguido y una mujer que, Pau pensó, debía ser su esposa.
-Pedro: Señor y señora Suarez, les presento a mi prometida, la señorita Paula Chaves. El señor y la señora Suarez están en Nueva York en viaje de negocios.
Sonriendo, ella saludó a la pareja.
-Pedro: Pau y yo vamos a casarnos mientras estamos en Nueva York y sería un honor para nosotros que acudieran a la boda.
Detrás de Pau sonó un gemido ahogado y, al volverse, vio a Julieta a un metro de ellos, con una expresión de total incredulidad en el rostro. Se recuperó enseguida, pero no tan rápido como para que no se diera cuenta.
¿Por qué parecía tan sorprendida de que Pedro anunciara el compromiso?, se preguntó. Pero cuando se volvió para mirar a los otros, sólo los Suarez estaban dándole la enhorabuena. La expresión de Nan y Fede era la misma que la de Julieta. Pau no entendía nada. ¿Cómo era posible que su boda fuera una noticia tan inesperada para todos? ¿Y tan mal recibida? Estaban prometidos antes del accidente y, sin embargo, todo el mundo actuaba como si fuera algo inesperado.
Después de los obligatorios buenos deseos de los Suarez, la conversación empezó a girar sobre la construcción del hotel en Río de Janeiro y Pau permaneció en silencio, pensativa.
Unos minutos después, Pedro pareció darse cuenta de que se sentía incómoda y la llevó a la pista de baile, donde la banda de jazz estaba tocando una suave melodía.
-Pau: Ah, gracias. Me apetecía apartarme un poco de los demás.
-Pedro: Aunque me gustaría que pudiéramos irnos a casa, me temo que debemos quedarnos un rato más. Pero si te cansas, puedo pedirle a
Nico que te lleve de vuelta al apartamento.
Ni loca. Como si fuera a dejarlo con Julieta, la eficiente ayudante personal.
Aunque los hermanos de Pedro, y su ayudante, parecían empeñados en tratarla como si fuera un paria, mucha gente se acercó para saludar a su prometido y se mostró terriblemente amable con ella. Al final, Pau se encontró disfrutando de la velada a pesar del poco favorable comienzo.
Estaba haciéndose tarde cuando Pedro se inclinó para hablarle al oído.
-Pedro: Tengo que hablar con mis hermanos. ¿Te importa quedarte sola un momento?
-Pau: No, claro que no. No te preocupes por mí. Además, tengo que ir al lavabo.
Alegrándose de poder apartarse un rato de la gente, y sobre todo de las oscuras miradas de los Alfonso, Pau entró en el lavabo de señoras para retocarse un poco.
-Pau: Pero no puedes quedarte aquí escondida para siempre —intentó animarse antes de salir. Cuando iba hacia el salón de baile oyó la voz de
Pedro en uno de los reservados y vaciló un momento, sin saber si seguir o quedarse esperándolo.
Las siguientes palabras tomaron la decisión por ella:
-Fede: Maldita sea, Pedro, no tenes necesidad de casarte con Paula. Cómprale un apartamento hasta que nazca el niño. No te ates a ella, dándole así acceso a todo lo que posees.
Pau se quedó boquiabierta al oír las palabras de Fede.
-Pedro: Vamos a tener un hijo —replicó— Que me case con ella o no, es cosa mía.
-Julieta: ¡No puede casarse con ella! —exclamó— ¿Olvida que le robó y le traicionó? Si necesita algún recordatorio, mire los hoteles que se están levantando en París y en Roma. Sus hoteles. Pero ahora los está levantando la competencia.
Pau tuvo que agarrarse a la pared para no caer al suelo. Como un enjambre de abejas furiosas, retazos de información empezaron a aparecer en su cerebro. Y, de repente, fue como si un dique se rompiera. La puerta que no había podido abrir en sueños se abrió y el pasado apareció rodando a la velocidad de un torrente. Pedro acusándola de haberlo engañado… echándola del apartamento, de su vida. Su secuestro y los meses que había pasado aterrada, esperando que Pedro respondiera a las demandas de los secuestradores. Demandas que él había ignorado…
La había dejado. La había descartado incluso cuando la secuestraron. Medio millón de dólares, calderilla para un hombre como él… pero un dinero que no había querido pagar para que la liberasen. Todo había sido una mentira. Pedro había mentido sin parar desde que despertó en el hospital. No la quería, no estaban prometidos.
Ni siquiera valía medio millón de dólares para él. Su corazón se rompió en mil pedazos al ver que todo lo que había creído se convertía en una mentira. No había intentado salvarla.
El gemido torturado que escapó de su garganta hizo eco en el pasillo. Pau se llevó una mano a los labios, pero era demasiado tarde. Pedro salió al pasillo y, tras él, los demás. Y cuando miró a los ojos de «su prometido» supo que él sabía que lo recordaba todo.
Y empiezan los capitulos decisivos dedicado a la mas hermosa @paaulaypeteer te amo bestia, disfrutenlos y comenten, miren que mañana juega OLIMPIA ♥ en la final de la copa libertadores y solo si hay muchos comentarios voy a subir porque voy a ir a ver el partido con mis amigos, que tengan una linda noche @patty_lovepyp
Pau tiraba de su vestido, nerviosa, mientras se miraba al espejo, moviendo la cabeza de un lado a otro para que los zafiros que llevaba en las orejas y en el cuello reflejasen la luz.
-Pedro: Estás preciosa.
Al darse la vuelta se quedó asombrada. Con el esmoquin llamando la atención sobre sus anchos hombros, francamente estaba para comérselo.
-Pau: Tú también.
-Pedro: ¿Estoy precioso? —rió.
-Pau: Guapísimo, tremendo, para comerte —rió— Me dan ganas de quitarte ese traje y…
-Pedro: Ah, me gusta tu manera de pensar.
-Pau: Era una broma, tonto.
-Pedro: ¿Estás lista? El coche está esperando.
Respirando profundamente, Pau asintió con la cabeza.
-Pau: Sí, estoy lista.
-Pedro: No te preocupes, yo estaré contigo todo el tiempo —dijo tomando su mano.
Cuando llegaron a la entrada del hotel, atascada por limusinas y coches de lujo, tragó saliva al ver tanta gente elegante. Sentía mariposas en el estómago cuando entraron en el salón de baile. Una banda de jazz tocaba en el escenario y los camareros circulaban con bandejas de champán mientras otros ofrecían una selección de canapés.
Pau hizo una mueca al ver a Fede y Nan… y luego a Julieta. Aunque sabía que iban a acudir, había esperado evitarlos en lo posible. Pero eso no iba a pasar, pensó al ver que Fede se acercaba. Su primera reacción fue decir que tenía que ir al lavabo, pero Pedro apretó su mano como si supiera que pensaba salir corriendo.
-Fede: Hola —dijo saludando a Pau con la cabeza.
Bueno, al menos no se había mostrado tan antipático como en el aeropuerto, pensó. El hermano de Pedro señaló a Nan, que se acercaba con un hombre alto de aspecto distinguido y una mujer que, Pau pensó, debía ser su esposa.
-Pedro: Señor y señora Suarez, les presento a mi prometida, la señorita Paula Chaves. El señor y la señora Suarez están en Nueva York en viaje de negocios.
Sonriendo, ella saludó a la pareja.
-Pedro: Pau y yo vamos a casarnos mientras estamos en Nueva York y sería un honor para nosotros que acudieran a la boda.
Detrás de Pau sonó un gemido ahogado y, al volverse, vio a Julieta a un metro de ellos, con una expresión de total incredulidad en el rostro. Se recuperó enseguida, pero no tan rápido como para que no se diera cuenta.
¿Por qué parecía tan sorprendida de que Pedro anunciara el compromiso?, se preguntó. Pero cuando se volvió para mirar a los otros, sólo los Suarez estaban dándole la enhorabuena. La expresión de Nan y Fede era la misma que la de Julieta. Pau no entendía nada. ¿Cómo era posible que su boda fuera una noticia tan inesperada para todos? ¿Y tan mal recibida? Estaban prometidos antes del accidente y, sin embargo, todo el mundo actuaba como si fuera algo inesperado.
Después de los obligatorios buenos deseos de los Suarez, la conversación empezó a girar sobre la construcción del hotel en Río de Janeiro y Pau permaneció en silencio, pensativa.
Unos minutos después, Pedro pareció darse cuenta de que se sentía incómoda y la llevó a la pista de baile, donde la banda de jazz estaba tocando una suave melodía.
-Pau: Ah, gracias. Me apetecía apartarme un poco de los demás.
-Pedro: Aunque me gustaría que pudiéramos irnos a casa, me temo que debemos quedarnos un rato más. Pero si te cansas, puedo pedirle a
Nico que te lleve de vuelta al apartamento.
Ni loca. Como si fuera a dejarlo con Julieta, la eficiente ayudante personal.
Aunque los hermanos de Pedro, y su ayudante, parecían empeñados en tratarla como si fuera un paria, mucha gente se acercó para saludar a su prometido y se mostró terriblemente amable con ella. Al final, Pau se encontró disfrutando de la velada a pesar del poco favorable comienzo.
Estaba haciéndose tarde cuando Pedro se inclinó para hablarle al oído.
-Pedro: Tengo que hablar con mis hermanos. ¿Te importa quedarte sola un momento?
-Pau: No, claro que no. No te preocupes por mí. Además, tengo que ir al lavabo.
Alegrándose de poder apartarse un rato de la gente, y sobre todo de las oscuras miradas de los Alfonso, Pau entró en el lavabo de señoras para retocarse un poco.
-Pau: Pero no puedes quedarte aquí escondida para siempre —intentó animarse antes de salir. Cuando iba hacia el salón de baile oyó la voz de
Pedro en uno de los reservados y vaciló un momento, sin saber si seguir o quedarse esperándolo.
Las siguientes palabras tomaron la decisión por ella:
-Fede: Maldita sea, Pedro, no tenes necesidad de casarte con Paula. Cómprale un apartamento hasta que nazca el niño. No te ates a ella, dándole así acceso a todo lo que posees.
Pau se quedó boquiabierta al oír las palabras de Fede.
-Pedro: Vamos a tener un hijo —replicó— Que me case con ella o no, es cosa mía.
-Julieta: ¡No puede casarse con ella! —exclamó— ¿Olvida que le robó y le traicionó? Si necesita algún recordatorio, mire los hoteles que se están levantando en París y en Roma. Sus hoteles. Pero ahora los está levantando la competencia.
Pau tuvo que agarrarse a la pared para no caer al suelo. Como un enjambre de abejas furiosas, retazos de información empezaron a aparecer en su cerebro. Y, de repente, fue como si un dique se rompiera. La puerta que no había podido abrir en sueños se abrió y el pasado apareció rodando a la velocidad de un torrente. Pedro acusándola de haberlo engañado… echándola del apartamento, de su vida. Su secuestro y los meses que había pasado aterrada, esperando que Pedro respondiera a las demandas de los secuestradores. Demandas que él había ignorado…
La había dejado. La había descartado incluso cuando la secuestraron. Medio millón de dólares, calderilla para un hombre como él… pero un dinero que no había querido pagar para que la liberasen. Todo había sido una mentira. Pedro había mentido sin parar desde que despertó en el hospital. No la quería, no estaban prometidos.
Ni siquiera valía medio millón de dólares para él. Su corazón se rompió en mil pedazos al ver que todo lo que había creído se convertía en una mentira. No había intentado salvarla.
El gemido torturado que escapó de su garganta hizo eco en el pasillo. Pau se llevó una mano a los labios, pero era demasiado tarde. Pedro salió al pasillo y, tras él, los demás. Y cuando miró a los ojos de «su prometido» supo que él sabía que lo recordaba todo.
Y empiezan los capitulos decisivos dedicado a la mas hermosa @paaulaypeteer te amo bestia, disfrutenlos y comenten, miren que mañana juega OLIMPIA ♥ en la final de la copa libertadores y solo si hay muchos comentarios voy a subir porque voy a ir a ver el partido con mis amigos, que tengan una linda noche @patty_lovepyp
lunes, 22 de julio de 2013
Capitulo 20- Siempre a tu lado
..................................................................
Pedro los recibió en la puerta del restaurante y, durante el almuerzo, le preguntó qué tal la mañana. Pau le contó los sitios en los que había estado, pero cuando le preguntó qué tal en la oficina, él se mostró vago, reticente, como si no quisiera hablar de su trabajo.
-Pau: Bueno, cuéntame, ¿cómo es la recepción a la que tenemos que ir? ¿Es muy elegante?
-Pedro: Eso depende de a qué llames tú elegante.
-Pau: ¿Puedo ir en vaqueros?
Pedro soltó una carcajada.
-Pedro: Yo no pondría ninguna objeción, pero me temo que te pararían en la puerta. Además, no quiero que los demás te vean con algo que se ajusta tanto a ese precioso trasero tuyo.
-Pau: ¿Entonces debo ponerme un vestido largo?
-Pedro: No te preocupes por eso, hermosa. Yo elegiré un vestido para ti.
-Pau: Prefiero elegirlo yo —sonrió— Y pienso ponerme zapatos de tacón.
-Pedro: No, claro que no. ¿Y si te caes?
-Pau: Entonces mejor descalza —bromeó ella
-Pedro: Y mejor yo debería dejarte encerrada en casa.
Lali tomó la última porción de pasta y dejó el tenedor sobre el plato.
-Pau: Creo que he comido demasiado, pero estaba riquísima.
-Pedro: Deberías engordar un poco. Yo creo que estás muy delgada.
-Pau: ¿Qué? ¿Estás loco? Si engordo un poco más no me cabrá ningún vestido —se tocó el abultado abdomen— ¿Hacen vestidos elegantes para mujeres embarazadas?
-Pedro: Encontraremos algo estupendo, ya lo verás.
-Pau: ¿Cómo es que conoces tantas boutiques?
-Pedro: No esperarás que responda a esa pregunta, ¿verdad? —rió
Al final, resultó que Pedro Alfonso era un experto eligiendo vestidos de noche. Pau se probó una túnica de seda blanca muy sencilla, sujeta por dos tirantitos, y se quedó perpleja por lo bien que le sentaba.
-Pau: Me hace parecer muy embarazada, ¿no?
-Pedro: Estás preciosa —murmuró él— Yo creo que todas las mujeres embarazadas deberían parecerse a ti.
La admiración que veía en sus ojos le vendió el vestido, que fue enviado al apartamento junto con unas sandalias a juego, pero de tacón bajo.
-Pedro: Dime, ¿queres un vestido de novia tradicional?
Pau negó con la cabeza.
-Pau: No, creo que prefiero algo sencillo.
La dependienta le mostró varios diseños, pero se enamoró de un vestido de color melocotón que caía suavemente desde la cintura. Acentuaba su embarazo de tal forma que se sentía guapa y femenina. Y, por la expresión de Pedro, él estaba de acuerdo.
Para su sorpresa, en lugar de volver al coche, entraron en una joyería cercana para comprar unos pendientes y un collar de diamantes para el vestido de novia. Pau se quedó boquiabierta cuando Pedro eligió luego otros pendientes y otro collar, éstos de zafiros, que sugirió se pusiera con el vestido blanco para la recepción.
-Pedro: Quedan preciosos con el color de tus ojos —le dijo al oído— Y por la noche, me gustaría verte con ese collar… y nada más.
Lali se ruborizó y miró alrededor para comprobar que nadie le hubiera oído.
-Pau: La verdad es que me gusta que me mimes tanto —le dijo cuando salieron de la joyería.
-Pedro: Me alegro. Sería una pena que no te gustase algo que tengo intención de seguir haciendo.
Impulsivamente, Pau se apretó contra él en el asiento del coche y le dio un beso en los labios.
-Pau: Lo he pasado muy bien.
-Pedro: Me alegro.
-Pau: ¿Soy una buena cocinera?
-Pedro: ¿Perdona?
-Pau: Nico me ha dicho que cocinaba para ti cuando volvías de algún viaje. ¿Se me da bien?
-Pedro: Hacía tiempo que no pensaba en ello, pero es verdad, solías cocinar para mí cuando volvía de algún viaje —contestó él, con una expresión que le pareció peculiar.
-Pau: ¿Y viajabas mucho?
-Pedro: Me temo que sí. A veces estábamos semanas sin vernos.
-Pau: Qué horror —murmuró— Yo te he echado de menos durante las horas que hemos estado separados esta mañana.
Pedro volvió a besarla.
-Pedro: Y yo te he echado de menos a ti, hermosa.
Pau apoyó la cabeza en su hombro. Estaba un poco cansada, pero no pensaba decírselo porque aún tenían toda la tarde y toda la noche por delante.
Hola aqui el capitulo del dia :) uno menos quedan ... pocos, comenten mucho asi subo otro mañana @patty_lovepyp que tengan una linda noche
Pedro los recibió en la puerta del restaurante y, durante el almuerzo, le preguntó qué tal la mañana. Pau le contó los sitios en los que había estado, pero cuando le preguntó qué tal en la oficina, él se mostró vago, reticente, como si no quisiera hablar de su trabajo.
-Pau: Bueno, cuéntame, ¿cómo es la recepción a la que tenemos que ir? ¿Es muy elegante?
-Pedro: Eso depende de a qué llames tú elegante.
-Pau: ¿Puedo ir en vaqueros?
Pedro soltó una carcajada.
-Pedro: Yo no pondría ninguna objeción, pero me temo que te pararían en la puerta. Además, no quiero que los demás te vean con algo que se ajusta tanto a ese precioso trasero tuyo.
-Pau: ¿Entonces debo ponerme un vestido largo?
-Pedro: No te preocupes por eso, hermosa. Yo elegiré un vestido para ti.
-Pau: Prefiero elegirlo yo —sonrió— Y pienso ponerme zapatos de tacón.
-Pedro: No, claro que no. ¿Y si te caes?
-Pau: Entonces mejor descalza —bromeó ella
-Pedro: Y mejor yo debería dejarte encerrada en casa.
Lali tomó la última porción de pasta y dejó el tenedor sobre el plato.
-Pau: Creo que he comido demasiado, pero estaba riquísima.
-Pedro: Deberías engordar un poco. Yo creo que estás muy delgada.
-Pau: ¿Qué? ¿Estás loco? Si engordo un poco más no me cabrá ningún vestido —se tocó el abultado abdomen— ¿Hacen vestidos elegantes para mujeres embarazadas?
-Pedro: Encontraremos algo estupendo, ya lo verás.
-Pau: ¿Cómo es que conoces tantas boutiques?
-Pedro: No esperarás que responda a esa pregunta, ¿verdad? —rió
Al final, resultó que Pedro Alfonso era un experto eligiendo vestidos de noche. Pau se probó una túnica de seda blanca muy sencilla, sujeta por dos tirantitos, y se quedó perpleja por lo bien que le sentaba.
-Pau: Me hace parecer muy embarazada, ¿no?
-Pedro: Estás preciosa —murmuró él— Yo creo que todas las mujeres embarazadas deberían parecerse a ti.
La admiración que veía en sus ojos le vendió el vestido, que fue enviado al apartamento junto con unas sandalias a juego, pero de tacón bajo.
-Pedro: Dime, ¿queres un vestido de novia tradicional?
Pau negó con la cabeza.
-Pau: No, creo que prefiero algo sencillo.
La dependienta le mostró varios diseños, pero se enamoró de un vestido de color melocotón que caía suavemente desde la cintura. Acentuaba su embarazo de tal forma que se sentía guapa y femenina. Y, por la expresión de Pedro, él estaba de acuerdo.
Para su sorpresa, en lugar de volver al coche, entraron en una joyería cercana para comprar unos pendientes y un collar de diamantes para el vestido de novia. Pau se quedó boquiabierta cuando Pedro eligió luego otros pendientes y otro collar, éstos de zafiros, que sugirió se pusiera con el vestido blanco para la recepción.
-Pedro: Quedan preciosos con el color de tus ojos —le dijo al oído— Y por la noche, me gustaría verte con ese collar… y nada más.
Lali se ruborizó y miró alrededor para comprobar que nadie le hubiera oído.
-Pau: La verdad es que me gusta que me mimes tanto —le dijo cuando salieron de la joyería.
-Pedro: Me alegro. Sería una pena que no te gustase algo que tengo intención de seguir haciendo.
Impulsivamente, Pau se apretó contra él en el asiento del coche y le dio un beso en los labios.
-Pau: Lo he pasado muy bien.
-Pedro: Me alegro.
-Pau: ¿Soy una buena cocinera?
-Pedro: ¿Perdona?
-Pau: Nico me ha dicho que cocinaba para ti cuando volvías de algún viaje. ¿Se me da bien?
-Pedro: Hacía tiempo que no pensaba en ello, pero es verdad, solías cocinar para mí cuando volvía de algún viaje —contestó él, con una expresión que le pareció peculiar.
-Pau: ¿Y viajabas mucho?
-Pedro: Me temo que sí. A veces estábamos semanas sin vernos.
-Pau: Qué horror —murmuró— Yo te he echado de menos durante las horas que hemos estado separados esta mañana.
Pedro volvió a besarla.
-Pedro: Y yo te he echado de menos a ti, hermosa.
Pau apoyó la cabeza en su hombro. Estaba un poco cansada, pero no pensaba decírselo porque aún tenían toda la tarde y toda la noche por delante.
Hola aqui el capitulo del dia :) uno menos quedan ... pocos, comenten mucho asi subo otro mañana @patty_lovepyp que tengan una linda noche
domingo, 21 de julio de 2013
Capitulo 19- Siempre a tu lado
..................................................................
Cuando despertó estaba en una cama diferente. Pau parpadeó al ver que estaba en el dormitorio principal, pero no sabía cómo había llegado allí.
Cuando se sentó en la cama vio a Pedro al otro lado de la habitación, mirándola fijamente.
-Pau: Debía estar más cansada de lo que creía. Ni siquiera me he despertado cuando me trajiste aquí.
-Pedro: A partir de ahora dormirás en nuestra habitación, en nuestra cama.
-Pau: Sí, muy bien. Entré en la otra habitación sin darme cuenta…
-Pedro: Tu sitio está aquí, conmigo.
Pau inclinó a un lado la cabeza. Tenía la impresión de que Pedro no estaba hablando sólo de que se hubiera tumbado en la otra cama. Era casi como si quisiera convencerse a sí mismo, y a otros, de que aquél era, efectivamente, su sitio.
-Pau: A tus hermanos les caigo mal, eso está claro.
-Pedro: Mis hermanos no tienen nada que decir sobre nuestra relación. Además, anunciaré nuestro matrimonio en la recepción, pasado mañana, y nos casaremos dentro de una semana.
Y no había nada que decir porque era una orden, evidentemente.
-Pedro: ¿Por qué no te vistes? Vamos a salir a cenar.
-Pau: ¿Langosta? —sonrió. Y entonces se dio cuenta de lo que había dicho— ¡Me gusta la langosta!
-Pedro: Sí, tenés razón. Te encanta. Yo solía pedirla por teléfono y la comíamos en la cama.
Pau debía admitir que la idea era muy atractiva, pero Pedro la ayudó a levantarse para ir al cuarto de baño. Media hora después, su prometido la escoltaba hasta el vestíbulo del edificio. En la puerta, como siempre, los esperaba una limusina con chófer. Los llevó a un restaurante precioso, donde les dieron una mesa ligeramente apartada de las demás. El local estaba iluminado casi como si fuera Navidad y Pau suspiró, pensando cuánto le gustaban las fiestas. Otro recuerdo, se dio cuenta. Le gustaban las fiestas navideñas. En un mes, todas las tiendas y restaurantes de
Nueva York estarían iluminados y, sin saber por qué, sonrió al imaginar las navidades con Pedro.
-Pedro: Estás perdida en tus pensamientos. Y tenes una sonrisa tan dulce que espero ser yo en quien estás pensando.
-Pau: Estaba imaginando las navidades contigo. Y he recordado que me gusta mucho la Navidad.
-Pedro: Parece que estás recuperando la memoria —dijo él, aunque no parecía excesivamente contento.
-Pau: Sólo algunas cosas, muy poco a poco. Y es más una sensación que un recuerdo de verdad.
-Pedro: Volverá, debes ser paciente.
Pau asintió, aunque era frustrante. Pero, decidida a no estropear la noche, se dijo a sí misma que debía relajarse y disfrutar de la cena y de
Pedro. Sin interrupciones, ni familiares o ayudantes groseras.
-Pedro: ¿Quieres que vayamos de compras mañana?
-Pau: ¿Qué?
-Pedro: Tengo una reunión a primera hora, pero luego podríamos comer juntos e ir a comprar un vestido para la recepción. Y también podríamos mirar vestidos de novia.
No podía imaginar a Pedro de compras con ella y estaba segura de que no era porque no lo recordase.
-Pau: ¿De verdad quieres que vaya a la recepción?
-Pedro: Como pienso anunciar nuestra próxima boda, sería raro que tú no estuvieras allí. A menos que no quieras ir.
-Pau: No, pero es que…
-Pedro: Entonces, está decidido. Iremos de compras mañana… después de que hayas comido bien.
-Pau: Oye, que no soy un cachorro.
-Pedro: No, pero tengo que cuidarte —sonrió él, apretando su mano— Además, eres mi cachorrita… sólo mía.
-Pau: Bueno, me gusta que cuides de mí. Y no me importa ser tu cachorrita.
-Pedro: Eres mía. Eso es lo que eres.
-Pau: Entonces por qué no vamos a casa y me lo demostrás? —susurró soltando una risita juguetona.
--
A la mañana siguiente Pedro se levantó temprano, como era su costumbre, y después de darle un beso en la frente le dijo que volvería a buscarla para comer. Pau siguió durmiendo, pero cuando despertó de nuevo y miró el despertador comprobó que aún era temprano. Quedaban muchas horas antes de que Pedro fuera a buscarla y no tenía la menor intención de pasarlas sentada en el apartamento. Con tantos guardaespaldas, alguno de ellos podría llevarla a dar una vuelta, pensó. Aunque no sabía dónde ir. Entonces se le ocurrió algo: siendo Pedro un obsesionado de la seguridad, alguno de ellos recordaría dónde solía llevarla y las cosas que solía hacer.
Animada, Pau se metió en la ducha y, media hora después, bajaba en el ascensor. En el portal había un hombre alto y fuerte al que reconoció…
Nico, se llamaba.
-Nico: Señorita Chaves.
-Pau: Supongo que Pedro le habrá dicho que… en fin, que perdí la memoria después del accidente.
El hombre asintió con la cabeza.
-Pau: Imagino que yo tenía seguridad antes del accidente.
-Nico: Yo me encargaba personalmente de su protección, señorita Chaves.
-Pau: Ah, estupendo, entonces a lo mejor puede ayudarme. Me gustaría ir a algún sitio, pero la verdad es que no recuerdo dónde solía ir.
Nico sacó el móvil del bolsillo y, después de hablar rápidamente en italiano, asintió un par de veces con la cabeza y le pasó el teléfono.
-Nico: El señor Alfonso quiere hablar con usted.
-Pau: Por el amor de Dios… no ha perdido el tiempo delatándome, ¿eh?
Nico soltó una carcajada.
-Pedro: ¿En qué líos te estás metiendo ahora, hermosa?
-Pau: Ninguno lío. Sólo quería salir un rato pero volveré a la hora de comer, te lo prometo.
-Pedro: Disfruta de la mañana, pero ten cuidado y no te canses. Si vas a llegar tarde dile a Nico que me llame. Así podremos vernos para comer sin que tengas que volver al apartamento.
-Pau: Muy bien, un beso —se despidió, antes de devolverle el teléfono a Nico— Usted y yo tenemos que hablar sobre eso de delatar lo que hago.
-Nico: Le aseguro, señorita Chaves, que ya hemos tenido más de una conversación sobre ese asunto en el pasado.
-Pau: ¿Ah, sí?
Un segundo después un coche se detenía frente al portal. El guardaespaldas le abrió amablemente la puerta y subió al asiento del pasajero.
-Nico: ¿Dónde quiere ir, señorita Chaves?
-Pau: No lo sé. ¿Puede llevarme a todos los sitos a los que solía ir antes?
-Nico: Muy bien.
La primera parada fue una cafetería a unas manzanas del apartamento. Nico y otro hombre de seguridad la escoltaron al interior.
Era un sitio alegre, lleno de gente, y Pau se imaginó a sí misma en un local así. Pero no despertaba recuerdo alguno. Suspirando, se volvió para decirle a Nico que quería seguir con su excursión. La siguiente parada fue en un mercado y eso sí la dejó realmente sorprendida.
-Nico: Le gusta cocinar, señorita Chaves. Particularmente cuando el señor Alfonso ha estado fuera de Nueva York durante mucho tiempo.
Solíamos venir aquí para que comprase los ingredientes que necesitaba… y luego me hacía llevar las bolsas.
-Pau: ¿Era muy antipática? —rió.
-Nico: No, al contrario. Era un placer acompañarla.
-Pau: Vaya, por fin alguien que no me odia —suspiró ella— ¿Dónde vamos ahora?
Visitaron una biblioteca y una tiendita de arte y, aunque se imaginaba a sí misma en esos sitios, no despertaban ningún recuerdo. Sin embargo, cuando el coche se detuvo a la entrada de un parque, de repente sintió una oleada de pánico.
-Nico: ¿Se encuentra bien?
-Pau: Sí, sí…
-Nico: Tal vez deberíamos volver al apartamento. Es casi la hora del almuerzo.
-Pau: No —dijo saliendo del coche. Quería estar allí. Necesitaba estar allí. Algo en aquel sitio provocaba una especie de tambor en su mente, aunque fuera desagradable.
Mientras recorría un camino de tierra se envolvió en el abrigo. Hacía sol, pero tenía frío, un frío que le llegaba hasta el alma. Tras ella, Nico la seguía. Pau miró un banco de piedra al lado de una estatua y se acercó a él, sin saber muy bien por qué. Después de sentarse puso las manos sobre la fría piedra y, al mirar hacia delante, se rio embargada por una ola de tristeza. No tenía sentido, pero sabía que había estado allí antes, en aquel mismo sitio. Y sabía que había sentido miedo, inseguridad. El recuerdo estaba tan cerca que podía sentir el peso de esa tristeza, de esa indecisión.
-Nico: ¿Se encuentra bien? ¿Quiere que llame al señor Alfonso?
-Pau: No, estoy bien. Pero noto que he estado aquí antes.
Nico asintió, preocupado.
-Nico: Solía sentarse aquí a menudo… en este mismo banco, para pensar.
-Pau: ¿Por qué? ¿Tenía mucho en lo que pensar?
El hombre miró su reloj.
-Nico: Deje que llame al señor Alfonso para decirle que iremos directamente al restaurante.
Pau no puso objeción alguna cuando el hombre la ayudó a levantarse y, en lugar de caminar tras ella, la tomó del brazo para llevarla al coche.
-Pau: No hace falta que preocupe a Pedro. Si le dice que estoy triste me obligará a meterme en la cama… ésa es su solución para todo. Además, no quiero. Vamos a ir de compras. Tengo que comprarme un vestido de novia y no puedo hacerlo desde la cama.
Sonriendo, Nico cerró la puerta y volvió a su asiento.
-Nico: Si el señor Alfonso pregunta, le diré que hemos pasado el día dando vueltas por Nueva York.
-Pau: Ya sabía yo que había una razón para que me cayera usted bien —suspiró.
Hola aqui el capitulo del dia :) gracias por los comentarios, empieza la cuanta regresiva, el final esta cerca y se vienen los capitulos decisivos, disfrutenlos y comenten mucho asi subo otro mañana @patty_lovepyp
Cuando despertó estaba en una cama diferente. Pau parpadeó al ver que estaba en el dormitorio principal, pero no sabía cómo había llegado allí.
Cuando se sentó en la cama vio a Pedro al otro lado de la habitación, mirándola fijamente.
-Pau: Debía estar más cansada de lo que creía. Ni siquiera me he despertado cuando me trajiste aquí.
-Pedro: A partir de ahora dormirás en nuestra habitación, en nuestra cama.
-Pau: Sí, muy bien. Entré en la otra habitación sin darme cuenta…
-Pedro: Tu sitio está aquí, conmigo.
Pau inclinó a un lado la cabeza. Tenía la impresión de que Pedro no estaba hablando sólo de que se hubiera tumbado en la otra cama. Era casi como si quisiera convencerse a sí mismo, y a otros, de que aquél era, efectivamente, su sitio.
-Pau: A tus hermanos les caigo mal, eso está claro.
-Pedro: Mis hermanos no tienen nada que decir sobre nuestra relación. Además, anunciaré nuestro matrimonio en la recepción, pasado mañana, y nos casaremos dentro de una semana.
Y no había nada que decir porque era una orden, evidentemente.
-Pedro: ¿Por qué no te vistes? Vamos a salir a cenar.
-Pau: ¿Langosta? —sonrió. Y entonces se dio cuenta de lo que había dicho— ¡Me gusta la langosta!
-Pedro: Sí, tenés razón. Te encanta. Yo solía pedirla por teléfono y la comíamos en la cama.
Pau debía admitir que la idea era muy atractiva, pero Pedro la ayudó a levantarse para ir al cuarto de baño. Media hora después, su prometido la escoltaba hasta el vestíbulo del edificio. En la puerta, como siempre, los esperaba una limusina con chófer. Los llevó a un restaurante precioso, donde les dieron una mesa ligeramente apartada de las demás. El local estaba iluminado casi como si fuera Navidad y Pau suspiró, pensando cuánto le gustaban las fiestas. Otro recuerdo, se dio cuenta. Le gustaban las fiestas navideñas. En un mes, todas las tiendas y restaurantes de
Nueva York estarían iluminados y, sin saber por qué, sonrió al imaginar las navidades con Pedro.
-Pedro: Estás perdida en tus pensamientos. Y tenes una sonrisa tan dulce que espero ser yo en quien estás pensando.
-Pau: Estaba imaginando las navidades contigo. Y he recordado que me gusta mucho la Navidad.
-Pedro: Parece que estás recuperando la memoria —dijo él, aunque no parecía excesivamente contento.
-Pau: Sólo algunas cosas, muy poco a poco. Y es más una sensación que un recuerdo de verdad.
-Pedro: Volverá, debes ser paciente.
Pau asintió, aunque era frustrante. Pero, decidida a no estropear la noche, se dijo a sí misma que debía relajarse y disfrutar de la cena y de
Pedro. Sin interrupciones, ni familiares o ayudantes groseras.
-Pedro: ¿Quieres que vayamos de compras mañana?
-Pau: ¿Qué?
-Pedro: Tengo una reunión a primera hora, pero luego podríamos comer juntos e ir a comprar un vestido para la recepción. Y también podríamos mirar vestidos de novia.
No podía imaginar a Pedro de compras con ella y estaba segura de que no era porque no lo recordase.
-Pau: ¿De verdad quieres que vaya a la recepción?
-Pedro: Como pienso anunciar nuestra próxima boda, sería raro que tú no estuvieras allí. A menos que no quieras ir.
-Pau: No, pero es que…
-Pedro: Entonces, está decidido. Iremos de compras mañana… después de que hayas comido bien.
-Pau: Oye, que no soy un cachorro.
-Pedro: No, pero tengo que cuidarte —sonrió él, apretando su mano— Además, eres mi cachorrita… sólo mía.
-Pau: Bueno, me gusta que cuides de mí. Y no me importa ser tu cachorrita.
-Pedro: Eres mía. Eso es lo que eres.
-Pau: Entonces por qué no vamos a casa y me lo demostrás? —susurró soltando una risita juguetona.
--
A la mañana siguiente Pedro se levantó temprano, como era su costumbre, y después de darle un beso en la frente le dijo que volvería a buscarla para comer. Pau siguió durmiendo, pero cuando despertó de nuevo y miró el despertador comprobó que aún era temprano. Quedaban muchas horas antes de que Pedro fuera a buscarla y no tenía la menor intención de pasarlas sentada en el apartamento. Con tantos guardaespaldas, alguno de ellos podría llevarla a dar una vuelta, pensó. Aunque no sabía dónde ir. Entonces se le ocurrió algo: siendo Pedro un obsesionado de la seguridad, alguno de ellos recordaría dónde solía llevarla y las cosas que solía hacer.
Animada, Pau se metió en la ducha y, media hora después, bajaba en el ascensor. En el portal había un hombre alto y fuerte al que reconoció…
Nico, se llamaba.
-Nico: Señorita Chaves.
-Pau: Supongo que Pedro le habrá dicho que… en fin, que perdí la memoria después del accidente.
El hombre asintió con la cabeza.
-Pau: Imagino que yo tenía seguridad antes del accidente.
-Nico: Yo me encargaba personalmente de su protección, señorita Chaves.
-Pau: Ah, estupendo, entonces a lo mejor puede ayudarme. Me gustaría ir a algún sitio, pero la verdad es que no recuerdo dónde solía ir.
Nico sacó el móvil del bolsillo y, después de hablar rápidamente en italiano, asintió un par de veces con la cabeza y le pasó el teléfono.
-Nico: El señor Alfonso quiere hablar con usted.
-Pau: Por el amor de Dios… no ha perdido el tiempo delatándome, ¿eh?
Nico soltó una carcajada.
-Pedro: ¿En qué líos te estás metiendo ahora, hermosa?
-Pau: Ninguno lío. Sólo quería salir un rato pero volveré a la hora de comer, te lo prometo.
-Pedro: Disfruta de la mañana, pero ten cuidado y no te canses. Si vas a llegar tarde dile a Nico que me llame. Así podremos vernos para comer sin que tengas que volver al apartamento.
-Pau: Muy bien, un beso —se despidió, antes de devolverle el teléfono a Nico— Usted y yo tenemos que hablar sobre eso de delatar lo que hago.
-Nico: Le aseguro, señorita Chaves, que ya hemos tenido más de una conversación sobre ese asunto en el pasado.
-Pau: ¿Ah, sí?
Un segundo después un coche se detenía frente al portal. El guardaespaldas le abrió amablemente la puerta y subió al asiento del pasajero.
-Nico: ¿Dónde quiere ir, señorita Chaves?
-Pau: No lo sé. ¿Puede llevarme a todos los sitos a los que solía ir antes?
-Nico: Muy bien.
La primera parada fue una cafetería a unas manzanas del apartamento. Nico y otro hombre de seguridad la escoltaron al interior.
Era un sitio alegre, lleno de gente, y Pau se imaginó a sí misma en un local así. Pero no despertaba recuerdo alguno. Suspirando, se volvió para decirle a Nico que quería seguir con su excursión. La siguiente parada fue en un mercado y eso sí la dejó realmente sorprendida.
-Nico: Le gusta cocinar, señorita Chaves. Particularmente cuando el señor Alfonso ha estado fuera de Nueva York durante mucho tiempo.
Solíamos venir aquí para que comprase los ingredientes que necesitaba… y luego me hacía llevar las bolsas.
-Pau: ¿Era muy antipática? —rió.
-Nico: No, al contrario. Era un placer acompañarla.
-Pau: Vaya, por fin alguien que no me odia —suspiró ella— ¿Dónde vamos ahora?
Visitaron una biblioteca y una tiendita de arte y, aunque se imaginaba a sí misma en esos sitios, no despertaban ningún recuerdo. Sin embargo, cuando el coche se detuvo a la entrada de un parque, de repente sintió una oleada de pánico.
-Nico: ¿Se encuentra bien?
-Pau: Sí, sí…
-Nico: Tal vez deberíamos volver al apartamento. Es casi la hora del almuerzo.
-Pau: No —dijo saliendo del coche. Quería estar allí. Necesitaba estar allí. Algo en aquel sitio provocaba una especie de tambor en su mente, aunque fuera desagradable.
Mientras recorría un camino de tierra se envolvió en el abrigo. Hacía sol, pero tenía frío, un frío que le llegaba hasta el alma. Tras ella, Nico la seguía. Pau miró un banco de piedra al lado de una estatua y se acercó a él, sin saber muy bien por qué. Después de sentarse puso las manos sobre la fría piedra y, al mirar hacia delante, se rio embargada por una ola de tristeza. No tenía sentido, pero sabía que había estado allí antes, en aquel mismo sitio. Y sabía que había sentido miedo, inseguridad. El recuerdo estaba tan cerca que podía sentir el peso de esa tristeza, de esa indecisión.
-Nico: ¿Se encuentra bien? ¿Quiere que llame al señor Alfonso?
-Pau: No, estoy bien. Pero noto que he estado aquí antes.
Nico asintió, preocupado.
-Nico: Solía sentarse aquí a menudo… en este mismo banco, para pensar.
-Pau: ¿Por qué? ¿Tenía mucho en lo que pensar?
El hombre miró su reloj.
-Nico: Deje que llame al señor Alfonso para decirle que iremos directamente al restaurante.
Pau no puso objeción alguna cuando el hombre la ayudó a levantarse y, en lugar de caminar tras ella, la tomó del brazo para llevarla al coche.
-Pau: No hace falta que preocupe a Pedro. Si le dice que estoy triste me obligará a meterme en la cama… ésa es su solución para todo. Además, no quiero. Vamos a ir de compras. Tengo que comprarme un vestido de novia y no puedo hacerlo desde la cama.
Sonriendo, Nico cerró la puerta y volvió a su asiento.
-Nico: Si el señor Alfonso pregunta, le diré que hemos pasado el día dando vueltas por Nueva York.
-Pau: Ya sabía yo que había una razón para que me cayera usted bien —suspiró.
Hola aqui el capitulo del dia :) gracias por los comentarios, empieza la cuanta regresiva, el final esta cerca y se vienen los capitulos decisivos, disfrutenlos y comenten mucho asi subo otro mañana @patty_lovepyp
viernes, 19 de julio de 2013
Capitulo 18- Siempre a tu lado
..................................................................
Pedro colgó el teléfono y se apoyó en el respaldo del sillón, mirando al techo. Tenía que volver a Nueva York.
Fede había llamado para darle la noticia un minuto antes y él la recibió con un disgusto que le resultaba nuevo. Además, había tenido que contar
a sus hermanos que faltaba otro plano y estaban comprensiblemente furiosos. Con Pau ¿Cómo reaccionarían al saber que iba a casarse con ella?
Pedro se debatía entre llevar a Pau con él o dejarla en la isla, lejos de la oportunidad de recordar algo. Lejos de la animosidad de sus hermanos.
Si hacía eso sería un egoísta, pero sabía que cuando recuperase la memoria, y los médicos le habían dicho que sería así tarde o temprano, todo
cambiaría entre ellos de forma irrevocable. Debería estar furioso con ella y mantener las distancias, pero Pau había logrado romper esa distancia
durante aquellos días en la isla. Aunque lo avergonzaba admitirlo, le daba igual que le hubiese mentido, que le hubiese robado. Quería que las
cosas siguieran como hasta aquel momento y, si Pau recordaba, se verían obligados a enfrentarse con el pasado.
Y la perdería.
Eso lo molestaba mucho más de lo que era sensato, pensó. Pero Pau estaba embarazada de su hija y ésa debería ser razón suficiente para no
querer que las cosas se enfriasen entre ellos.
Aquellos días con Pau en la isla lo habían devuelto a un pasado agradable, antes de la noche en la que descubrió la verdad. En realidad, nunca
había apreciado lo suficiente su relación con ella, pero ahora sabía cuánto le gustaba tenerla a su lado. Pau era divertida, alegre, dulce, cariñosa.
Todo lo que deseaba para la madre de su hijo.
Pero lo había traicionado. Siempre tenía que volver a eso, por mucho que intentase olvidar.
-Pau: ¿Pedro?
Él levanto la cabeza al oír su voz en la puerta del estudio.
-Pedro: ¿Qué queres, hermosa?
-Pau: ¿Te encontras bien? —le preguntó, acercándose al escritorio.
-Pedro: Sí, claro. Ven aquí —tomó su mano para sentarla en sus rodillas— Tengo que volver a Nueva York.
-Pau: ¿Cuándo?
-Pedro: Por la mañana. Un dignatario extranjero con el que estamos negociando para un proyecto en Brasil va a acudir a una recepción en el
Imperial Park. Pablo y Vico podrían encargarse de todo, pero quiere verme personalmente. Así que me temo que debo ir.
Pau parecía tan decepcionada que, incluso sin saber si debía llevarla o no, Pedro se encontró diciendo:
-Pedro: Podrías venir conmigo.
-Pau: ¿En serio? —los ojos marrones se iluminaron.
-Pedro: Claro que sí. Así podríamos anunciar nuestros planes de boda… incluso podríamos casarnos en Nueva York.
-Pau: Eso me gustaría mucho.
-Pedro: Le diré al doctor Torre que puede volver a Italia. Creo que ya no lo necesitamos.
-Pau: ¿Y Emi? No es que no me caiga bien, pero el doctor Mariano y ella se han llevado de maravilla… a lo mejor le gustaría conocer Italia.
-Pedro: Muy bien, extenderé la oferta.
-Pau: Entonces sí, iré contigo —le echó los brazos al cuello para besarlo… pero antes de que las cosas se calentasen demasiado se levantó de un
salto— ¡Tengo que hacer la maleta!
-: Espera, tienes mucho tiempo.
Aun así, Pau salió corriendo del estudio y Pedro se quedó mirando la puerta mucho después de que hubiera desaparecido. Debería sentirse
aliviado porque pronto iba a casarse y Pau estaría atada a él, pero no podía librarse de aquel extraño desasosiego…
El jet aterrizó en Nueva York por la tarde y una limusina estaba esperándolos en la pista, como de costumbre. Un hombre alto y de aspecto
formidable esperaba frente al coche y, cuando se acercaban, Pau vio que tenía gran parecido con Pedro.
-Pedro: Nan, no esperaba verte aquí. Qué sorpresa.
-Nan: ¿No puedo venir a recibir a mi hermano?
Pedro tomó a Pau por la cintura.
-Pedro: Te presento a Pau. Pau, éste es mi hermano Nan.
-Pau: Encantada —sonrió ella.
Hernan Alfonso no le devolvió la sonrisa; al contrario, la miraba con gesto adusto, casi enfadado. Y, por instinto, Pau se apoyo en Pedro. Cuando
Nan bajó la mirada y vio el anillo de compromiso en su dedo miró a su hermano como esperando una explicación.
-Pedro: ¿Te importaría mostrarte mínimamente civilizado? —le pidió a su hermano en voz baja.
-Nan: Encantado de conocerte —dijo por fin, aunque su lenguaje corporal decía todo lo contrario.
Pau miró a Pedro cuando su hermano se alejó para subir a otro coche aparcado a cierta distancia.
-Pau: ¿Por qué se porta así conmigo? ¿Qué le he hecho?
-Pedro: Nada, no le has hecho nada. Siento que mi hermano haya sido tan grosero, pero no volverá a pasar.
-Pau: ¿Pero por qué ha sido grosero conmigo? —insistió ella— ¿Nos hemos visto alguna vez? Bueno, supongo que nos habremos visto, ¿no? ¿He
hecho algo que lo ofendiera en el pasado?
Pedro le hizo un gesto para que entrase en el coche.
-Pedro: No se conocían. Y no te preocupes, vos no has hecho nada. Es que Nan es así…
En ese momento sonó su móvil y Pedro se apresuró a contestar, como deseando terminar con aquella conversación. Pero Pau apretó los labios,
molesta. Allí ocurría algo muy extraño. ¿Por qué el hermano de su prometido se mostraba tan antipático con ella? ¿Y por qué no se conocían?
No era normal que no conociese a la familia de su prometido, el padre de su hijo.
Dejándose caer sobre el asiento de la limusina, Pau suspiró, frustrada. Estaba decidida a encontrar respuestas a todas esas preguntas y, con un
poco de suerte, apartar la roca que parecía clavada en su cerebro y le impedía recordar. Tenía que haber alguna manera de liberar sus
recuerdos y si la había estaba dispuesta a encontrarla. Preferiblemente, antes de casarse con Pedro. Sin embargo, había más sorpresas cuando
llegaron al ático. Julieta, naturalmente. ¿Estaría condenada a ver a esa mujer cada vez que entrase en su casa?
Julieta sonrió, aunque a Pau no le pasó desapercibido que la sonrisa era sólo para Pedro. Pero se quedó a su lado mientras la ayudante recitaba
una serie de reuniones, llamadas urgentes y contratos que requerían su atención. Esta vez no se marcharía, no le daría otra victoria.
¿Por qué le caía mal a la ayudante de su prometido?, se preguntó. ¿Por qué parecía caerle mal a todo el mundo?
Por fin, Julieeta se despidió y Pau dejó escapar un suspiro de alivio. Pero las puertas del ascensor se abrieron de nuevo y otro hombre, también
de gran parecido con Peter, entró en el ático. Pau estuvo a punto de preguntarle a Pedro cuánta gente tenía acceso a su casa, pero se mordió la
lengua.
-Pedro: Esto parece un hotel —bromeó él, como si hubiera leído sus pensamientos.
Mientras la desaprobación de Nan había sido más o menos sutil, no había nada sutil en el gesto brusco del hombre al que Pedro presentó como
su hermano Fede.
-Fede: ¿Puedo hablar contigo un momento… a solas?
-Pau: No se preocupen por mí —dijo mientras se dirigía al dormitorio— Yo tengo cosas que hacer.
Mientras cerraba la puerta oyó la voz de Pedro, enfadado, y vaciló un momento, preguntándose si debería escuchar la conversación… pero
decidió no hacerlo. Suspirando, se volvió para mirar la habitación en la que Pedro la había instalado cuando salió del hospital.
Sin saber qué hacer, se quitó los zapatos y se tumbó en la cama. El viaje no había sido agotador precisamente, pero le apetecía tumbarse un
rato. Empezaba a dolerle la cabeza por la tensión y sólo quería cerrar los ojos durante unos minutos. Tal vez cuando despertase, con un poco de
suerte, no habría más visitas en el apartamento.
Hola aqui los capitulos prometidos :) gracias por los comentarios y espero que lo sigan haciendo, nos leemos mañana @patty_lovepyp
Pedro colgó el teléfono y se apoyó en el respaldo del sillón, mirando al techo. Tenía que volver a Nueva York.
Fede había llamado para darle la noticia un minuto antes y él la recibió con un disgusto que le resultaba nuevo. Además, había tenido que contar
a sus hermanos que faltaba otro plano y estaban comprensiblemente furiosos. Con Pau ¿Cómo reaccionarían al saber que iba a casarse con ella?
Pedro se debatía entre llevar a Pau con él o dejarla en la isla, lejos de la oportunidad de recordar algo. Lejos de la animosidad de sus hermanos.
Si hacía eso sería un egoísta, pero sabía que cuando recuperase la memoria, y los médicos le habían dicho que sería así tarde o temprano, todo
cambiaría entre ellos de forma irrevocable. Debería estar furioso con ella y mantener las distancias, pero Pau había logrado romper esa distancia
durante aquellos días en la isla. Aunque lo avergonzaba admitirlo, le daba igual que le hubiese mentido, que le hubiese robado. Quería que las
cosas siguieran como hasta aquel momento y, si Pau recordaba, se verían obligados a enfrentarse con el pasado.
Y la perdería.
Eso lo molestaba mucho más de lo que era sensato, pensó. Pero Pau estaba embarazada de su hija y ésa debería ser razón suficiente para no
querer que las cosas se enfriasen entre ellos.
Aquellos días con Pau en la isla lo habían devuelto a un pasado agradable, antes de la noche en la que descubrió la verdad. En realidad, nunca
había apreciado lo suficiente su relación con ella, pero ahora sabía cuánto le gustaba tenerla a su lado. Pau era divertida, alegre, dulce, cariñosa.
Todo lo que deseaba para la madre de su hijo.
Pero lo había traicionado. Siempre tenía que volver a eso, por mucho que intentase olvidar.
-Pau: ¿Pedro?
Él levanto la cabeza al oír su voz en la puerta del estudio.
-Pedro: ¿Qué queres, hermosa?
-Pau: ¿Te encontras bien? —le preguntó, acercándose al escritorio.
-Pedro: Sí, claro. Ven aquí —tomó su mano para sentarla en sus rodillas— Tengo que volver a Nueva York.
-Pau: ¿Cuándo?
-Pedro: Por la mañana. Un dignatario extranjero con el que estamos negociando para un proyecto en Brasil va a acudir a una recepción en el
Imperial Park. Pablo y Vico podrían encargarse de todo, pero quiere verme personalmente. Así que me temo que debo ir.
Pau parecía tan decepcionada que, incluso sin saber si debía llevarla o no, Pedro se encontró diciendo:
-Pedro: Podrías venir conmigo.
-Pau: ¿En serio? —los ojos marrones se iluminaron.
-Pedro: Claro que sí. Así podríamos anunciar nuestros planes de boda… incluso podríamos casarnos en Nueva York.
-Pau: Eso me gustaría mucho.
-Pedro: Le diré al doctor Torre que puede volver a Italia. Creo que ya no lo necesitamos.
-Pau: ¿Y Emi? No es que no me caiga bien, pero el doctor Mariano y ella se han llevado de maravilla… a lo mejor le gustaría conocer Italia.
-Pedro: Muy bien, extenderé la oferta.
-Pau: Entonces sí, iré contigo —le echó los brazos al cuello para besarlo… pero antes de que las cosas se calentasen demasiado se levantó de un
salto— ¡Tengo que hacer la maleta!
-: Espera, tienes mucho tiempo.
Aun así, Pau salió corriendo del estudio y Pedro se quedó mirando la puerta mucho después de que hubiera desaparecido. Debería sentirse
aliviado porque pronto iba a casarse y Pau estaría atada a él, pero no podía librarse de aquel extraño desasosiego…
El jet aterrizó en Nueva York por la tarde y una limusina estaba esperándolos en la pista, como de costumbre. Un hombre alto y de aspecto
formidable esperaba frente al coche y, cuando se acercaban, Pau vio que tenía gran parecido con Pedro.
-Pedro: Nan, no esperaba verte aquí. Qué sorpresa.
-Nan: ¿No puedo venir a recibir a mi hermano?
Pedro tomó a Pau por la cintura.
-Pedro: Te presento a Pau. Pau, éste es mi hermano Nan.
-Pau: Encantada —sonrió ella.
Hernan Alfonso no le devolvió la sonrisa; al contrario, la miraba con gesto adusto, casi enfadado. Y, por instinto, Pau se apoyo en Pedro. Cuando
Nan bajó la mirada y vio el anillo de compromiso en su dedo miró a su hermano como esperando una explicación.
-Pedro: ¿Te importaría mostrarte mínimamente civilizado? —le pidió a su hermano en voz baja.
-Nan: Encantado de conocerte —dijo por fin, aunque su lenguaje corporal decía todo lo contrario.
Pau miró a Pedro cuando su hermano se alejó para subir a otro coche aparcado a cierta distancia.
-Pau: ¿Por qué se porta así conmigo? ¿Qué le he hecho?
-Pedro: Nada, no le has hecho nada. Siento que mi hermano haya sido tan grosero, pero no volverá a pasar.
-Pau: ¿Pero por qué ha sido grosero conmigo? —insistió ella— ¿Nos hemos visto alguna vez? Bueno, supongo que nos habremos visto, ¿no? ¿He
hecho algo que lo ofendiera en el pasado?
Pedro le hizo un gesto para que entrase en el coche.
-Pedro: No se conocían. Y no te preocupes, vos no has hecho nada. Es que Nan es así…
En ese momento sonó su móvil y Pedro se apresuró a contestar, como deseando terminar con aquella conversación. Pero Pau apretó los labios,
molesta. Allí ocurría algo muy extraño. ¿Por qué el hermano de su prometido se mostraba tan antipático con ella? ¿Y por qué no se conocían?
No era normal que no conociese a la familia de su prometido, el padre de su hijo.
Dejándose caer sobre el asiento de la limusina, Pau suspiró, frustrada. Estaba decidida a encontrar respuestas a todas esas preguntas y, con un
poco de suerte, apartar la roca que parecía clavada en su cerebro y le impedía recordar. Tenía que haber alguna manera de liberar sus
recuerdos y si la había estaba dispuesta a encontrarla. Preferiblemente, antes de casarse con Pedro. Sin embargo, había más sorpresas cuando
llegaron al ático. Julieta, naturalmente. ¿Estaría condenada a ver a esa mujer cada vez que entrase en su casa?
Julieta sonrió, aunque a Pau no le pasó desapercibido que la sonrisa era sólo para Pedro. Pero se quedó a su lado mientras la ayudante recitaba
una serie de reuniones, llamadas urgentes y contratos que requerían su atención. Esta vez no se marcharía, no le daría otra victoria.
¿Por qué le caía mal a la ayudante de su prometido?, se preguntó. ¿Por qué parecía caerle mal a todo el mundo?
Por fin, Julieeta se despidió y Pau dejó escapar un suspiro de alivio. Pero las puertas del ascensor se abrieron de nuevo y otro hombre, también
de gran parecido con Peter, entró en el ático. Pau estuvo a punto de preguntarle a Pedro cuánta gente tenía acceso a su casa, pero se mordió la
lengua.
-Pedro: Esto parece un hotel —bromeó él, como si hubiera leído sus pensamientos.
Mientras la desaprobación de Nan había sido más o menos sutil, no había nada sutil en el gesto brusco del hombre al que Pedro presentó como
su hermano Fede.
-Fede: ¿Puedo hablar contigo un momento… a solas?
-Pau: No se preocupen por mí —dijo mientras se dirigía al dormitorio— Yo tengo cosas que hacer.
Mientras cerraba la puerta oyó la voz de Pedro, enfadado, y vaciló un momento, preguntándose si debería escuchar la conversación… pero
decidió no hacerlo. Suspirando, se volvió para mirar la habitación en la que Pedro la había instalado cuando salió del hospital.
Sin saber qué hacer, se quitó los zapatos y se tumbó en la cama. El viaje no había sido agotador precisamente, pero le apetecía tumbarse un
rato. Empezaba a dolerle la cabeza por la tensión y sólo quería cerrar los ojos durante unos minutos. Tal vez cuando despertase, con un poco de
suerte, no habría más visitas en el apartamento.
Hola aqui los capitulos prometidos :) gracias por los comentarios y espero que lo sigan haciendo, nos leemos mañana @patty_lovepyp
Capitulo 17- Siempre a tu lado
..................................................................
Pedro entró en su estudio y miró a Julieta, irritado.
-Pedro: No me gustó nada esta intrusión —le advirtió— No ha habido llamada de teléfono ni advertencia alguna de que fueras a venir.
Julieta se puso pálida.
-Julieta: Lo siento, yo…
-Pedro: Esta es mi casa y vos no podes entrar aquí cuando quieras. ¿Queda claro?
-Julieta: Sí, por supuesto.
-Pedro: Bueno, dime qué es eso tan importante que no podías contarme por teléfono.
-Julieta: He descubierto que han desaparecido otros planos.
-Pedro: ¿Qué? —exclamó— ¿Qué planos?
-Julieta: Son unos planos antiguos, un diseño que usted había descartado para el hotel de Río de Janeiro. Pero supongo que Paula se los vendió a Marcelli, junto con los otros, porque el hotel que está construyendo en Roma se parece mucho.
Pedro tuvo que hacer un esfuerzo para contenerse.
-Pedro: ¿Mis hermanos saben algo de esto?
Julieta negó con la cabeza.
-Julieta: Pensé que querría contárselo usted mismo.
Cada vez que pensaba que había olvidado la traición de Pau, el pasado volvía para castigarlo. Por mucho que quisiera olvidar y seguir adelante, el pasado siempre volvía como un fantasma.
Aunque en la oficina era tremendamente escrupuloso, con Pau siempre se había mostrado relajado, sin pensar en proteger sus intereses. ¿Cómo iban a forjar un futuro si no podía confiar en ella? ¿Estaba siendo un ingenuo por intentar establecer una relación cuando todo podía venirse abajo en cuanto recuperase la memoria?
Sin embargo, había algo que no podía olvidar: la expresión de Pau la última noche, cuando la echó de su casa. El horror, la perplejidad en su rostro. ¿Alguien podía fingir tan bien?
-Julieta: No vas a dejar que lo haga otra vez, ¿verdad, Pedro?
Le sorprendió que lo llamase por su nombre de pila, pero la voz de Julieta parecía llegar desde muy lejos.
-Pedro: No, no volverá a pasar —replicó él, pero no enfadado con Pau, sino con su ayudante, por prevenirlo contra ella.
-Julieta: Sólo espero que no arruine los planes para Río de Janeiro.
-Pedro: No creo que eso deba preocuparte, Julieta.
Ella hizo una mueca.
-Julieta: Esta compañía, este trabajo, son muy importantes para mí. He trabajado mucho, señor Alfonso. Usted sabe que trabajé muchísimo en el proyecto de París.
Pedro dejó escapar un suspiro.
-Pedro: Sí, tenes razón. Pero aun así, te ruego que no interfieras en mi vida privada. Si no tienes nada más que decirme, voy a llamar al helicóptero para que te lleve de vuelta.
Julieta parecía a punto de protestar, pero no lo hizo.
Media hora después, Pedro la escoltaba hasta el helipuerto y, en cuanto el helicóptero despegó, volvió a la casa.
Su rabia y su incertidumbre se evaporaron cuando entró en el dormitorio y encontró a Pau sentada en la cama, envuelta en una toalla.
-Pedro: ¿Aún no te has vestido?
Ella sonrió, aunque la sonrisa no iluminaba sus ojos. Sus preciosos ojos marrones que habían brillado de alegría unos minutos antes, en la piscina, ahora parecían opacos.
-Pau: La mía es una situación imposible —le confesó.
-Pedro: ¿Qué queres decir?
-Pau: No me gusta que esa chica entre y salga de tu casa cuando le parece. Esta es nuestra casa, deberíamos poder hacer el amor… o lo que queramos sin que Julieta entre de repente.
-Pedro: Sí, tenes razón…
-Pau: Siempre que ella aparece, tú te vuelves distante. Las últimas semanas habían sido maravillosas y ahora, de repente, aparece tu ayudante de nuevo y ya puedo notar cómo te apartas de mí. ¡Y no puedo soportarlo!
Pedro se quedó en silencio porque lo que había dicho era absolutamente cierto. La presencia de Julieta siempre le recordaba el pasado.
-Pedro: Lo siento, hermosa. Siento que su presencia te moleste y que yo no me haya dado cuenta —se disculpó— Pero no volverá a pasar, te lo aseguro. Le he dicho que no puede entrar en mi casa sin avisar.
-Pau: Sin recuerdos a los que agarrarme, esta situación hace que me sienta… insegura. No puedo decirme a mí misma: «no pasa nada, Pau son tonterías. Claro que Pedro no tiene una aventura con su ayudante».
-Pedro: ¿Crees que tengo una aventura con Julieta? —exclamó él.
-Lali: No lo sé.
Pedro la tomó entre sus brazos, pero no sabía qué decir. Asegurarle que no había nada entre Julieta y él no iba a convencerla. Además, no debía olvidar que Pau había robado los planos de sus hoteles para vendérselos a Marcelli.
Era una situación imposible. Pero lo que más lo sorprendía era la rabia que había provocado en él la actitud de Julieta. Su primera reacción había sido defender a Pau… ¿pero cómo iba a hacerlo si Julieta tenía razón?
Lo único que sabía era que no quería hacerle daño a Pau. Aunque sonase estúpido después de lo que ella le había hecho, quería borrar la tristeza de sus ojos. No podía borrar el pasado, pero sí podía evitar que Julieta fuese el detonante de las peleas entre los dos, de modo que Julieta no volvería a la isla.
Pedro entró en su estudio y miró a Julieta, irritado.
-Pedro: No me gustó nada esta intrusión —le advirtió— No ha habido llamada de teléfono ni advertencia alguna de que fueras a venir.
Julieta se puso pálida.
-Julieta: Lo siento, yo…
-Pedro: Esta es mi casa y vos no podes entrar aquí cuando quieras. ¿Queda claro?
-Julieta: Sí, por supuesto.
-Pedro: Bueno, dime qué es eso tan importante que no podías contarme por teléfono.
-Julieta: He descubierto que han desaparecido otros planos.
-Pedro: ¿Qué? —exclamó— ¿Qué planos?
-Julieta: Son unos planos antiguos, un diseño que usted había descartado para el hotel de Río de Janeiro. Pero supongo que Paula se los vendió a Marcelli, junto con los otros, porque el hotel que está construyendo en Roma se parece mucho.
Pedro tuvo que hacer un esfuerzo para contenerse.
-Pedro: ¿Mis hermanos saben algo de esto?
Julieta negó con la cabeza.
-Julieta: Pensé que querría contárselo usted mismo.
Cada vez que pensaba que había olvidado la traición de Pau, el pasado volvía para castigarlo. Por mucho que quisiera olvidar y seguir adelante, el pasado siempre volvía como un fantasma.
Aunque en la oficina era tremendamente escrupuloso, con Pau siempre se había mostrado relajado, sin pensar en proteger sus intereses. ¿Cómo iban a forjar un futuro si no podía confiar en ella? ¿Estaba siendo un ingenuo por intentar establecer una relación cuando todo podía venirse abajo en cuanto recuperase la memoria?
Sin embargo, había algo que no podía olvidar: la expresión de Pau la última noche, cuando la echó de su casa. El horror, la perplejidad en su rostro. ¿Alguien podía fingir tan bien?
-Julieta: No vas a dejar que lo haga otra vez, ¿verdad, Pedro?
Le sorprendió que lo llamase por su nombre de pila, pero la voz de Julieta parecía llegar desde muy lejos.
-Pedro: No, no volverá a pasar —replicó él, pero no enfadado con Pau, sino con su ayudante, por prevenirlo contra ella.
-Julieta: Sólo espero que no arruine los planes para Río de Janeiro.
-Pedro: No creo que eso deba preocuparte, Julieta.
Ella hizo una mueca.
-Julieta: Esta compañía, este trabajo, son muy importantes para mí. He trabajado mucho, señor Alfonso. Usted sabe que trabajé muchísimo en el proyecto de París.
Pedro dejó escapar un suspiro.
-Pedro: Sí, tenes razón. Pero aun así, te ruego que no interfieras en mi vida privada. Si no tienes nada más que decirme, voy a llamar al helicóptero para que te lleve de vuelta.
Julieta parecía a punto de protestar, pero no lo hizo.
Media hora después, Pedro la escoltaba hasta el helipuerto y, en cuanto el helicóptero despegó, volvió a la casa.
Su rabia y su incertidumbre se evaporaron cuando entró en el dormitorio y encontró a Pau sentada en la cama, envuelta en una toalla.
-Pedro: ¿Aún no te has vestido?
Ella sonrió, aunque la sonrisa no iluminaba sus ojos. Sus preciosos ojos marrones que habían brillado de alegría unos minutos antes, en la piscina, ahora parecían opacos.
-Pau: La mía es una situación imposible —le confesó.
-Pedro: ¿Qué queres decir?
-Pau: No me gusta que esa chica entre y salga de tu casa cuando le parece. Esta es nuestra casa, deberíamos poder hacer el amor… o lo que queramos sin que Julieta entre de repente.
-Pedro: Sí, tenes razón…
-Pau: Siempre que ella aparece, tú te vuelves distante. Las últimas semanas habían sido maravillosas y ahora, de repente, aparece tu ayudante de nuevo y ya puedo notar cómo te apartas de mí. ¡Y no puedo soportarlo!
Pedro se quedó en silencio porque lo que había dicho era absolutamente cierto. La presencia de Julieta siempre le recordaba el pasado.
-Pedro: Lo siento, hermosa. Siento que su presencia te moleste y que yo no me haya dado cuenta —se disculpó— Pero no volverá a pasar, te lo aseguro. Le he dicho que no puede entrar en mi casa sin avisar.
-Pau: Sin recuerdos a los que agarrarme, esta situación hace que me sienta… insegura. No puedo decirme a mí misma: «no pasa nada, Pau son tonterías. Claro que Pedro no tiene una aventura con su ayudante».
-Pedro: ¿Crees que tengo una aventura con Julieta? —exclamó él.
-Lali: No lo sé.
Pedro la tomó entre sus brazos, pero no sabía qué decir. Asegurarle que no había nada entre Julieta y él no iba a convencerla. Además, no debía olvidar que Pau había robado los planos de sus hoteles para vendérselos a Marcelli.
Era una situación imposible. Pero lo que más lo sorprendía era la rabia que había provocado en él la actitud de Julieta. Su primera reacción había sido defender a Pau… ¿pero cómo iba a hacerlo si Julieta tenía razón?
Lo único que sabía era que no quería hacerle daño a Pau. Aunque sonase estúpido después de lo que ella le había hecho, quería borrar la tristeza de sus ojos. No podía borrar el pasado, pero sí podía evitar que Julieta fuese el detonante de las peleas entre los dos, de modo que Julieta no volvería a la isla.
Lean el que sigue :)
jueves, 18 de julio de 2013
Capitulo 16- Siempre a tu lado
..................................................................
Pau se arrodilló para arrancar las malas hierbas del jardín. Como Pedro seguía con su ritual laboral por las mañanas, ella había encontrado otras maneras de pasar el tiempo… para disgusto del jardinero, que iba a la isla dos veces por semana.
Desde su discusión en la playa, Pedro había dejado de insistir sobre que alguien la acompañase para subir las escaleras o que descansara a todas horas.
Aunque seguía trabajando todas las mañanas desayunaba con ella y luego, cuando volvía al estudio, empezaba la diversión para Pau. Cada día encontraba alguna nuera manera de sacarlo de sus casillas.
Aquel día, cuando la encontró de rodillas en el jardín, la tomó en brazos y, sin decir nada, la llevó a la habitación y empezó a llenar la bañera. Pau rió al verlo tan enfadado y lo escuchó con fingida solemnidad mientras le decía que no volviera a poner en peligro su salud. Y, por supuesto, decidió seguir haciendo lo que estaba haciendo en cuanto Pedro volviese a trabajar.
Así empezó un juego divertido entre los dos, aunque la única que se divertía era Pau porque él no le veía la gracia.
-Pedro: Prometí no insistir en que debías descansar, pero tú harías perder la paciencia a un santo.
Como había hecho otras veces, le quitó la ropa y la metió en la bañera llena de agua jabonosa. Sabiendo que estaba pendiente de ella, Pau disfrutó haciéndolo sufrir mientras se pasaba la esponja por cada centímetro de su cuerpo. Y, cuando terminó, lo miró a los ojos, toda inocencia.
-Pedro: Que seas tan deseable no te va a servir de nada.
-Pau: Bueno, por lo menos soy deseable.
-Pedro: ¿Por qué insistes en provocarme? Se me está poniendo el cabello gris de los sustos que me das.
Pau miró su pelo oscuro, sin una sola cana.
-Pau: Pobrecito —dijo, irónica— ¿Sos demasiado viejo para soportar los caprichos de una mujer embarazada?
-Pedro: Yo te demostraré lo viejo que soy —gruñó, sacándola de la bañera para secarla a toda prisa con una toalla.
-Pau: Evidentemente, necesito que me bañes más a menudo —rió.
-Peter: Sos malvada —murmuró él, tumbándola en la cama y quitándose la ropa a toda velocidad.
Siempre llevaba el control cuando hacían el amor y Pau sabía, o intuía, que siempre había sido así. Pero ahora tenía un repentino deseo de darle la vuelta a la situación.
-Pau: Quiero tocarte —susurró, poniendo las manos sobre sus poderosos muslos.
-Pedro: Entonces tócame.
Un poco nerviosa, empezó a tocarlo y notó que él se estremecía. Pero, sintiéndose más audaz, rodeó el miembro masculino con los dedos y lo acarició suavemente.
Aunque intentó disimular, un gemido ronco había escapado de la garganta de Pedro y podía ver que estaba sudando. Era magnífico, duro, masculino.
Inclinándose hacia delante, Pau depositó un beso en su tenso estómago y luego siguió hacia arriba
Sabía lo que quería hacer, pero no estaba segura de cómo hacerlo. Y él debió notar su incertidumbre porque la agarró por las caderas para levantarla.
-Pedro: Me estás matando— susurró. Animada por su aprobación, Pau le hizo el amor, besando su torso mientras él guiaba sus caderas con las manos. Estaba temblando y sabía que pronto iba a llegar al final, pero no iba a sucumbir si Pedro no sucumbía con ella. Pero Pedro se puso tenso de repente y apretó sus caderas con fuerza. Pau se arqueó y, dejando escapar un grito, el mundo explotó a su alrededor.
Cayó hacia delante, pero él la sujetó contra su pecho, acariciando su pelo.
-Pau: ¿Te ha gustado? —le preguntó cuando pudo recuperar la voz.
-Pedro: Si seguimos así, de verdad me convertirás en un viejo en poco tiempo —rió— Me ha gustado tanto que a lo mejor te dejo jugar en el jardín mañana.
-Pau: Oh, qué bueno sos —intentó disimular un bostezo.
-Pedro: Duerme un rato. Te despertaré a la hora de la cena.
-Pau: No necesito dormir —protestó ella, pero ya estaba cerrando los ojos.
---
Como no quería ser tan predecible, Pau se olvidó del jardín al día siguiente y optó por bañarse en la piscina climatizada. Mientras se ponía el bikini
que Pedro le había comprado en Nueva York, se dio cuenta de que quería seducirlo. Bueno, en realidad ya lo había seducido. Lo que quería era que se enamorase de ella.
Pau arrugó el ceño mientras se miraba al espejo. ¿No debería ser al revés? Era ella quien había perdido la memoria. ¿No debería ser Pedro quien intentase volver a enamorarla?
Pau lo amaba, pero no lo había dicho en voz alta. Algo se lo había impedido y se preguntaba qué era.
Había cierta vacilación en él, como si quisiera mantener las distancias. Además, Peter no le había dicho que la amaba. Ni una sola vez. Pau suspiró.
Si pudiese recordar algo…
Poniéndose una bata de seda encima del bikini, bajó al primer piso sin ver a nadie y, una vez en la piscina, metió la mano para probar el agua…
deliciosa, pensó, mientras bajaba por la escalerilla de metal. Sentía la tentación de bucear para llegar al otro lado, pero seguramente la brisa sería
demasiado fresca. De modo que flotó perezosamente de espaldas, dio varias vueltas de lado a lado y buceó hasta quedarse sin aire. Cuando por fin
sacó la cabeza del agua, vio un par de mocasines de ante al borde de la piscina.
-Pedro: ¿Lo estás pasando bien?
-Pau: Muy bien, gracias.
-Pedro: Y pensar que yo estaba deseando ir a buscarte al jardín…
-Pau: ¿Me ayudas a salir?
El pobre inocente le ofreció su mano, a la que Pau se agarró con las dos suyas y, apoyando los pies en la pared de la piscina, tiró con todas sus
fuerzas. Pedro acabó cayendo en el agua y cuando sacó la cabeza estaba riendo a carcajadas.
Pero antes de que pudiera vengarse, Pau tomó la escalerilla para salir del agua.
-Pedro: Oh, no, de eso nada, tramposa…
Ella parpadeó al ver lo rápido que había salido de la piscina.
-Pedro: ¿Ahora te das cuenta? —dijo él, tumbándola en una hamaca— Me las vas a pagar, no creas.
-Pau: ¿Ah, sí?
Pedro tomó una toalla y empezó a bajarle el bikini.
-Pedro: Estás mojada, así que tengo que secarte…
El sonido de una puerta los sorprendió a los dos. Y Pau se quedó atónita al ver a Julieta entrando en el recinto de la piscina un segundo después.
Pero la sorpresa se convirtió en enfado. La mujer había entrado en su casa sin avisar. Ni siquiera habían oído el helicóptero… claro que estaban ocupados haciendo otras cosas.
-Pedro: ¿Qué haces aquí? —preguntó.
-Julieta: Siento interrumpir, señor Alfonso —se disculpó la ayudante, aunque su expresión decía todo lo contrario— Hay varias cosas que necesitan su atención urgente y he decidido venir en persona en lugar de comunicárselo por teléfono o por correo electrónico.
-Pedro: Que yo sepa, ni el teléfono ni el correo electrónico han sido un problema hasta ahora. Si no te importa, espera en mi estudio.
-Julieta: Sí, por supuesto. De nuevo, les pido disculpas por haber interrumpido.
Pau sintió un escalofrío. Desde luego, aquella mujer sabía cuándo debía aparecer para estropearlo todo.
-Pedro: Lo siento —se disculpó— Pero no te preocupes, no tardaré nada.
Ella asintió, pero el momento… aquel precioso momento de complicidad, se había ido para siempre.
Subieron juntos a la habitación para cambiarse de ropa y cuando salió de la ducha Pedro ya se había ido. Dejando escapar un suspiro, Pau se dejó caer sobre la cama.
Hola aqui les dejo los dos capitulos de hoy :) Odien mucho a Julieta y comenten mucho asi mañana subo otros dos :) @patty_lovepyp
Pau se arrodilló para arrancar las malas hierbas del jardín. Como Pedro seguía con su ritual laboral por las mañanas, ella había encontrado otras maneras de pasar el tiempo… para disgusto del jardinero, que iba a la isla dos veces por semana.
Desde su discusión en la playa, Pedro había dejado de insistir sobre que alguien la acompañase para subir las escaleras o que descansara a todas horas.
Aunque seguía trabajando todas las mañanas desayunaba con ella y luego, cuando volvía al estudio, empezaba la diversión para Pau. Cada día encontraba alguna nuera manera de sacarlo de sus casillas.
Aquel día, cuando la encontró de rodillas en el jardín, la tomó en brazos y, sin decir nada, la llevó a la habitación y empezó a llenar la bañera. Pau rió al verlo tan enfadado y lo escuchó con fingida solemnidad mientras le decía que no volviera a poner en peligro su salud. Y, por supuesto, decidió seguir haciendo lo que estaba haciendo en cuanto Pedro volviese a trabajar.
Así empezó un juego divertido entre los dos, aunque la única que se divertía era Pau porque él no le veía la gracia.
-Pedro: Prometí no insistir en que debías descansar, pero tú harías perder la paciencia a un santo.
Como había hecho otras veces, le quitó la ropa y la metió en la bañera llena de agua jabonosa. Sabiendo que estaba pendiente de ella, Pau disfrutó haciéndolo sufrir mientras se pasaba la esponja por cada centímetro de su cuerpo. Y, cuando terminó, lo miró a los ojos, toda inocencia.
-Pedro: Que seas tan deseable no te va a servir de nada.
-Pau: Bueno, por lo menos soy deseable.
-Pedro: ¿Por qué insistes en provocarme? Se me está poniendo el cabello gris de los sustos que me das.
Pau miró su pelo oscuro, sin una sola cana.
-Pau: Pobrecito —dijo, irónica— ¿Sos demasiado viejo para soportar los caprichos de una mujer embarazada?
-Pedro: Yo te demostraré lo viejo que soy —gruñó, sacándola de la bañera para secarla a toda prisa con una toalla.
-Pau: Evidentemente, necesito que me bañes más a menudo —rió.
-Peter: Sos malvada —murmuró él, tumbándola en la cama y quitándose la ropa a toda velocidad.
Siempre llevaba el control cuando hacían el amor y Pau sabía, o intuía, que siempre había sido así. Pero ahora tenía un repentino deseo de darle la vuelta a la situación.
-Pau: Quiero tocarte —susurró, poniendo las manos sobre sus poderosos muslos.
-Pedro: Entonces tócame.
Un poco nerviosa, empezó a tocarlo y notó que él se estremecía. Pero, sintiéndose más audaz, rodeó el miembro masculino con los dedos y lo acarició suavemente.
Aunque intentó disimular, un gemido ronco había escapado de la garganta de Pedro y podía ver que estaba sudando. Era magnífico, duro, masculino.
Inclinándose hacia delante, Pau depositó un beso en su tenso estómago y luego siguió hacia arriba
Sabía lo que quería hacer, pero no estaba segura de cómo hacerlo. Y él debió notar su incertidumbre porque la agarró por las caderas para levantarla.
-Pedro: Me estás matando— susurró. Animada por su aprobación, Pau le hizo el amor, besando su torso mientras él guiaba sus caderas con las manos. Estaba temblando y sabía que pronto iba a llegar al final, pero no iba a sucumbir si Pedro no sucumbía con ella. Pero Pedro se puso tenso de repente y apretó sus caderas con fuerza. Pau se arqueó y, dejando escapar un grito, el mundo explotó a su alrededor.
Cayó hacia delante, pero él la sujetó contra su pecho, acariciando su pelo.
-Pau: ¿Te ha gustado? —le preguntó cuando pudo recuperar la voz.
-Pedro: Si seguimos así, de verdad me convertirás en un viejo en poco tiempo —rió— Me ha gustado tanto que a lo mejor te dejo jugar en el jardín mañana.
-Pau: Oh, qué bueno sos —intentó disimular un bostezo.
-Pedro: Duerme un rato. Te despertaré a la hora de la cena.
-Pau: No necesito dormir —protestó ella, pero ya estaba cerrando los ojos.
---
Como no quería ser tan predecible, Pau se olvidó del jardín al día siguiente y optó por bañarse en la piscina climatizada. Mientras se ponía el bikini
que Pedro le había comprado en Nueva York, se dio cuenta de que quería seducirlo. Bueno, en realidad ya lo había seducido. Lo que quería era que se enamorase de ella.
Pau arrugó el ceño mientras se miraba al espejo. ¿No debería ser al revés? Era ella quien había perdido la memoria. ¿No debería ser Pedro quien intentase volver a enamorarla?
Pau lo amaba, pero no lo había dicho en voz alta. Algo se lo había impedido y se preguntaba qué era.
Había cierta vacilación en él, como si quisiera mantener las distancias. Además, Peter no le había dicho que la amaba. Ni una sola vez. Pau suspiró.
Si pudiese recordar algo…
Poniéndose una bata de seda encima del bikini, bajó al primer piso sin ver a nadie y, una vez en la piscina, metió la mano para probar el agua…
deliciosa, pensó, mientras bajaba por la escalerilla de metal. Sentía la tentación de bucear para llegar al otro lado, pero seguramente la brisa sería
demasiado fresca. De modo que flotó perezosamente de espaldas, dio varias vueltas de lado a lado y buceó hasta quedarse sin aire. Cuando por fin
sacó la cabeza del agua, vio un par de mocasines de ante al borde de la piscina.
-Pedro: ¿Lo estás pasando bien?
-Pau: Muy bien, gracias.
-Pedro: Y pensar que yo estaba deseando ir a buscarte al jardín…
-Pau: ¿Me ayudas a salir?
El pobre inocente le ofreció su mano, a la que Pau se agarró con las dos suyas y, apoyando los pies en la pared de la piscina, tiró con todas sus
fuerzas. Pedro acabó cayendo en el agua y cuando sacó la cabeza estaba riendo a carcajadas.
Pero antes de que pudiera vengarse, Pau tomó la escalerilla para salir del agua.
-Pedro: Oh, no, de eso nada, tramposa…
Ella parpadeó al ver lo rápido que había salido de la piscina.
-Pedro: ¿Ahora te das cuenta? —dijo él, tumbándola en una hamaca— Me las vas a pagar, no creas.
-Pau: ¿Ah, sí?
Pedro tomó una toalla y empezó a bajarle el bikini.
-Pedro: Estás mojada, así que tengo que secarte…
El sonido de una puerta los sorprendió a los dos. Y Pau se quedó atónita al ver a Julieta entrando en el recinto de la piscina un segundo después.
Pero la sorpresa se convirtió en enfado. La mujer había entrado en su casa sin avisar. Ni siquiera habían oído el helicóptero… claro que estaban ocupados haciendo otras cosas.
-Pedro: ¿Qué haces aquí? —preguntó.
-Julieta: Siento interrumpir, señor Alfonso —se disculpó la ayudante, aunque su expresión decía todo lo contrario— Hay varias cosas que necesitan su atención urgente y he decidido venir en persona en lugar de comunicárselo por teléfono o por correo electrónico.
-Pedro: Que yo sepa, ni el teléfono ni el correo electrónico han sido un problema hasta ahora. Si no te importa, espera en mi estudio.
-Julieta: Sí, por supuesto. De nuevo, les pido disculpas por haber interrumpido.
Pau sintió un escalofrío. Desde luego, aquella mujer sabía cuándo debía aparecer para estropearlo todo.
-Pedro: Lo siento —se disculpó— Pero no te preocupes, no tardaré nada.
Ella asintió, pero el momento… aquel precioso momento de complicidad, se había ido para siempre.
Subieron juntos a la habitación para cambiarse de ropa y cuando salió de la ducha Pedro ya se había ido. Dejando escapar un suspiro, Pau se dejó caer sobre la cama.
Hola aqui les dejo los dos capitulos de hoy :) Odien mucho a Julieta y comenten mucho asi mañana subo otros dos :) @patty_lovepyp
Capitulo 15- Siempre a tu lado
.................................................................
Los días y las noches se convirtieron en una agradable rutina. Una vez seguro de que se encontraba bien, Pedro le hacía el amor todas las noches, poseyéndola con una pasión que la dejaba sin aliento. Pero, por las mañanas, siempre se había ido antes de que ella despertase.
A menudo lo encontraba en el estudio, hablando por teléfono, trabajando en el ordenador o firmando contratos que le llegaban por fax. Pedro levantaba la mirada al oírla entrar y, durante unos segundos, veía un brillo ardiente en sus ojos… pero enseguida se controlaba y, después de murmurar un amable «buenos días», volvía a trabajar.
De modo que Pau pasaba las mañanas sola o en compañía de Emi y el doctor Mariano. A la hora de comer, Pedro salía de su estudio por fin. Y, afortunadamente, le dedicaba las tardes a ella. Pau solía convencerlo para que fuesen a dar un paseo por la playa y, aunque él solía protestar porque hacía fresco y porque iba a cansarse, al final aceptaba. Ella esperaba ansiosamente aquel momento del día porque, durante esas horas, Pedro parecía perder su reserva.
Fue durante uno de esos paseos cuando Pedro dijo algo que la sorprendió:
-Pedro: Deberíamos casarnos lo antes posible.
Pau empezó a jugar con su anillo, preguntándose por qué no parecía en absoluto feliz.
-Pau: ¿Por qué tenes tanta prisa?
-Pedro: Quería que te recuperases y el médico dice que ahora estás muy bien.
-Pau: ¿Y cuándo queres que nos casemos?
-Pedro: En cuanto pueda solucionarlo todo. No quiero que nuestro hija nazca antes de la boda.
Pau lo miró, sorprendida. No era una declaración romántica precisamente. Pero tampoco ella quería que su hija naciese antes de que se hubieran casado.
-Pedro: ¿Queres casarte conmigo? Yo cuidaré de ti y de mi princesa. No les faltará de nada, te lo prometo.
Ella tuvo que hacer un esfuerzo para poner buena cara. Cuanto más hablaba, menos deseaba esa boda. Lo decía como si fuera… un contrato, un acuerdo. Y ella no quería que su matrimonio fuera eso. Pedro levantó su barbilla con un dedo para mirarla a los ojos.
-Pedro: ¿En qué pensas?
-Pau: En nada —mintió ella, para no hacerle año.
-Pedro: ¿Eso es un sí?
-Pau: Sí —susurró— Me casaré contigo en cuanto todo esté arreglado.
Satisfecho, Pedro se inclinó para besar sus labios.
-Pedro: No te arrepentirás.
Qué extraña frase aquélla. ¿Por qué iba a arrepentirse de casarse con el hombre con el que estaba prometida y de quien esperaba una hija? Pau se preguntó entonces si siempre sería tan críptico y si ella habría aprendido a amarlo a pesar de ello. Evidentemente, así era. Mientras volvían a la casa, Pau tomó su mano, quizá como consuelo. Y, después de una breve vacilación, Pedro enredó sus dedos con los suyos. Animada por tan pequeño gesto, Pau decidió olvidar todas sus dudas.
Esa noche, mientras se ponía el camisón, Pedro apareció tras ella y la tomó por la cintura, apoyando las manos en su abultado vientre.
-Pedro: Te prefiero desnuda, cariño —murmuró, tirando del camisón que acababa de ponerse.
Esas palabras, y ese gesto, despertaron un recuerdo distante. Por un momento, vio una imagen de Pedro delante de ella, mirándola, diciendo esas mismas palabras. Intentó recordar algo más, pero la imagen desapareció tan rápido como había aparecido.
El camisón cayó a sus pies y Pau se quedó inmóvil, un poco insegura y tímida al estar sólo con las braguitas. Sintió un escalofrío cuando Pedro volvió a poner las manos en su abdomen, deslizándolas luego hacia arriba para acariciar sus pechos. Y tembló de forma incontrolable mientras acariciaba sus pezones con la yema del pulgar.
-Pedro: Te deseo —dijo con voz ronca— Sos preciosa.
Era tan fácil olvidar sus dudas e inseguridades en el refugio de sus brazos. Cuando hacían el amor conectaban por completo. No había más barreras, ni momentos incómodos, ni frialdad alguna. Vivía para esos momentos, cuando la hacía suya, cuando le demostraba con gestos lo que no parecía capaz de demostrarle con palabras.
-Pau: Bésame —susurró.
Dejando escapar un gemido ronco, Pedro la tomó en brazos y capturó sus labios. Sus movimientos eran impacientes esa noche, como si no pudiera esperar para poseerla.
La llevó a la cama y, sin dejar de besarla, le quitó la ropa a tirones con manos trémulas. Los labios de Pedro fueron de su boca a su cuello y luego a sus pechos para tirar de un pezón con los labios, el roce de su lengua en la punta enviando olas de placer por todo su cuerpo.
Pau veía su oscura cabeza moviéndose hacia abajo y entonces, de repente puso la boca en su estómago, depositando en él un beso suave como el roce de una cortina de seda…
Si pudieran estar siempre así… sin palabras, sin defensas, sintiéndose amada. Sin barreras, sin secretos.
-Pedro: No me canso de ti —admitió, con un tono que sonaba extrañamente vulnerable. Pero la miraba con una expresión fiera, sombría. Y luego empezó a moverse más deprisa, con más urgencia, llevándola a un precipicio donde ella flotaba, feliz.
Así empezó la noche. Apenas había bajado del cielo cuando Pedro empezó a hacerle el amor de nuevo. La amaba sin descanso, de manera insaciable, como un hombre poseído hasta que, poco antes de amanecer, los dos se quedaron dormidos.
Y aunque Pau estaba eufórica después de esa noche, su sueño no era tranquilo. Había cierta familiaridad en esa manera de hacer el amor, en esa urgencia, como si por primera vez le hubiera mostrado parte de su vida pasada con él.
En sus sueños, intentaba abrir una puerta, sabiendo que al otro lado estaba su vida pasada, sus recuerdos, todo lo que le había ocurrido. Tiraba de la puerta, la empujaba, la arañaba, la golpeaba con los puños hasta que, por fin, consiguió abrirla un poco. Salía un rayo de luz por el resquicio, pero entonces, de repente, Pau experimentaba una sensación de angustia, de miedo y desesperación.
Sabía sin la menor duda que no quería ver lo que había al otro lado.
Aturdida, soltaba la puerta, que se cerraba sola de golpe. ¡No! Tenía que saber. ¿Quién era ella y qué le había pasado?
-Pedro: ¡Pau, Pau! —su voz interrumpió el sueño— Despierta, es sólo una pesadilla, no pasa nada. Estás conmigo.
Ella abrió los ojos, aturdida. Pedro había encendido una de las lamparitas y la miraba con cara de preocupación. Pero se sentía terriblemente angustiada y, al notar algo húmedo rodando por su rostro, se dio cuenta de que estaba llorando. No era capaz de disipar la sensación de pánico que la embargaba…
Intentó hablar, decirle que estaba bien, pero un sollozo escapó de su garganta y Pedro la abrazó, apretándola contra su corazón.
-Pedro: Vas a ponerte enferma, cariño. Deja de llorar.
Pau se agarró a él como si temiera soltarlo y, cuando por fin logró recuperar el control, Pedro se apartó un poco para mirarla a los ojos.
-Pedro: ¿Qué te ha dado tanto miedo?
Las imágenes del sueño volvieron de repente, pero esta vez Pau intentó darles sentido. Afortunadamente, el pánico empezaba a desaparecer.
-Pau: Estaba frente a una puerta y sabía que al otro lado… estaban mis recuerdos. Pero no podía abrirla por mucho que lo intentase. Por fin logré abrirla un poco, pero…
-Pedro: ¿Pero qué?
-Pau: Me daba miedo. Pánico —suspiró ella— Entonces soltaba la puerta y se cerraba de golpe.
-Pedro: Sólo ha sido un sueño —murmuró él, acariciando su pelo— No pasa nada. Tenías miedo a lo desconocido, es natural.
Poco a poco, Pau empezó a relajarse entre sus brazos.
-Pedro: ¿Estás bien? ¿Quieres que llame al doctor?
-Pau: No, estoy bien. Ahora me siento como una boba.
-Pedro: No sos una boba. Vení, intenta dormir un poco. Ha sido culpa mía por haberte tenido despierta hasta tan tarde.
Pau apoyó la cabeza sobre su pecho y se dejó caer en lo que, esta vez, fue un sueño sin sobresaltos.
--
Pedro se levantó al amanecer. No había dormido nada desde que Pau tuvo la pesadilla. Después de calmarla había estado despierto mirando al techo, pensando en la imposibilidad de su situación. Con cuidado para no despertarla, entró en el cuarto de baño para ducharse y, después de comprobar que seguía dormida, bajó al primer piso. Pero no entró en el estudio como solía hacer cada mañana.
Algo lo empujaba hacia la playa. Hacía frío, pero no se daba cuenta mientras miraba las olas golpeando la arena.
El pasado de Pau, el pasado de los dos, había amenazado su sueño. ¿Qué pasaría cuando recordase todo lo que había ocurrido? Ese terrible conflicto estaba dejándolo agotado. Pero sería tan fácil olvidar. Allí, en la isla, lejos del resto del mundo, sería fácil creer que eran sólo Pau, su hija y él. Sin pasado, sin traiciones, sin mentiras.
Metiendo las manos en los bolsillos del pantalón, Pedro inclinó la cabeza, resignado. Nunca en su vida personal o profesional se había sentido tan… desconcertado. ¿Podría perdonarla por intentar destruirlo, a él y a sus hermanos? Esa era la pregunta para la que debía encontrar respuesta. Porque si no encontraba la respuesta no habría futuro para ellos. Cuando Pau recordase, todo cambiaría de manera irrevocable. Él podría aferrarse a su amargo engaño… u ofrecerle su perdón.
No tenía repuestas. No sabía si podría ser tan generoso. La deseaba, desde luego, se sentía atraído por ella aun conociendo su engaño. Y estaba embarazada de su hija. Pero ¿de verdad podía decir que si no estuviera embarazada sería capaz de apartarse de su lado?
De repente, Pau lo abrazó por detrás y, sin pensar, Pedro cubrió sus manos con las suyas. Sentía su mejilla apretada contra su espalda y la sensación era tan placentera…
Pero cuando se dio la vuelta ella lo miraba con cara de preocupación.
-Pau: He pasado por el estudio, pero no estabas y me he preocupado.
-Pedro: ¿Por qué?
-Pau: Porque siempre estás en tu estudio por la mañana. Y al no encontrarte en la casa pensé… que te habías ido.
-Peter: No pienso irme a ninguna parte sin vos.
¿Se había mostrado tan distante, tan frío, que eso era lo que Pau pensaba de él? Aunque era lógico.
-Pau: ¿Queres que demos un paseo? —le preguntó— Me gusta pasear por las mañanas.
-Pedro: ¿No deberías estar descansando?
Pau dio un paso atrás.
-Pau: Si no te apetece estar conmigo sólo tenes que decirlo.
-Pedro: Yo no…
-Pau: Deja de decirme que necesito descansar porque no es verdad —le espetó ella, antes de darse la vuelta.
-Pedro: ¡Pau, espera! —la tomó del brazo.
-Pau: Vete, haz lo que tengas que hacer. Yo esperaré mi cita contigo por la tarde.
-Pedro: Tú no eres un compromiso.
-Pau: ¿Ah, no? He intentado ser paciente, entender… aunque soy incapaz de entender esta relación nuestra y estoy cansada de intentarlo. Estoy muerta de miedo, Pedro. No sé quién soy. Un día me despierto y estoy embarazada de un hombre al que no conozco. Mi prometido debería quererme, desear estar conmigo a todas horas, pero nada en tu comportamiento me hace pensar eso. Un momento estás alegre, al momento siguiente me apartas de tu lado… y no puedo seguir así.
Algo dentro de Pedro se encogió, apretándolo de tal modo que le impedía respirar.
-Pedro: ¿Qué estás diciendo?
-Pau: ¿Por qué vas a casarte conmigo? ¿Es por nuestra hija?
-Pedro: Mira, vamos a dejarlo. Estás cansada…
-Pau: ¡No estoy cansada! —exclamó— Y quiero que dejes de portarte como si fueras mi padre porque no lo eres. Ni siquiera creo que estés tan preocupado por mí… sólo es un barrera tras la que puedes esconderte cada vez que empiezo a hacer preguntas.
Pedro abrió la boca para protestar, pero no lo hizo. No podía negar lo que era cierto. Aun así, no quería que se disgustase porque eso no podía ser bueno para la niña.
-Pau: ¿Qué hay en mi pasado que me da tanto miedo? Lo de anoche me aterrorizó y he despertado esta mañana asustada otra vez. Pero no porque no recuerde nada sino porque me da miedo recordar. Decimelo, Pedro. Tengo que saberlo. ¿Qué había entre nosotros antes de que perdiese la memoria? ¿Estábamos enamorados?
Él se volvió para mirar las olas, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.
-Pedro: Trabajabas para mí.
-Pau: ¿Yo trabajaba para ti… en alguno de los hoteles?
-Pedro: No, en las oficinas. Eras mi ayudante.
Pau lo miró, sorprendida.
-Pau: Pero Julieta es tu ayudante y parece muy cómoda haciendo ese papel. Como si llevara años haciéndolo.
-Pedro: No fuiste mi ayudante durante mucho tiempo —sonrió— Yo estaba deseando tenerte en mi cama y te convencí para que dejaras tu puesto… porque me distraías.
Pau no pareció muy contenta con tal afirmación.
-Pau: De modo que tenes por costumbre ponerme en el sitio que más te conviene. ¿Y yo permití eso? ¿Yo dejé mi trabajo para acostarme contigo?
Pedro se encogió de hombros.
-Pedro: Parecías tan contenta de estar conmigo como yo de estar contigo.
Pau se llevó una mano protectora al abdomen.
-Pau: ¿Nuestra hija fue planeada?
Él respiró profundamente. No había una manera fácil de decir aquello:
-Pedro: Yo no diría que fue planeada, pero desde luego sí ha sido bienvenido.
Esa respuesta hizo que pareciese aún más angustiada.
-Pedro: ¿Por qué estás tan triste esta mañana? ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?
-Pau: Puedes dejar de usar la excusa de mi salud y la mi hija para tratarme como si fuera una inválida. Y puedes dejar de tratar mi pasado como si fuera algo que no tengo derecho a conocer.
-Pedro: Muy bien. Intentaré preocuparme menos por tu salud, si eso es lo que quieres.
-Pau: Eso es lo que quiero. Pero lo que de verdad deseo es que seamos felices, Pedro. Quiero estar segura de cuál es mi sitio en tu vida. Quiero recordar, pero también… quiero que me des algo más que un poquito de tu tiempo.
Él la miro, pensativo. Nunca había sido tan directa antes de perder la memoria. ¿Pero habría sentido lo mismo sin decirlo? ¿Le habrían dolido sus prolongadas ausencias?
Lean el que sigue :)
Los días y las noches se convirtieron en una agradable rutina. Una vez seguro de que se encontraba bien, Pedro le hacía el amor todas las noches, poseyéndola con una pasión que la dejaba sin aliento. Pero, por las mañanas, siempre se había ido antes de que ella despertase.
A menudo lo encontraba en el estudio, hablando por teléfono, trabajando en el ordenador o firmando contratos que le llegaban por fax. Pedro levantaba la mirada al oírla entrar y, durante unos segundos, veía un brillo ardiente en sus ojos… pero enseguida se controlaba y, después de murmurar un amable «buenos días», volvía a trabajar.
De modo que Pau pasaba las mañanas sola o en compañía de Emi y el doctor Mariano. A la hora de comer, Pedro salía de su estudio por fin. Y, afortunadamente, le dedicaba las tardes a ella. Pau solía convencerlo para que fuesen a dar un paseo por la playa y, aunque él solía protestar porque hacía fresco y porque iba a cansarse, al final aceptaba. Ella esperaba ansiosamente aquel momento del día porque, durante esas horas, Pedro parecía perder su reserva.
Fue durante uno de esos paseos cuando Pedro dijo algo que la sorprendió:
-Pedro: Deberíamos casarnos lo antes posible.
Pau empezó a jugar con su anillo, preguntándose por qué no parecía en absoluto feliz.
-Pau: ¿Por qué tenes tanta prisa?
-Pedro: Quería que te recuperases y el médico dice que ahora estás muy bien.
-Pau: ¿Y cuándo queres que nos casemos?
-Pedro: En cuanto pueda solucionarlo todo. No quiero que nuestro hija nazca antes de la boda.
Pau lo miró, sorprendida. No era una declaración romántica precisamente. Pero tampoco ella quería que su hija naciese antes de que se hubieran casado.
-Pedro: ¿Queres casarte conmigo? Yo cuidaré de ti y de mi princesa. No les faltará de nada, te lo prometo.
Ella tuvo que hacer un esfuerzo para poner buena cara. Cuanto más hablaba, menos deseaba esa boda. Lo decía como si fuera… un contrato, un acuerdo. Y ella no quería que su matrimonio fuera eso. Pedro levantó su barbilla con un dedo para mirarla a los ojos.
-Pedro: ¿En qué pensas?
-Pau: En nada —mintió ella, para no hacerle año.
-Pedro: ¿Eso es un sí?
-Pau: Sí —susurró— Me casaré contigo en cuanto todo esté arreglado.
Satisfecho, Pedro se inclinó para besar sus labios.
-Pedro: No te arrepentirás.
Qué extraña frase aquélla. ¿Por qué iba a arrepentirse de casarse con el hombre con el que estaba prometida y de quien esperaba una hija? Pau se preguntó entonces si siempre sería tan críptico y si ella habría aprendido a amarlo a pesar de ello. Evidentemente, así era. Mientras volvían a la casa, Pau tomó su mano, quizá como consuelo. Y, después de una breve vacilación, Pedro enredó sus dedos con los suyos. Animada por tan pequeño gesto, Pau decidió olvidar todas sus dudas.
Esa noche, mientras se ponía el camisón, Pedro apareció tras ella y la tomó por la cintura, apoyando las manos en su abultado vientre.
-Pedro: Te prefiero desnuda, cariño —murmuró, tirando del camisón que acababa de ponerse.
Esas palabras, y ese gesto, despertaron un recuerdo distante. Por un momento, vio una imagen de Pedro delante de ella, mirándola, diciendo esas mismas palabras. Intentó recordar algo más, pero la imagen desapareció tan rápido como había aparecido.
El camisón cayó a sus pies y Pau se quedó inmóvil, un poco insegura y tímida al estar sólo con las braguitas. Sintió un escalofrío cuando Pedro volvió a poner las manos en su abdomen, deslizándolas luego hacia arriba para acariciar sus pechos. Y tembló de forma incontrolable mientras acariciaba sus pezones con la yema del pulgar.
-Pedro: Te deseo —dijo con voz ronca— Sos preciosa.
Era tan fácil olvidar sus dudas e inseguridades en el refugio de sus brazos. Cuando hacían el amor conectaban por completo. No había más barreras, ni momentos incómodos, ni frialdad alguna. Vivía para esos momentos, cuando la hacía suya, cuando le demostraba con gestos lo que no parecía capaz de demostrarle con palabras.
-Pau: Bésame —susurró.
Dejando escapar un gemido ronco, Pedro la tomó en brazos y capturó sus labios. Sus movimientos eran impacientes esa noche, como si no pudiera esperar para poseerla.
La llevó a la cama y, sin dejar de besarla, le quitó la ropa a tirones con manos trémulas. Los labios de Pedro fueron de su boca a su cuello y luego a sus pechos para tirar de un pezón con los labios, el roce de su lengua en la punta enviando olas de placer por todo su cuerpo.
Pau veía su oscura cabeza moviéndose hacia abajo y entonces, de repente puso la boca en su estómago, depositando en él un beso suave como el roce de una cortina de seda…
Si pudieran estar siempre así… sin palabras, sin defensas, sintiéndose amada. Sin barreras, sin secretos.
-Pedro: No me canso de ti —admitió, con un tono que sonaba extrañamente vulnerable. Pero la miraba con una expresión fiera, sombría. Y luego empezó a moverse más deprisa, con más urgencia, llevándola a un precipicio donde ella flotaba, feliz.
Así empezó la noche. Apenas había bajado del cielo cuando Pedro empezó a hacerle el amor de nuevo. La amaba sin descanso, de manera insaciable, como un hombre poseído hasta que, poco antes de amanecer, los dos se quedaron dormidos.
Y aunque Pau estaba eufórica después de esa noche, su sueño no era tranquilo. Había cierta familiaridad en esa manera de hacer el amor, en esa urgencia, como si por primera vez le hubiera mostrado parte de su vida pasada con él.
En sus sueños, intentaba abrir una puerta, sabiendo que al otro lado estaba su vida pasada, sus recuerdos, todo lo que le había ocurrido. Tiraba de la puerta, la empujaba, la arañaba, la golpeaba con los puños hasta que, por fin, consiguió abrirla un poco. Salía un rayo de luz por el resquicio, pero entonces, de repente, Pau experimentaba una sensación de angustia, de miedo y desesperación.
Sabía sin la menor duda que no quería ver lo que había al otro lado.
Aturdida, soltaba la puerta, que se cerraba sola de golpe. ¡No! Tenía que saber. ¿Quién era ella y qué le había pasado?
-Pedro: ¡Pau, Pau! —su voz interrumpió el sueño— Despierta, es sólo una pesadilla, no pasa nada. Estás conmigo.
Ella abrió los ojos, aturdida. Pedro había encendido una de las lamparitas y la miraba con cara de preocupación. Pero se sentía terriblemente angustiada y, al notar algo húmedo rodando por su rostro, se dio cuenta de que estaba llorando. No era capaz de disipar la sensación de pánico que la embargaba…
Intentó hablar, decirle que estaba bien, pero un sollozo escapó de su garganta y Pedro la abrazó, apretándola contra su corazón.
-Pedro: Vas a ponerte enferma, cariño. Deja de llorar.
Pau se agarró a él como si temiera soltarlo y, cuando por fin logró recuperar el control, Pedro se apartó un poco para mirarla a los ojos.
-Pedro: ¿Qué te ha dado tanto miedo?
Las imágenes del sueño volvieron de repente, pero esta vez Pau intentó darles sentido. Afortunadamente, el pánico empezaba a desaparecer.
-Pau: Estaba frente a una puerta y sabía que al otro lado… estaban mis recuerdos. Pero no podía abrirla por mucho que lo intentase. Por fin logré abrirla un poco, pero…
-Pedro: ¿Pero qué?
-Pau: Me daba miedo. Pánico —suspiró ella— Entonces soltaba la puerta y se cerraba de golpe.
-Pedro: Sólo ha sido un sueño —murmuró él, acariciando su pelo— No pasa nada. Tenías miedo a lo desconocido, es natural.
Poco a poco, Pau empezó a relajarse entre sus brazos.
-Pedro: ¿Estás bien? ¿Quieres que llame al doctor?
-Pau: No, estoy bien. Ahora me siento como una boba.
-Pedro: No sos una boba. Vení, intenta dormir un poco. Ha sido culpa mía por haberte tenido despierta hasta tan tarde.
Pau apoyó la cabeza sobre su pecho y se dejó caer en lo que, esta vez, fue un sueño sin sobresaltos.
--
Pedro se levantó al amanecer. No había dormido nada desde que Pau tuvo la pesadilla. Después de calmarla había estado despierto mirando al techo, pensando en la imposibilidad de su situación. Con cuidado para no despertarla, entró en el cuarto de baño para ducharse y, después de comprobar que seguía dormida, bajó al primer piso. Pero no entró en el estudio como solía hacer cada mañana.
Algo lo empujaba hacia la playa. Hacía frío, pero no se daba cuenta mientras miraba las olas golpeando la arena.
El pasado de Pau, el pasado de los dos, había amenazado su sueño. ¿Qué pasaría cuando recordase todo lo que había ocurrido? Ese terrible conflicto estaba dejándolo agotado. Pero sería tan fácil olvidar. Allí, en la isla, lejos del resto del mundo, sería fácil creer que eran sólo Pau, su hija y él. Sin pasado, sin traiciones, sin mentiras.
Metiendo las manos en los bolsillos del pantalón, Pedro inclinó la cabeza, resignado. Nunca en su vida personal o profesional se había sentido tan… desconcertado. ¿Podría perdonarla por intentar destruirlo, a él y a sus hermanos? Esa era la pregunta para la que debía encontrar respuesta. Porque si no encontraba la respuesta no habría futuro para ellos. Cuando Pau recordase, todo cambiaría de manera irrevocable. Él podría aferrarse a su amargo engaño… u ofrecerle su perdón.
No tenía repuestas. No sabía si podría ser tan generoso. La deseaba, desde luego, se sentía atraído por ella aun conociendo su engaño. Y estaba embarazada de su hija. Pero ¿de verdad podía decir que si no estuviera embarazada sería capaz de apartarse de su lado?
De repente, Pau lo abrazó por detrás y, sin pensar, Pedro cubrió sus manos con las suyas. Sentía su mejilla apretada contra su espalda y la sensación era tan placentera…
Pero cuando se dio la vuelta ella lo miraba con cara de preocupación.
-Pau: He pasado por el estudio, pero no estabas y me he preocupado.
-Pedro: ¿Por qué?
-Pau: Porque siempre estás en tu estudio por la mañana. Y al no encontrarte en la casa pensé… que te habías ido.
-Peter: No pienso irme a ninguna parte sin vos.
¿Se había mostrado tan distante, tan frío, que eso era lo que Pau pensaba de él? Aunque era lógico.
-Pau: ¿Queres que demos un paseo? —le preguntó— Me gusta pasear por las mañanas.
-Pedro: ¿No deberías estar descansando?
Pau dio un paso atrás.
-Pau: Si no te apetece estar conmigo sólo tenes que decirlo.
-Pedro: Yo no…
-Pau: Deja de decirme que necesito descansar porque no es verdad —le espetó ella, antes de darse la vuelta.
-Pedro: ¡Pau, espera! —la tomó del brazo.
-Pau: Vete, haz lo que tengas que hacer. Yo esperaré mi cita contigo por la tarde.
-Pedro: Tú no eres un compromiso.
-Pau: ¿Ah, no? He intentado ser paciente, entender… aunque soy incapaz de entender esta relación nuestra y estoy cansada de intentarlo. Estoy muerta de miedo, Pedro. No sé quién soy. Un día me despierto y estoy embarazada de un hombre al que no conozco. Mi prometido debería quererme, desear estar conmigo a todas horas, pero nada en tu comportamiento me hace pensar eso. Un momento estás alegre, al momento siguiente me apartas de tu lado… y no puedo seguir así.
Algo dentro de Pedro se encogió, apretándolo de tal modo que le impedía respirar.
-Pedro: ¿Qué estás diciendo?
-Pau: ¿Por qué vas a casarte conmigo? ¿Es por nuestra hija?
-Pedro: Mira, vamos a dejarlo. Estás cansada…
-Pau: ¡No estoy cansada! —exclamó— Y quiero que dejes de portarte como si fueras mi padre porque no lo eres. Ni siquiera creo que estés tan preocupado por mí… sólo es un barrera tras la que puedes esconderte cada vez que empiezo a hacer preguntas.
Pedro abrió la boca para protestar, pero no lo hizo. No podía negar lo que era cierto. Aun así, no quería que se disgustase porque eso no podía ser bueno para la niña.
-Pau: ¿Qué hay en mi pasado que me da tanto miedo? Lo de anoche me aterrorizó y he despertado esta mañana asustada otra vez. Pero no porque no recuerde nada sino porque me da miedo recordar. Decimelo, Pedro. Tengo que saberlo. ¿Qué había entre nosotros antes de que perdiese la memoria? ¿Estábamos enamorados?
Él se volvió para mirar las olas, metiendo las manos en los bolsillos del pantalón.
-Pedro: Trabajabas para mí.
-Pau: ¿Yo trabajaba para ti… en alguno de los hoteles?
-Pedro: No, en las oficinas. Eras mi ayudante.
Pau lo miró, sorprendida.
-Pau: Pero Julieta es tu ayudante y parece muy cómoda haciendo ese papel. Como si llevara años haciéndolo.
-Pedro: No fuiste mi ayudante durante mucho tiempo —sonrió— Yo estaba deseando tenerte en mi cama y te convencí para que dejaras tu puesto… porque me distraías.
Pau no pareció muy contenta con tal afirmación.
-Pau: De modo que tenes por costumbre ponerme en el sitio que más te conviene. ¿Y yo permití eso? ¿Yo dejé mi trabajo para acostarme contigo?
Pedro se encogió de hombros.
-Pedro: Parecías tan contenta de estar conmigo como yo de estar contigo.
Pau se llevó una mano protectora al abdomen.
-Pau: ¿Nuestra hija fue planeada?
Él respiró profundamente. No había una manera fácil de decir aquello:
-Pedro: Yo no diría que fue planeada, pero desde luego sí ha sido bienvenido.
Esa respuesta hizo que pareciese aún más angustiada.
-Pedro: ¿Por qué estás tan triste esta mañana? ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?
-Pau: Puedes dejar de usar la excusa de mi salud y la mi hija para tratarme como si fuera una inválida. Y puedes dejar de tratar mi pasado como si fuera algo que no tengo derecho a conocer.
-Pedro: Muy bien. Intentaré preocuparme menos por tu salud, si eso es lo que quieres.
-Pau: Eso es lo que quiero. Pero lo que de verdad deseo es que seamos felices, Pedro. Quiero estar segura de cuál es mi sitio en tu vida. Quiero recordar, pero también… quiero que me des algo más que un poquito de tu tiempo.
Él la miro, pensativo. Nunca había sido tan directa antes de perder la memoria. ¿Pero habría sentido lo mismo sin decirlo? ¿Le habrían dolido sus prolongadas ausencias?
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