viernes, 19 de julio de 2013

Capitulo 17- Siempre a tu lado

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Pedro entró en su estudio y miró a Julieta, irritado.
-Pedro: No me gustó nada esta intrusión —le advirtió— No ha habido llamada de teléfono ni advertencia alguna de que fueras a venir.
Julieta se puso pálida.
-Julieta: Lo siento, yo…
-Pedro: Esta es mi casa y vos no podes entrar aquí cuando quieras. ¿Queda claro?
-Julieta: Sí, por supuesto.
-Pedro: Bueno, dime qué es eso tan importante que no podías contarme por teléfono.
-Julieta: He descubierto que han desaparecido otros planos.
-Pedro: ¿Qué? —exclamó— ¿Qué planos?
-Julieta: Son unos planos antiguos, un diseño que usted había descartado para el hotel de Río de Janeiro. Pero supongo que Paula se los vendió a Marcelli, junto con los otros, porque el hotel que está construyendo en Roma se parece mucho.

Pedro tuvo que hacer un esfuerzo para contenerse.
-Pedro: ¿Mis hermanos saben algo de esto?
Julieta negó con la cabeza.
-Julieta: Pensé que querría contárselo usted mismo.

Cada vez que pensaba que había olvidado la traición de Pau, el pasado volvía para castigarlo. Por mucho que quisiera olvidar y seguir adelante, el pasado siempre volvía como un fantasma.

Aunque en la oficina era tremendamente escrupuloso, con Pau siempre se había mostrado relajado, sin pensar en proteger sus intereses. ¿Cómo iban a forjar un futuro si no podía confiar en ella? ¿Estaba siendo un ingenuo por intentar establecer una relación cuando todo podía venirse abajo en cuanto recuperase la memoria?

Sin embargo, había algo que no podía olvidar: la expresión de Pau la última noche, cuando la echó de su casa. El horror, la perplejidad en su rostro. ¿Alguien podía fingir tan bien?

-Julieta: No vas a dejar que lo haga otra vez, ¿verdad, Pedro?
Le sorprendió que lo llamase por su nombre de pila, pero la voz de Julieta parecía llegar desde muy lejos.
-Pedro: No, no volverá a pasar —replicó él, pero no enfadado con Pau, sino con su ayudante, por prevenirlo contra ella.
-Julieta: Sólo espero que no arruine los planes para Río de Janeiro.
-Pedro: No creo que eso deba preocuparte, Julieta.
Ella hizo una mueca.
-Julieta: Esta compañía, este trabajo, son muy importantes para mí. He trabajado mucho, señor Alfonso. Usted sabe que trabajé muchísimo en el proyecto de París.
Pedro dejó escapar un suspiro.
-Pedro: Sí, tenes razón. Pero aun así, te ruego que no interfieras en mi vida privada. Si no tienes nada más que decirme, voy a llamar al helicóptero para que te lleve de vuelta.
Julieta parecía a punto de protestar, pero no lo hizo.

Media hora después, Pedro la escoltaba hasta el helipuerto y, en cuanto el helicóptero despegó, volvió a la casa.
Su rabia y su incertidumbre se evaporaron cuando entró en el dormitorio y encontró a Pau sentada en la cama, envuelta en una toalla.
-Pedro: ¿Aún no te has vestido?
Ella sonrió, aunque la sonrisa no iluminaba sus ojos. Sus preciosos ojos marrones que habían brillado de alegría unos minutos antes, en la piscina, ahora parecían opacos.
-Pau: La mía es una situación imposible —le confesó.
-Pedro: ¿Qué queres decir?
-Pau: No me gusta que esa chica entre y salga de tu casa cuando le parece. Esta es nuestra casa, deberíamos poder hacer el amor… o lo que queramos sin que Julieta entre de repente.
-Pedro: Sí, tenes razón…
-Pau: Siempre que ella aparece, tú te vuelves distante. Las últimas semanas habían sido maravillosas y ahora, de repente, aparece tu ayudante de nuevo y ya puedo notar cómo te apartas de mí. ¡Y no puedo soportarlo!

Pedro se quedó en silencio porque lo que había dicho era absolutamente cierto. La presencia de Julieta siempre le recordaba el pasado.
-Pedro: Lo siento, hermosa. Siento que su presencia te moleste y que yo no me haya dado cuenta —se disculpó— Pero no volverá a pasar, te lo aseguro. Le he dicho que no puede entrar en mi casa sin avisar.
-Pau: Sin recuerdos a los que agarrarme, esta situación hace que me sienta… insegura. No puedo decirme a mí misma: «no pasa nada, Pau son tonterías. Claro que Pedro no tiene una aventura con su ayudante».
-Pedro: ¿Crees que tengo una aventura con Julieta? —exclamó él.
-Lali: No lo sé.

Pedro la tomó entre sus brazos, pero no sabía qué decir. Asegurarle que no había nada entre Julieta y él no iba a convencerla. Además, no debía olvidar que Pau había robado los planos de sus hoteles para vendérselos a Marcelli.

Era una situación imposible. Pero lo que más lo sorprendía era la rabia que había provocado en él la actitud de Julieta. Su primera reacción había sido defender a Pau… ¿pero cómo iba a hacerlo si Julieta tenía razón?

Lo único que sabía era que no quería hacerle daño a Pau. Aunque sonase estúpido después de lo que ella le había hecho, quería borrar la tristeza de sus ojos. No podía borrar el pasado, pero sí podía evitar que Julieta fuese el detonante de las peleas entre los dos, de modo que Julieta no volvería a la isla.

Lean el que sigue :) 

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