martes, 9 de julio de 2013

Capitulo 9- Siempre a tu lado

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Julieta fingió mostrarse sorprendida. Pau estaba segura de que la sorpresa era fingida porque, aunque tenía un pareo en la mano, ni siquiera intentó cubrirse con él.
-Julieta: Señor Alfonso, no esperaba verlo hasta mañana —sonrió, sacudiendo la seductora — Espero que no le importe que me haya dado un baño.
-Pedro: No, claro que no. ¿Has preparado mi estudio, como te pedí?
-Julieta: Sí, por supuesto. Espero que no le importe si me quedo a pasar la noche. No he pedido el helicóptero hasta mañana.
La mirada aparentemente inocente de Julieta no engañaba a Paula y, como empezaba a dolerle la cabeza, se alejó un poco para no seguir oyendo los maullidos de la ayudante.
-Pedro: Puedes quedarte, por supuesto. Y espero que cenes con nosotros esta noche.
Pau empezó a subir la escalera. No sabía dónde iba, pero imaginó que las habitaciones estarían en el piso de arriba.

-Pedro: ¿Por qué no me has esperado? No debes subir sola la escalera —la regañó— ¿Y si te resbalas?
-Pau: ¿Por qué iba a resbalar?
-Pedro: A partir de ahora, tendrás que llamar a alguien cada vez que quieras subir o bajar la escalera.
-Pau: ¿Qué? ¡No lo dirás en serio!
-Pedro: Me tomo muy en serio tu bienestar y el de mi princesa —contestó él - acariciando el abultado vientre de Pau

Pau dejó escapar un suspiro de frustración mientras la llevaba a una espaciosa habitación que, evidentemente, era el dormitorio principal.
-Pau: ¿Es mi habitación?
-Pedro: Es nuestra habitación— Pau se puso colorada al pensar en compartir la cama con él.
-Pedro: ¿No te parece bien?
-Pau: Sí, sí, claro— Pedro sonrió.
-Pedro: Me alegra que estemos de acuerdo.
-Pau: Sí, bueno… no estamos de acuerdo en todo.
-Pedro: ¿Qué quieres decir?
-Pau: Mira, yo no necesito un escolta para subir y bajar la escalera. No soy una inválida y no me gusta que me traten como si lo fuera.
-Pedro: Yo prefiero que alguien vaya contigo…
-Pau: Pero yo no —lo interrumpió ella— No quiero sentirme como una prisionera. Si tú estás preocupado por nuestra hija y por mí, también yo lo estoy —añadió, cruzándose de brazos.

Para su sorpresa, Pedro bajó los hombros, vencido, y soltó una carcajada.
-Pau: ¿De qué te ríes ahora?
-Pedro: No has cambiado nada… siempre discutiendo conmigo. Siempre me acusabas de querer salirme con la mía a toda costa…
-Pau: Bueno, pues ya que estamos discutiendo, ¿qué hace esa mujer aquí otra vez… y en tanga?— No había querido decirlo así, como si estuviera celosa, pero fracasó miserablemente. La expresión de Pedro se endureció.
-Pedro: Nunca te ha gustado Julieta, pero te agradecería que no fueras grosera con ella.
-Pau: ¿Yo suelo ser grosera con ella?
-Pedro: No, no quería decir eso…
-Pau: ¿Te extraña que me pregunte qué hace aquí con ese atuendo?— Se acercó a la ventana, desde la que se veía la piscina— ¿Por qué está ella aquí, como en su propia casa, y yo no he venido nunca?— Pedro puso las manos sobre sus hombros.
-Pedro: Julieta es mi ayudante personal y suele viajar conmigo. Yo le pedí que viniera un día antes para prepararlo todo, pero su presencia no debe preocuparte. En cuanto a por qué tú no habías venido nunca, sólo puedo decir que no hemos tenido ocasión. Cuando volvía a Nueva York después de varias semanas viajando por todo el mundo me apetecía más estar contigo que volver a tomar un avión.

Pau se dio la vuelta y, sin pensar, le echó los brazos al cuello.
-Pau: Es que esto es tan frustrante. Pero no pienso disculparme por pensar que la ayudante personal de mi prometido lleva muy poca ropa y eso no me parece nada profesional.
-Pedro: Si así te sientes mejor, la verdad es que ni siquiera me había fijado —rió.

Pau apoyó la cara en su hombro. Oh, sí, su cuerpo lo recordaba bien. Recordaba el calor de sus manos, el cosquilleo que le hacía sentir el brillo de sus ojos…

Cuando Pedro inclinó al cabeza fue como si alguien hubiera encendido una cerilla. De repente estaban besándose, él exigiendo en silencio que abriese la boca para jugar con su lengua…

Sus pezones se endurecieron cuando metió las manos bajo la camisa, pasándolas por su abdomen ligeramente hinchado, por encima del sujetador. Antes de que Pau pudiera saber cuáles eran sus intenciones, el broche del sujetador se había abierto y el roce de sus manos le provocó una inexplicable sacudida de deseo.
-Pau: Pedro… —murmuró, dejándose caer sobre su pecho. Pero entonces él se apartó.
-Pedro: Te hubiera tomado aquí mismo, en el suelo —dijo luego, disgustado consigo mismo— Por favor, no me mires así.
-Pau: ¿Cómo te miro?
-Pedro: Como si quisieras que te tomase en brazos y te llevase a la cama para hacerte el amor durante toda la noche. No sé si voy a poder controlarme…
Pau rió, una risa ronca, nerviosa.
-Pau: ¿Y si eso fuera lo que quiero?
-Pedro: El médico llegará dentro de unos minutos— dijo, tomando su cara entre las manos— Quiero que te examine para comprobar que el viaje no te ha dejado agotada. Tu salud es lo más importante para mí.
-Pau: Ah, veo que no estás interesado —intentó bromear ella.
-Pedro: No te equivoques. No creas que es desinterés —replicó él, apretando sus brazos con fuerza— Te aseguro que en cuanto el médico haya dado su aprobación, estarás en mi cama… ah, creo que oigo el helicóptero. Serán el médico y la enfermera. ¿Por qué no vas a ponerte cómoda mientras yo bajo a recibirlos?

En cuanto Pedro desapareció, Pau se dejó caer sobre la cama. ¿Cómo podía reaccionar de esa manera ante un hombre que era un extraño para ella? Pero era cierto, su cuerpo lo reconocía. Debería encontrar consuelo en eso, pero la intensidad de su atracción por él la asustaba.

Recordando que el médico subiría en unos minutos, y sin querer darle una excusa para enviarla a la cama, entró en el cuarto de baño para lavarse la cara. Pero, al mirarse al espejo, frunció el ceño. Su pelo…
Una imagen apareció en su cabeza. Era ella, riendo, pero con el pelo más corto. Ella prefería el pelo corto, estaba segura. Entonces, ¿por qué lo llevaba largo?

Suspirando, decidió cortárselo en cuanto le fuera posible.

Un golpecito sonó en la puerta poco después y Pedro entró con Emi y un hombre.
-Pedro: Pau, te presento al doctor Mariano Torre. Tiene una consulta de ginecología y obstetricia en Atenas y ha aceptado amablemente cuidar de ti mientras estemos en la isla —sonrió, tomándola por la cintura.
-Mariano: Es un placer conocerla, señorita Chaves —dijo el hombre, con toda formalidad.
-Pau: Encantada —sonrió— Pero Pedro se preocupa demasiado. No tenía que venir hasta aquí.
-Mariano: Sólo quiere lo mejor para usted y para su hija —sonrió el médico— Es natural.
-Pau: Sí, claro, supongo que sí. Bueno, haga lo que tenga que hacer para convencerlo de que estamos bien. Y de que soy perfectamente capaz de subir y bajar escaleras yo solita.
Pedro sonrió.
-Pedro: Cuando el doctor Torre haya terminado de examinarte, ¿por qué no te das un baño y descansas un rato? Vendré a buscarte a la hora de cenar.

Pau asintió con la cabeza y él le dió un beso antes de salir de la habitación.

Lean el que sigue :) @patty_lovepyp

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