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Embarazada.
A pesar del calor de aquel día de verano, Paula Chaves sintió un escalofrío en la espalda mientras se dejaba caer sobre el banco del parque, a unas manzanas del departamento que compartía con Pedro Alfonso.
Aunque los rayos del sol calentaban sus manos, estaba temblando. A Nico no le haría gracia su repentina desaparición, pensó. Ni a Pedro cuando el guardaespaldas le contase. Pero si hubiera ido con él a la consulta del ginecólogo, Pedro habría sabido de su embarazo antes de llegar a casa.
¿Cómo reaccionaría ante la noticia? A pesar de haber tomado siempre precauciones, estaba embarazada de ocho semanas. Debía haber ocurrido cuando volvió de un viaje por Europa… Pedro se había mostrado insaciable entonces. Y también ella.
Paula sintió que le ardían las mejillas al recordar la noche en cuestión. Le había hecho el amor incontables veces, murmurando palabras cálidas, cariñosas, que le encogían el corazón. Luego hizo una mueca al mirar el reloj. Pedro llegaría a casa en un par de horas, pero allí seguía ella, como una cobarde, evitando la confrontación.
A regañadientes, se levantó del banco y empezó a caminar hacia el lujoso edificio donde vivía con Pedro.
-Paula: Te estás portando como una boba —murmuró cuando llegaba al portal. Entró en el ascensor y pasó una mano por su estómago, aún plano. Cuando las puertas se abrieron, directamente en el espacioso recibidor del ático, se mordió los labios, nerviosa.
Como hacía siempre, entró en el salón quitándose los zapatos y tiró el bolso en el sofá. Estaba agotada y lo único que quería era descansar un rato, pero tenía que decidir cómo iba a sacar el tema de su relación. Unos días antes habría dicho que estaba contenta con su vida, pero el resultado de la prueba la había dejado estupefacta. Y la había hecho pensar en los últimos seis meses con Pedro.
Lo quería con toda su alma, pero no sabía bien dónde iba aquella relación. Pedro parecía estar loco por ella y el sexo era fantástico, pero ahora que iba a tener un hijo necesitaba algo más que acostarse con él durante unas semanas al mes… o cuando su apretada agenda lo permitía.
Estaba entrando en el dormitorio cuando Pedro salió del cuarto de baño con una toalla en la cintura.
-Paula: ¡Pedro! Llegaste antes de lo que esperaba— Cada vez que lo miraba era como la primera vez: se le ponía la piel de gallina. Ese era el efecto que ejercía en ella.
-Pedro: Estaba esperándote— contestó él, tomándola por los hombros para apoderarse de su boca —Llevas demasiada ropa —murmuró él, mientras le quitaba la camisa.
Sabía que deberían parar. Tenían que hablar, pero lo había echado tanto de menos. Y quizá una parte de ella deseaba disfrutar de aquel momento antes de que las cosas cambiasen de manera irrevocable entre los dos.
Paula gimió cuando le quitó el sujetador para acariciar sus pechos. Sus pezones eran más oscuros ahora y se preguntó si se daría cuenta, pero Pedro no dijo nada.
-Pedro: ¿Me echaste de menos?
-Paula: Ya sabes que sí.
-Pedro: Quiero que me lo digas.
-Pau: Te eche de menos— En unos segundos, los vaqueros y las braguitas habían desaparecido y Pedro estaba encima de ella, dentro de ella.
Se arqueó hacia él mientras la poseía, agarrándose a su espalda. Siempre era así, a un paso de la desesperación, el deseo que sentían el uno por el otro consumiéndolos.
Se acariciaban y besaban mientras llegaban al orgasmo juntos. Paula apoyó la cabeza en su hombro, saciada y contenta.
Debió quedarse dormida después porque, cuando abrió los ojos, Pedro estaba tumbado a su lado, con un posesivo brazo sobre su cintura. La miraba perezosamente, sus ojos verdes ardiendo de satisfecho deseo.
Ahora era el momento. Tenía que contárselo, nunca habría mejor ocasión. ¿Pero por qué la idea de preguntarle sobre su relación la llenaba de temor?
-Pau: Pedro…
-Pedro: Dime, cariño.
-Pau: Tengo que hablar contigo— Él se estiró, apartándose un poco para verla mejor.
-Pedro: ¿De qué queres que hablemos? —murmuró, alargando una mano para acariciarla.
-Pau: De nosotros.
El rostro de Pedro se convirtió en una máscara de indiferencia, tanto que la asustó. Incluso podía sentir que se apartaba de ella. Entonces sonó el intercomunicador y él alargó la mano para pulsar el botón.
-Peter: ¿Qué? —preguntó bruscamente.
—Soy Julieta. ¿Puedo subir?
Pau se puso tensa al oír la voz de la ayudante de Pedro. Era casi de noche, pero allí estaba, llamando al apartamento que, ella sabía muy bien, su jefe compartía con Pau.
-Pedro: Estoy ocupado en este momento, Julieta. Supongo que lo que sea puede esperar hasta mañana.
-Julieta: Lo siento, pero no puedo esperar. Necesito su firma en un contrato que debe llegar a su destino antes de la siete de la mañana.
-Pedro: Sube entonces— Se levantó de la cama y se acercó al armario para sacar un pantalón y una camisa.
-Pau: ¿Por qué viene por aquí tan a menudo?
-Pedro: Es mi ayudante, es su trabajo.
-Pau: ¿Venir a tu casa?— Pedro sacudió la cabeza mientras se abrochaba la camisa.
-Pedro: Volveré enseguida y luego podremos hablar.
Pau sentía la tentación de dejar la conversación para otro día, pero tenía que decirle que estaba embarazada y no podía contárselo hasta que supiera lo que sentía por ella. De modo que debía ser esa noche. Como estando desnuda se sentía en desventaja, se levantó de la cama para volver a ponerse los vaqueros y la camisa descartados en el suelo.
Poco después Pedro volvió a entrar en el dormitorio, pero parecía distraído.
-Pedro: Te prefiero desnuda, cariño.
-Pau: ¿Va todo bien?
-Pedro: No era nada, sólo una firma —sonrió, mientras empezaba a desabrochar su camisa de nuevo.
-Pau: Tenemos que hablar— El dejó escapar un suspiro de resignación mientras se sentaba en la cama.
-Pedro: ¿Qué tenes que contarme que es tan urgente?
-Pau: Quiero saber lo que sentis por mí… y qué pensas de nuestra relación —empezó a decir ella, nerviosa— Y si hay un futuro para nosotros— Él apretó los labios, en un gesto de contrariedad.
-Pedro: Ah, es eso —dijo, levantándose.
-Pau: Sólo necesito saber qué sentis por mí, si hay un futuro para nosotros. Tú nunca hablas de nuestra relación más que en presente— Pedro la tomó por la barbilla.
-Pedro: No tenemos una relación, Pau. Yo no tengo relaciones y vos lo sabes. Sos mi amante.
-Pau: ¡¿Tu amante?! —repitió ella, perpleja.
Hola espero que les guste el primer capitulo, disfrutenlo y si quieren que les pase la nove me avisan, voy a subir todos los dias siempre y cuando comenten :) @patty_lovepyp
Me encanta!!!! Quiero q me menciones cuando subas caps please!!!!
ResponderEliminarno dejes ahi!! subi mas!!!!! :(
ResponderEliminarbuenísimo,seguí subiendo!!!
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