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-Pedro: No me estás escuchando, cariño.
-Pau: Ah, perdona. Es que la vista desde aquí es tan bonita…
-Pedro: ¿Queres que volvamos a la isla? Espero que no estés cansada.
-Pau: No, estoy perfectamente —sonrió— Bueno, cuéntame algo sobre tu familia. No me has dicho nada sobre ellos.
-Pedro: ¿Qué quieres saber?
-Pau: No sé… todo, supongo. ¿Tus padres viven?
Pedro apartó la mirada.
-Pedro: Murieron hace unos años en un accidente de barco.
-Pau: Lo siento.
-Pedro: Fue hace tiempo, no te preocupes —dijo él, bruscamente.
Pau estaba a punto de cambiar de tema cuando sonó el móvil de Pedro que, suspirando, lo sacó del bolsillo y miró la pantalla.
-Pedro: Decime, Julieta
Pau apretó los labios. Aquella mujer debía tener un radar, pensó.
-Pedro: Llama a Fede para preguntar cómo van las cosas en el hotel de Río de Janeiro y llámame con lo que sea… no, no sé cuándo volveremos a Nueva York —Pedro la miró entonces y Pau tuvo la impresión de que estaban hablando de ella— No, por supuesto que no. Agradezco mucho tu diligencia, Julieta. Tú serás la primera en saber cuándo nos vamos de la isla.
Pau apartó la mirada, disgustada. Y cuando volvió a guardar el móvil en el bolsillo, Pedro parecía malhumorado.
-Pedro: Siento la interrupción. ¿De qué estábamos hablando?
-Pau: Háblame de los hoteles de la cadena Alfonso —dijo ella impulsivamente.
La expresión de Pedro se volvió sombría, formidable.
-Pedro: ¿Qué queres saber?
-Pau: No sé… el Imperial Park es uno de ellos, ¿no?
-Pedro: Sí, claro.
-Pau: ¿En qué otras ciudades tenes hoteles? Te he oído decir algo sobre Río de Janeiro.
Pedro parecía enfadado y Pau se preguntó por qué. ¿No quería hablar de trabajo con ella?
-Pedro: Tenemos hoteles en la mayoría de las ciudades importantes del mundo. Los más grandes están en Nueva York, Tokio, Londres y Madrid, pero tenemos muchos más en Europa y estamos trabajando en la construcción de uno en Río de Janeiro.
-Pau: ¿No tenes un hotel en París? Me gustaría que tuvieras uno allí… no sé por qué.
Pedro la miró con una expresión helada. Parecía furioso.
-Pedro: No, no tenemos un hotel en París.
Pau no entendía nada. No entendía su expresión cuando le preguntó por sus padres ni su ira cuando le preguntó por los hoteles… no sabía de qué tema hablar.
-Pau: Tal vez tengas razón, deberíamos volver a la isla —murmuró, dándose la vuelta. Pero el movimiento fue muy brusco y, de repente, se le doblaron las rodillas… y todo se volvió negro.
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Cuando Pau volvió en sí, lo primero que oyó fue a alguien muy enfadado hablando en italiano. Y, al mirar alrededor, se dio cuenta de que estaba en un hospital. Pedro estaba de espaldas, interrogando a un hombre con bata blanca.
-Pau: Pedro…
Él se dio la vuelta inmediatamente.
-Pedro: ¿Cómo estás? —le preguntó, apretando su mano.
-Pau: Bien, creo.
-Doctor: Bébase esto, señorita Chaves. Ha tenido una bajada de tensión y un poco de zumo le irá bien.
Pedro tomó el vaso con una mano y, con la otra, la ayudó a incorporarse en la camilla.
-Doctor: ¿Cuándo comió por última vez, señorita Chaves?
-Pau: La verdad es que apenas he tomado nada de desayuno.
-Pedro: Y tampoco cenaste mucho —le recordó— No deberíamos haber salido. Sabía que no habías comido nada…
-Pau: No es culpa tuya —sonrió— Debería haber comido algo antes de salir de casa.
-Pedro: Mi obligación es cuidar de ti y de mi princesa.
El médico se aclaró la garganta.
-Doctor: Sí, en fin, no ha pasado nada. Una buena comida y estará como nueva. Pero sugiero que permanezca tumbada durante el resto del día, para no arriesgarse.
-Pedro: Yo me encargaré de eso.
Pau suspiró, resignada.
-Pau: ¿Podemos irnos a casa?
-Pedro: Sí, sí, claro.
Durante el viaje hasta el helipuerto, Pedro iba acariciando su brazo y murmurando palabras en italiano que Pau no entendía pero le resultaban consoladoras.
-Pedro: Duerme un poco, bella —le dijo, una vez en el helicóptero.
Cuando las aspas del helicóptero empezaron a dar vueltas, Pau cerró los ojos y apoyó la cabeza en su hombro, pero no podía dormir. Cuando llegaron a la casa, Emi tenía hecha la comida y el doctor Torre estaba esperando para tomarle la tensión. Y sólo después de comprobar que todo estaba bien los dejaron solos.
-Pedro: No puedes saltarte las comidas —la regañó.
-Pau: No pensaba saltarme ninguna. Es que no me di cuenta.
-Pedro: Yo me encargaré de que no vuelva a pasar.
Pau levantó una ceja.
-Pau: Ah, ya veo que hemos vuelto a ser divertidos.
Pedro no se molestó en contestar, pero ella no pensaba dejar el tema.
-Pau: Antes, cuando estábamos en las ruinas, ¿por qué te has enfadado tanto?
-Pedro: Por nada. Sólo estaba pensando en el trabajo.
Pau sabía que no era verdad, pero decidió no seguir preguntando. Y, cuando terminó de comer, Pedro la llevó en brazos al dormitorio a pesar de sus protestas.
La dejó sobre la cama y, metódicamente, le quitó la ropa, dejándola con el sujetador y la braguita.
-Pau: Quédate conmigo —sugirió ella— Podríamos echarnos la siesta juntos.
Si la expresión de Pedro no fuese la de un hombre torturado se habría echado a reír. Pero, por fin, en silencio, se desnudó hasta quedar en calzoncillos.
-Pedro: ¿Queres un pijama? No creo que estés cómoda durmiendo con el sujetador puesto.
-Pau: Sí, bueno… el camisón que he dejado en el cuarto de baño.
Pedro volvió con el camisón y él mismo la ayudó a quitarse el sujetador. Pero Pau notó que le temblaban un poco las manos.
-Pedro: ¿Mejor?
-Pau: Sí, mucho mejor —contestó ella.
Se tumbaron juntos en la cama, Pedro detrás de ella, y Pau se movió un poco para encontrar una postura más cómoda. Al notar que rozaba su entrepierna con el trasero intentó apartarse…
-Pedro: No te muevas —dijo con voz ronca. En cuanto puso el brazo sobre su cintura, el sueño desapareció por completo. El acariciaba su pelo, murmurando palabras en italiano, y Pau suspiró, contenta. Estaba sorprendida por lo feliz que se sentía y sabía que la emoción con la que estaba lidiando era el amor.
Lo amaba.
Eso la sorprendió pero, ahora que lo había reconocido, se daba cuenta de que no lo había sabido cuando salió del hospital. ¿No debería haber sentido algo al verlo?, se preguntó.
Pedro Alfonso era un hombre complicado, desde luego. Complejo y reservado. Bueno, si había logrado tirar sus barreras una vez, estaba segura de que volvería a ser capaz de hacerlo.
De modo que cerró los ojos e intentó dormir, sintiendo el calor de Pedro a su espalda.
Hola los otros dos que prometi, disfrutenlo y comenten, paso a comentarles que hoy Jueves tengo que viajar no se si viene #VDL a Paraguay pero yo viajo igual por las dudas y nose si voya subir hasta el lunes, si puedo lo hago y si no nos leemos el lunes :) @patty_lovepyp
ayyyyyy hasta el lunes noooo por favor!!!!
ResponderEliminarBueno pasalo hermoso!
ojala nos sorprendas subiendo un dia de estos ;)
Gracias!!!
me encantaron subi mas
ResponderEliminarbuenísimo,seguí subiendo!!!
ResponderEliminarmuuuuuy buena nove!!!! quiero leer mas... te nos vas hasta el lunes? uuuuuyyyy, abstinencia de capitulos por 3 dias... que tortura :)
ResponderEliminarPasalo lindo y si el lunes subis tipo 4 capitulos, te juro que te vamos a amar :)
Atrapante es la palabra, cada vez mas atrapante........ pobre Pau... y ¿cuando Pedro abrira los ojos que ella no es la espia que el cree?.... que intriga, segui subiendo capitulos tan pronto puedas... gracias por escribir ;)
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