viernes, 19 de julio de 2013

Capitulo 18- Siempre a tu lado

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Pedro colgó el teléfono y se apoyó en el respaldo del sillón, mirando al techo. Tenía que volver a Nueva York.

Fede había llamado para darle la noticia un minuto antes y él la recibió con un disgusto que le resultaba nuevo. Además, había tenido que contar

a sus hermanos que faltaba otro plano y estaban comprensiblemente furiosos. Con Pau ¿Cómo reaccionarían al saber que iba a casarse con ella?

Pedro se debatía entre llevar a Pau con él o dejarla en la isla, lejos de la oportunidad de recordar algo. Lejos de la animosidad de sus hermanos.

Si hacía eso sería un egoísta, pero sabía que cuando recuperase la memoria, y los médicos le habían dicho que sería así tarde o temprano, todo

cambiaría entre ellos de forma irrevocable. Debería estar furioso con ella y mantener las distancias, pero Pau había logrado romper esa distancia

durante aquellos días en la isla. Aunque lo avergonzaba admitirlo, le daba igual que le hubiese mentido, que le hubiese robado. Quería que las

cosas siguieran como hasta aquel momento y, si Pau recordaba, se verían obligados a enfrentarse con el pasado.

Y la perdería.

Eso lo molestaba mucho más de lo que era sensato, pensó. Pero Pau estaba embarazada de su hija y ésa debería ser razón suficiente para no

querer que las cosas se enfriasen entre ellos.

Aquellos días con Pau en la isla lo habían devuelto a un pasado agradable, antes de la noche en la que descubrió la verdad. En realidad, nunca

había apreciado lo suficiente su relación con ella, pero ahora sabía cuánto le gustaba tenerla a su lado. Pau era divertida, alegre, dulce, cariñosa.

Todo lo que deseaba para la madre de su hijo.

Pero lo había traicionado. Siempre tenía que volver a eso, por mucho que intentase olvidar.

-Pau: ¿Pedro?
Él levanto la cabeza al oír su voz en la puerta del estudio.
-Pedro: ¿Qué queres, hermosa?
-Pau: ¿Te encontras bien? —le preguntó, acercándose al escritorio.
-Pedro: Sí, claro. Ven aquí —tomó su mano para sentarla en sus rodillas— Tengo que volver a Nueva York.
-Pau: ¿Cuándo?
-Pedro: Por la mañana. Un dignatario extranjero con el que estamos negociando para un proyecto en Brasil va a acudir a una recepción en el

Imperial Park. Pablo y Vico podrían encargarse de todo, pero quiere verme personalmente. Así que me temo que debo ir.

Pau parecía tan decepcionada que, incluso sin saber si debía llevarla o no, Pedro se encontró diciendo:
-Pedro: Podrías venir conmigo.
-Pau: ¿En serio? —los ojos marrones se iluminaron.
-Pedro: Claro que sí. Así podríamos anunciar nuestros planes de boda… incluso podríamos casarnos en Nueva York.
-Pau: Eso me gustaría mucho.
-Pedro: Le diré al doctor Torre que puede volver a Italia. Creo que ya no lo necesitamos.
-Pau: ¿Y Emi? No es que no me caiga bien, pero el doctor Mariano y ella se han llevado de maravilla… a lo mejor le gustaría conocer Italia.
-Pedro: Muy bien, extenderé la oferta.
-Pau: Entonces sí, iré contigo —le echó los brazos al cuello para besarlo… pero antes de que las cosas se calentasen demasiado se levantó de un

salto— ¡Tengo que hacer la maleta!
-: Espera, tienes mucho tiempo.
Aun así, Pau salió corriendo del estudio y Pedro se quedó mirando la puerta mucho después de que hubiera desaparecido. Debería sentirse

aliviado porque pronto iba a casarse y Pau estaría atada a él, pero no podía librarse de aquel extraño desasosiego…
El jet aterrizó en Nueva York por la tarde y una limusina estaba esperándolos en la pista, como de costumbre. Un hombre alto y de aspecto

formidable esperaba frente al coche y, cuando se acercaban, Pau vio que tenía gran parecido con Pedro.

-Pedro: Nan, no esperaba verte aquí. Qué sorpresa.
-Nan: ¿No puedo venir a recibir a mi hermano?
Pedro tomó a Pau por la cintura.
-Pedro: Te presento a Pau. Pau, éste es mi hermano Nan.
-Pau: Encantada —sonrió ella.

Hernan Alfonso no le devolvió la sonrisa; al contrario, la miraba con gesto adusto, casi enfadado. Y, por instinto, Pau se apoyo en Pedro. Cuando

Nan bajó la mirada y vio el anillo de compromiso en su dedo miró a su hermano como esperando una explicación.
-Pedro: ¿Te importaría mostrarte mínimamente civilizado? —le pidió a su hermano en voz baja.
-Nan: Encantado de conocerte —dijo por fin, aunque su lenguaje corporal decía todo lo contrario.
Pau miró a Pedro cuando su hermano se alejó para subir a otro coche aparcado a cierta distancia.
-Pau: ¿Por qué se porta así conmigo? ¿Qué le he hecho?
-Pedro:  Nada, no le has hecho nada. Siento que mi hermano haya sido tan grosero, pero no volverá a pasar.
-Pau: ¿Pero por qué ha sido grosero conmigo? —insistió ella— ¿Nos hemos visto alguna vez? Bueno, supongo que nos habremos visto, ¿no? ¿He

hecho algo que lo ofendiera en el pasado?
Pedro le hizo un gesto para que entrase en el coche.
-Pedro: No se conocían. Y no te preocupes, vos no has hecho nada. Es que Nan es así…

En ese momento sonó su móvil y Pedro se apresuró a contestar, como deseando terminar con aquella conversación. Pero Pau apretó los labios,

molesta. Allí ocurría algo muy extraño. ¿Por qué el hermano de su prometido se mostraba tan antipático con ella? ¿Y por qué no se conocían?

No era normal que no conociese a la familia de su prometido, el padre de su hijo.

Dejándose caer sobre el asiento de la limusina, Pau suspiró, frustrada. Estaba decidida a encontrar respuestas a todas esas preguntas y, con un

poco de suerte, apartar la roca que parecía clavada en su cerebro y le impedía recordar. Tenía que haber alguna manera de liberar sus

recuerdos y si la había estaba dispuesta a encontrarla. Preferiblemente, antes de casarse con Pedro. Sin embargo, había más sorpresas cuando

llegaron al ático. Julieta, naturalmente. ¿Estaría condenada a ver a esa mujer cada vez que entrase en su casa?

Julieta sonrió, aunque a Pau no le pasó desapercibido que la sonrisa era sólo para Pedro. Pero se quedó a su lado mientras la ayudante recitaba

una serie de reuniones, llamadas urgentes y contratos que requerían su atención. Esta vez no se marcharía, no le daría otra victoria.

¿Por qué le caía mal a la ayudante de su prometido?, se preguntó. ¿Por qué parecía caerle mal a todo el mundo?

Por fin, Julieeta se despidió y Pau dejó escapar un suspiro de alivio. Pero las puertas del ascensor se abrieron de nuevo y otro hombre, también

de gran parecido con Peter, entró en el ático. Pau estuvo a punto de preguntarle a Pedro cuánta gente tenía acceso a su casa, pero se mordió la

lengua.
-Pedro: Esto parece un hotel —bromeó él, como si hubiera leído sus pensamientos.

Mientras la desaprobación de Nan había sido más o menos sutil, no había nada sutil en el gesto brusco del hombre al que Pedro presentó como

su hermano Fede.
-Fede: ¿Puedo hablar contigo un momento… a solas?
-Pau: No se preocupen por mí —dijo mientras se dirigía al dormitorio— Yo tengo cosas que hacer.

Mientras cerraba la puerta oyó la voz de Pedro, enfadado, y vaciló un momento, preguntándose si debería escuchar la conversación… pero

decidió no hacerlo. Suspirando, se volvió para mirar la habitación en la que Pedro la había instalado cuando salió del hospital.

Sin saber qué hacer, se quitó los zapatos y se tumbó en la cama. El viaje no había sido agotador precisamente, pero le apetecía tumbarse un

rato. Empezaba a dolerle la cabeza por la tensión y sólo quería cerrar los ojos durante unos minutos. Tal vez cuando despertase, con un poco de

suerte, no habría más visitas en el apartamento.

Hola aqui los capitulos prometidos :) gracias por los comentarios y espero que lo sigan haciendo, nos leemos mañana @patty_lovepyp

3 comentarios:

  1. buenísimo,seguí subiendo!!!

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  2. me encanta esta nove, esta buenisima... parece que cada vez esta mas cerca de enterarse de la verdad pero ahora realmente tengo la duda de quien es la o el verdadero espia.... yo creo es la asistente...
    espero ansiosa mas capitulos mañana!!!!!!!

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