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Unos minutos después, la psicóloga salía de la habitación y cerraba la puerta.
—Le he inyectado un sedante porque está muy nerviosa. Necesita descansar sobre todo. Su realidad es muy dolorosa, así que prefiere esconderse, es natural. Ese mismo instinto de supervivencia es lo que provocó la amnesia. Ahora que la falta de recuerdos ya no puede protegerla, está intentando lidiar con esto como puede —la mujer lo miró y en sus ojos Pedro pudo ver muchas preguntas— Llámeme si me necesita otra vez. Vendré enseguida.
-Pedro: Gracias —dijo él.
Cuando se marchó, Pedro se dejó caer en el sofá.
-Nan: Oí algo —murmuró su hermano.
-Pedro: Ella no robó nada… y yo nunca recibí una petición de rescate. Pau cree… cree que la dejé a merced de esos canallas, que no me importaba lo suficiente como para pagar ese dinero…
Nan puso una mano en su hombro.
-Nan: Tenemos que investigar lo que ha pasado.
Pedro asintió con la cabeza.
-Pedro: Julieta
-Nan: ¿Qué?
-Pedro: Julieta estuvo en el apartamento esa noche. Ella debió meter los papeles en el bolso de Pau.
Entonces se le ocurrió otra cosa, algo que lo puso enfermo. Cualquier demanda de rescate hubiera pasado por su oficina ya que nadie tenía el teléfono del ático… y la única persona que podía haberlas interceptado era Julieta.
-Pedro: Quédate aquí con Pau —dijo, levantándose— Por favor, encárgate de que no vaya a ningún sitio. Voy a llamar a un médico para que venga a examinarla.
-Nan: ¿Dónde vas?
-Pedro: Voy a averiguar si estoy en lo cierto sobre lo que pasó.
-Nan: Pedro, espera —dijo— Deberías llamar a la policía. Aunque la hicieras confesar, no serviría de nada, sólo lo sabrías tú.
Pedro apretó los puños, frustrado, pero sabía que su hermano tenía razón. Él quería que se hiciera justicia y ésa era la única manera de conseguirlo.
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Pedro paseaba por su oficina mientras esperaba la llegada de Julieta. No quería estar allí, quería estar con Pau… aunque ella no permitía que se acercase siquiera. Cuando despertaba se mostraba distante, remota, como si no pudiera concentrarse en nada. Estaba allí, pero no estaba allí. Era como si hubiera ido a un sitio donde ya nada podía hacerle daño. Cerrando los ojos, Pedro intentó concentrarse en la tarea que lo esperaba. Cuando oyó entrar a Julieta en el despacho se puso tenso, pero hizo un esfuerzo para sonreír, para actuar como si no pasara nada, como si no la odiase a muerte.
-Julieta: ¿Quería verme, señor Alfonso?
-Pedro: Sí, sí —murmuró él, sonriente— Yo siempre quiero verte, Julieta.
-Julieta: Ah, gracias —sonrió su ayudante
-Pedro: Supongo que sabrás lo que pasó anoche y… en fin, estuve pensando… a veces los hombres no nos enteramos de nada, ¿verdad?
-Julieta: No sé a qué se refiere.
-Pedro: ¿Por qué no me habías dicho que me querías, Julieta? En lugar de estar contigo he mantenido una relación que no me interesaba… aunque agradezco tus esfuerzos para librarme de Pau. Siento no haberme dado cuenta antes, claro.
Una fría sonrisa iluminó el rostro de su ayudante. Era extraño, pero Pedro no se había dado cuenta hasta aquel momento de que no era una mujer bella sino todo lo contrario.
-Julieta: ¿Cómo lo hiciste?
Y entonces escuchó, horrorizado, cómo Julieta le contaba lo que había hecho para que Pau pareciese culpable de los robos. El secuestro no había tenido nada que ver con ella, pero cuando recibió las demandas de rescate en la oficina lo vio como una oportunidad de librarse de Paula Chaves para siempre. Tan ansiosa estaba por demostrarle su devoción que no se dio cuenta de que estaba admitiendo haber vendido ella misma los planos a la competencia.
-Pedro: De modo que tú robaste los planos y se los vendiste a la competencia —dijo con voz helada.
Julieta se puso pálida al darse cuenta de lo que había confesado.
-Julieta: No, yo…
-Pedro: Entonces hiciste parecer culpable a Pau, pensando no sólo en el dinero que recibirías por los planos sino que con que Pau fuera de mi vida, tú podrías ocupar su sitio.
-Julieta: Yo no he dicho eso…
-Pedro: Y cuando llegaron las demandas de rescate, tú las destruiste sin decirme nada. ¿Qué esperabas, Julieta, que la matasen?
Lo único que Pedro podía ver era a Pau sola, asustada. Embarazada de su hija. Pensando no sólo que la odiaba sino que la había abandonado a su suerte. Le daban ganas de llorar.
Julieta pareció recuperar la compostura entonces y lo miró con desdén.
-Julieta: Nunca podrás demostrarlo.
-Pedro: No tengo que hacerlo —dijo él, pulsando el botón del intercomunicador— Pueden pasar, detective.
Su ayudante estuvo a punto de desmayarse cuando tres policías entraron en el despacho.
-Julieta: ¡No puedes hacerme esto! —gritó— Yo te quiero, Pedro. Habría hecho cualquier cosa por ti.
Él sacudió la cabeza, sin mirarla siquiera mientras los policías se la llevaban. No tenía la menor intención de escucharla, solo quería volver con Pau.
Y llego el momento tan esperado, la pelotuda de Julieta ya no va a fastidiar mas? tres capitulos y se termina @patty_lovepyp que tengan un lindo dia. Comenten plis :)
Hermoso cap!!!!! Espero los caps siguientes si fuera posible ya jaja. Me encantó!!!
ResponderEliminarme encanto el cap!! por fin julieta fuera de la vida de pau y pepe, que lastima que la nove se termine tan rapido!!
ResponderEliminarpor finnnnnn! desde el ppio supe que era Julieta.
ResponderEliminarAhora hay que ver como hace Pedro para que Pau lo perdone.
Muy bueno! gracias!!! ya quiero seguir leyendooooooo ;)
Siiiiiiii... la arpia era la asistente... y con ese nombre no pude evitar el atarla a la imagen del gato que bailo con el verdadero Pedro en 2011, que se hacia la mosquita muerta y trataba de meterse entre PyP!!
ResponderEliminar¿Solo 3 para terminar? uuuuuyyyy Pedro la va a tener que remar en gelatina por haber sido tan tarado.... Espero el proximo capitulo!!!!!
por fin esa arpia , se le cayo el teatrito , espero que pau lo perdone, segui subiendo mas
ResponderEliminarbuenísimo!!! me encanto!!!
ResponderEliminarbuenísimo!! por fin la verdad!!
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